El «efecto de inmersión» y la escenografía

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NOTA: Esta pregunta se formuló en la prueba EvAU de Lengua castellana y literatura II de junio de 2016 con el enunciado: "El “efecto de inmersión” en La Fundación, de Antonio Buero Vallejo".

En contexto: vida y obra de Antonio Buero Vallejo

Autógrafo del escritor

Antonio Buero Vallejo nació en Guadalajara, en septiembre de 1916. Desde muy pequeño se interesó y aficionó por la lectura y el arte en general.

Su juventud quedó duramente marcada por la Guerra Civil. Pertenecía al Partido Comunista y esto le llevó a ser perseguido por el régimen y a pasar un largo periodo en la cárcel. Sus vivencias y experiencias durante su estancia allí, le hicieron reflexionar plasmando alguna de ellas en su obra, especialmente en La Fundación (1974).

Cuando terminó la dictadura, se le reconocieron sus méritos nombrándole miembro de la Real Academia Española (1971) y otorgándole importantes premios.

Falleció en el año 2000, siendo recordado debido a la importancia de sus obras y su teatro.

  • Sobre La Fundación (1974)

La Fundación fue escrita en el año 1974, convirtiéndose en una de las obras de Buero Vallejo que más éxito y más crítica ha tenido a lo largo del tiempo debido al dramatismo y a las novedosas técnicas en ella utilizadas.

Para esquivar la censura franquista que existía entonces, tuvo que ajustar y modificar de algún modo el mensaje que quería transmitir, dándole un carácter más simbólico y general, renunciando a la identificación con un "hic et nunc" (un "aquí y ahora") concreto.

La Fundación se presenta como una fábula que plantea al espectador el eterno problema entre la realidad y la ficción. La realidad de unos y de otros y la ficción producida por el rechazo del mundo exterior, por la imaginación, por el trastorno mental y por la alucinación.

El enfrentamiento entre realidad y ficción y la progresiva reducción de esta última es el argumento principal de la obra.

El efecto de inmersión en La Fundación (1974), de Antonio Buero Vallejo

El efecto de inmersión es un procedimiento teatral con el que el autor hace ver al público (o al lector) la realidad a través de la mirada de un personaje. Usando diferentes recursos, el propio espectador va evolucionando y descubriendo la verdad al ritmo que marca un personaje concreto con el que se identifica.

Centrándonos en La Fundación, Buero hace que los espectadores vivan junto a Tomás (protagonista de la obra y representación de la locura) la vuelta de un mundo idílico, presente al comienzo de la obra, a la realidad de la cárcel de modo lento y gradual.

Desde la confortable institución en la que el público se ha instalado al principio de la obra, de la mano de Tomás, se camina -paso a paso, pero de manera inevitable- hasta el desvelamiento total de la realidad: la habitación donde viven los cinco protagonistas no es tal, sino una celda; y ellos no son becarios de estudio, sino presos políticos condenados a muerte por un régimen represor y dictatorial.

Aparece entonces un sentido de crisis en el concepto de lo real, puesto que el público duda de si lo verdaderamente real es el concepto que tiene Tomás sobre La Fundación o es el concepto del resto de personajes que viven con él. Hasta que, finalmente, queda aclarado el sentido último del drama.

El espectador, más objetivo que Tomás, puede ir intuyendo a partir de acciones de los demás personajes (Tulio, Max, Lino y Asel) algunas de las cosas que le ocultan al protagonista.

Con el efecto de inmersión, el público no sabe más que el personaje, sino tanto como él. Va descubriendo la verdad al mismo tiempo que el protagonista. Con ello se consigue, por un lado, crear una intriga que interesa al espectador y le hace estar atento hasta el final de la representación. Y por otro, se mueve la conciencia del público, se le hace "despertarse", como le ocurre a Tomás. El público toma partido, se compromete y se estremece con la situación real política de su país, se da cuenta de la realidad de un régimen como el franquista, represor y totalitario. Y todo ello lo hace Buero de una manera simbólica, para evitar la intervención de la censura, que sin duda habría intervenido impidiendo la representación de la obra de haber sido su crítica política más explícita y literal.

Buero Vallejo concibió el "efecto de inmersión" como una técnica personal, propia, en réplica al famoso "efecto de distanciamiento", preconizado por uno de los grandes renovadores del teatro occidental, el alemán Bertolt Brecht. Según quería Brecht, solo podemos analizar críticamente nuestros problemas de alienación, explotación, sometimiento, etc., en la sociedad capitalista en que vivimos, si nos distanciamos de ellos y los miramos de manera desapasionada, fría, desde lejos. Buero demuestra que existe otra manera de conmover al público y de hacerle entender la realidad de la condiciones socioeconómicas en que vive: la identificación con el prójimo, con el que sufre.

El efecto de inmersión es, sin duda, una de sus grandes aportaciones a la dramaturgia contemporánea.

La escenografía de La Fundación (1974)

Una escena de La Fundación, con su original escenografía

La escenografía tiene gran relevancia en La Fundación, ya que los continuos cambios de esta hacen que la visión idílica de Tomás (una Fundación con grandes comodidades, en la que sus habitantes, becarios de investigación, desarrollan un importante trabajo, con objetos como libros de arte, televisión, variedad de bebidas y personajes que los auxilian como los camareros) se transforme en la realidad de la cárcel (una celda de espacio reducido, con petates, puertas metálicas, ropa penitenciaria… que representa la muerte, la violencia, la delación, la tortura…).

De repente, todo debe transformarse ante los ojos de Tomás, y también del espectador: los becarios son presos políticos condenados a muerte, los camareros son los guardianes de la prisión, las ventanas están enrejadas, las ropas de los protagonistas son monos carcelarios, los objetos de lujo desaparecen convertidos en utensilios modestos para la vida diaria...

Aparece un juego de mutaciones transformando el escenario de manera sutil y continua. Y hay distintos recursos que sirven para crear la atmósfera deseada.

  • La música es uno de ellos. Al principio y al final de la obra, suena la pastoral de la obertura de Guillermo Tell, una obra de Rossini. Se crea así una dimensión de circularidad (la obra se abre y se cierra de igual modo).
  • El vestuario es también otro elemento que requiere un diseño especial, pues el espectador no puede ver en escena desde el comienzo de la representación unos trajes carcelarios, sino a unos hombres vestidos todos iguales, de una manera extravagante, casi futurista. Hasta que Tomás recupere su cordura y entonces, todos a la vez, bajo el peculiar "efecto de inmersión" creado por el autor, nos demos cuenta de la verdadera dimensión de las ropas de los personajes.
  • Ocurre lo mismo con los objetos y el propio espacio escénico. No podemos sospechar que se trata de una cárcel hasta que llegue el momento oportuno, así que el director de escena debe hacer un trabajo imaginativo para que la escenografía sea plurisignificativa y no revele antes de hora la verdad de la historia.
  • Por supuesto los gestos, las expresiones y la interpretación de cada uno de los actores según el personaje que representen es clave a la hora de asumir la realidad de la cárcel de un modo dramático y torturador.

El teatro de Buero Vallejo ha tenido gran importancia, debido a la renovación de recursos escenográficos que han permitido vivificar la obra teatral y representar la época en la que esta se ubica de forma adecuada y con una dura crítica social. Dentro de esos recursos destacan, como ya hemos visto, el efecto de inmersión, pero desde luego no se queda atrás el uso de elementos escenográficos renovadores que permiten que el espectador se adentre en la historia que el autor desea contar de una manera totalmente original.

Bibliografía, webgrafía

Trabajos de los alumnos

Edición, revisión, corrección

  • Primera redacción (enero 2018): María Pellicer y Leyre Peláez
  • Revisiones, correcciones: Letraherido.