La literatura cristiana: San Agustín de Hipona (354-430) y San Anselmo de Canterbury (1033-1109)

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San Agustín de Hipona (354-430)

San Agustín nació el 13 de noviembre de 354, en Tagaste, en la actual Souk Ahras, Argelia.

San Agustín de Hipona fue el máximo pensador del cristianismo y dedicó gran parte de su vida a escribir sobre filosofía y teología, siendo Confesiones y La ciudad de Dios sus obras más destacadas.

Su padre era un pequeño propietario pagano y su madre, la futura santa Mónica, fue puesta por la iglesia como ejemplo de mujer cristiana, de piedad y bondad probadas, madre abnegada y preocupada siempre por el bienestar de su familia, a pesar de cualquier circunstancia. Ella fue la que enseñó a su hijo los principios básicos de la religión cristiana.

En Tagaste, Agustín comenzó sus estudios básicos. Posteriormente, su padre lo envió a Madaura a realizar estudios de gramática.

Agustín se destacó en el estudio de las letras, mostró un gran interés hacia la literatura y, a los diecinueve años, la lectura de Hortensius, de Cicerón, despertó en la mente de Agustín el espíritu de especulación y así se dedicó de lleno al estudio de la filosofía.

En su búsqueda incansable de respuesta al problema de la verdad, Agustín pasó de una escuela filosófica a otra sin que encontrara en ninguna una verdadera respuesta a sus inquietudes.

Agustín murió en Hipona, el 28 de agosto de 430, durante el sitio al que los vándalos de Genserico sometieron la ciudad, durante la invasión de la provincia romana de África.

Su cuerpo, en fecha incierta, fue trasladado a Cerdeña y, hacia el 725, a Pavía, a la basílica de San Pietro in Ciel d'Oro, donde reposa hoy.

San Anselmo de Canterbury (1033-1109)

San Anselmo de Canterbury fue un monje benedictino que fungió como arzobispo de Canterbury durante el periodo 1093-1109. Destacó como teólogo y filósofo escolástico y fue nombrado Doctor de la Iglesia en 1720.

Como teólogo, fue un gran defensor de la Inmaculada Concepción de María y como filósofo se le recuerda, además de por su célebre argumento ontológico, por ser padre de la escolástica. Nace en Aosta, ciudad de la Longobardia en 1033, heredero de un linaje noble del Piamonte.

Era hijo de Gondulfo, noble longobardo, y Ermenberga, pariente de Otón I de Saboya (un padre pródigo y disipado y una madre profundamente religiosa). El hecho de que desde muy pequeño mostrara inquietudes religiosas se debería en gran parte al trato continuo con su madre, quien le habría acercado a sus valores y prácticas religiosas.

Anselmo deseaba el ingreso al monacato benedictino desde los quince años, época en la que se le describe como piadoso y estudioso. A esta idílica etapa de su vida, sucede una juventud disipada que lo conduce a un conflicto con su padre, lo cual provoca el abandono de su hogar.

Anselmo, además de filósofo y teólogo, muestra dotes de político apologeta.

Anselmo inaugura en filosofía lo que se llamará la escolástica, que fue la corriente teológico-filosófica dominante del pensamiento medieval y se basó en la coordinación entre fe y razón.

El argumento ontológico que lo hizo famoso se resume en que Dios es el Ser Más Perfecto en la mente, es decir, no se puede pensar en algo más perfecto que Dios; lo que se traduce en que, entonces, Dios es necesariamente es el ser más perfecto en la realidad. Si Dios no fuera el Ser Más Perfecto en la realidad, entonces otro ser sería superior en la mente y, posteriormente, también en la realidad; y eso no puede ser posible. Luego, es evidente que Dios existe y que es el ser más grande y más perfecto que puede ser concebido tanto en la mente como en la realidad.

Una de sus preocupaciones principales fue la comprensión racional de aquello que la fe le proponía. Como Santo Tomás de Aquino, quería unir filosofía y teología y por eso en sus dos obras principales, el Monologio (1076) y el Proslogio (1078), intenta demostrar la existencia de Dios.

Bibliografía, webgrafía

  • CALERO HERAS, José, "Tema 4. Literatura medieval", en Literatura universal. Bachillerato. Barcelona, Octaedro, 2009, pp. 54-76.
  • IBORRA, Enric, "Tema 3. Literatura medieval", en Literatura universal. Bachillerato. Alzira, Algar, 2016, pp. 54-84.

Edición, revisión, corrección

  • Primera redacción (febrero 2018): Sandra Heredia
  • Revisiones, correcciones: Letraherido.