''El caballero de Olmedo'' (1620). Texto 7 y cuestiones relacionadas

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El caballero de Olmedo. Texto 7. Edición de Ignacio Arellano

Tello.— […] Cubrió de luto su casa
   y su patria, cuyo entierro
   será el del fénix, señor,
   después de muerto viviendo
   en las lenguas de la fama,
   a quien conocen respeto
   la mundanza de los hombres
   y los olvidos del tiempo.
Rey.— ¡Extraño caso!
Inés.— ¡Ay de mí!
Pedro.— Guarda lágrimas y extremos,
   Inés, para nuestra casa.
Inés.— Lo que de burlas te dije,
   señor, de veras te ruego.
   Y a vos, generoso rey,
   destos viles caballeros
   os pido justicia.
Rey.— Dime,
   pues pudiste conocerlos
   ¿quién son esos traidores?
   ¿Dónde están? Que ¡vive el cielo
   de no me partir de aquí
   hasta que los deje presos!
Tello.— Presentes están, señor:
   don Rodrigo es el primero,
   y don Fernando el segundo.

Pregunta 1. Sitúe el momento de la acción a la que pertenece el fragmento

Este fragmento se ubica al final del acto tercero, unos versos antes de terminar la obra. Solo queda que el Rey dicte justicia, ordenando detener y ajusticiar a los acusados, los viles asesinos del caballero, a los que acaba de acusar Tello: don Rodrigo y don Fernando: "Cortad sus infames cuellos", dirá el monarca. El Rey actúa impelido por el relato de Tello, el donaire o gracioso, criado del caballero, y por la petición de doña Inés:

   "Y a vos, generoso rey,
destos viles caballeros
os pido justicia."

Como en otras obras de Lope, como Fuenteovejuna o Peribáñez y el comendador de Ocaña, el Rey aparece como verdadero "deus ex macchina" solucionando en un periquete el problema surgido y restableciendo el orden social: del caos (desorden) al cosmos (orden reestablecido).

Federico García Lorca criticó que se añadiera esta escena final (la impartición de justicia por parte del Rey) a la tragedia, pues para él le quitaba valor poético. El poeta granadino hubiera preferido que la obra acabara con la muerte del protagonista:

     "Las tres escenas [últimas] son una concesión de Lope al público y con ellas la obra pierde grandeza. Pero ya es sabido en tiempos de Lope el público reclamaba el castigo de los
culpables. "¡Que los maten!", gritaba, "¡Que los maten!". Los autores, entonces, los tenían que matar, y así, por culpa del "¡Que los maten!" se malograron muchas obras teatrales
de aquella época".

Justamente antes de este fragmento, acaba de ocurrir en escena el asesinato de don Alonso, cuando iba caballero montado en su jaca, por el camino de vuelta a casa de Medina para Olmedo. El caballero oye una voz (o un coro, según algunas ediciones) premonitoria de lo que va a ocurrir, pero él no hace caso de los malos augurios:

"CORO.- Sombras le avisaron
que no saliese,
y le aconsejaron
que no se fuese
el caballero,
la gala de Medina,
la flor de Olmedo."

Se cumplen así los funestos presagios, el destino trágico o fatum, como en la tragedia griega o como ocurre en una obra maestra del siglo XX de género lírico, el Romancero gitano, de García Lorca.

Tello, en su relato ante el Rey, augura que el caballero será como el Ave Fénix, es decir, que renacerá de sus cenizas después de morir viviendo eternamente en la "vida de la fama", de acuerdo a un ideal que está en vigor al menos desde la época prerrenacentista (siglo XV), como podemos leer en las "Coplas a la muerte de su padre", de Jorge Manrique, donde se califica a esa "vida de la fama" como una vida tercera, situada entre la terrenal y la ultraterrena.

La leyenda del caballero de Olmedo preexistía antes de la obra lopesca y el genio del Fénix la devuelve re-contada (re-representada) y todavía tornada más universal.

Pregunta 2. Indique la función de Tello y del Rey en El caballero de Olmedo

  • Tello, criado de don Alonso Manrique, regidor de Olmedo y caballero de Santiago, tiene un papel que no puede faltar en el teatro lopesco: el de donaire o gracioso. Como tal, es el personaje en el que debe radicar mayor "vis comica". El criado ayuda fielmente a su señor, teje los enredos con maestría para facilitar el encuentro de los amantes y, aquí, tiene también el papel de recoger y asistir a su señor en sus últimos minutos de vida, ser testigo de su cristiano fin encomendando su alma a Dios. También tiene en esta ocasión la tarea de acudir al Rey, contando el relato del fin de su amo, pidiendo justicia y delatando ante la suprema autoridad a los asesinos, don Rodrigo y don Fernando, para que paguen por sus indignas acciones.
  • En cuanto al Rey, en las obras de Lope suele aparecer alguna vez como un guiño a su público, al que debía entusiasmarle tal aparición en escena. Su función es siempre la de impartir justicia, como juez supremo e inapelable. El Rey reestablece el orden social previamente desequilibrado, castiga a los culpables e impone una paz que se fundamentará en la permanencia de los valores establecidos. Es justo en su actuación y, como la Justicia, ciego en la ejecución de su sentencia. En las obras de Lope, los nobles que abusan de su poder son castigados por el Monarca, sin que les sirvan sus privilegios de clase. El Rey es presentado así como un gran padre que acoge a todos, nobles y plebeyos, en un sentido protector. Según la teoría política dominante en Europa en los siglos XVI y XVII, formulada entre otros por el jurisconsulto francés Pierre Belloy (1540-1625), la monarquía absoluta es un régimen divino y el rey lo es por designio de Dios, de manera que el rey es un vicario del Altísimo: desobedecerle a él equivale a desobedecer a Dios.

Desde el punto de vista dramático, como ya hemos dicho, funciona como un "deus ex macchina", un mecanismo de resolución, puesto que desenreda la madeja tejida en el enredo y dicta sentencia.

El teatro lopesco es, claramente, un teatro de afirmación nacional, no de confrontación o crítica social. Cada una de sus obras sirve para reafirmar los valores contrarreformistas e imperiales de la católica España.

  • Una cuestión que queremos destacar, por último, es que en el fragmento, además del Rey y de Tello, aparecen también o son aludidos otros personajes:

- don Rodrigo y don Fernando, los asesinos;

- don Pedro, el padre de Inés, que primero se oponía a la boda de su hija con el caballero, pero que finalmente había accedido a la misma sin saber que don Alonso ya había sido muerto;

- y doña Inés, que reclama la justicia del Rey y mueve a este a dictar sentencia; su papel no es así meramente pasivo, sino que, en toda la obra, da muestras de actividad, pues no acepta ciegamente el empeño de su padre en casarla con don Rodrigo, se rebela contra ello y sabe buscar su suerte al lado de su amado don Alonso. Además, cuando conoce su muerte alevosa, mueve la actuación del Rey reclamando justicia.

Bibliografía y webgrafía

  • Corral de comedias, documento gráfico en la web del Departamento de Lengua del IES Avempace.
  • Lope de Vega, El caballero de Olmedo. Ed.: Joseph Pérez. Madrid, Clásicos Castalia, 1983.
  • Lope de Vega, El caballero de Olmedo. Ed.: Felipe B. Pedraza. Barcelona, Vicens Vives, 1996. Col. Clásicos Hispánicos.

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Edición, revisión, corrección

  • Primera redacción (septiembre 2019): Letraherido.
  • Revisiones, correcciones: Letraherido.