''La Celestina'' (1499), de Fernando de Rojas

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La Celestina es una de las obras maestras de la literatura española y uno de nuestros personajes más universales. Fue publicada en Burgos, al filo del siglo XV, justo en el año de 1499. Consta de 21 actos y es muy extensa. Fue escrita por el judío converso Fernando de Rojas, aunque se considera normalmente que el acto I es obra de otro autor y que Rojas continuó este fragmento que encontró en su propio y magistral estilo.

Tragicomedia de Calisto y Melibea, edición de Valencia, 1534

Fernando de Rojas (1470-1541), un genio universal

Fernando de Rojas, autor de La Celestina

Fernando de Rojas (1470-1541) fue un escritor español que nació en La Puebla de Montalbán, al que se le atribuyó una única obra, La Celestina.

De su infancia y adolescencia no se conocen muchas noticias. Se cree que hay partes de su vida contadas en el "Auto XXII" de La Celestina, cuando Sempronio y Pármeno aluden a la iglesia de San Miguel a "Mollejas el hortelano" y a los frailes de Guadalupe.

Se deduce que estudió Derecho en la universidad de Salamanca, debido a los textos preliminares que dejó en su obra: el prólogo titulado "El autor a un su amigo". En la obra se identifica como "jurista", dice que "vio en Salamanca la obra presente" y que la "acabó en vacaciones".

Acabó sus estudios a los 24 años y finalizó su obra (La Celestina) con unos 22-23 años, llamada en aquel entonces Comedia de Calisto y Melibea.

En 1512, se casó con Leonor Álvarez de Montalbán, hija de Álvaro de Montalbán.

Desde 1509 hasta su muerte, perteneció a la Cofradía de la Concepción de la Madre de Dios.

Murió en 1541 , sobre el 5 de abril, ya que el día 3 dejó un testamento donde decía sentirse: "enfermo de cuerpo" y "sano de memoria".

Se ha especulado mucho sobre si Fernando de Rojas fue o no un judío converso, dada la carga crítica de su obra principal, La Celestina, con un claro discurso antinobiliario y de reivindicación de las clases bajas frente a los poderosos.

En el prólogo de la obra dice el autor que "Todas las cosas provienen de la lucha" y también incluyó en él unos célebres versos acrósticos, donde leyendo en vertical la primera letra de cada verso dice: "El bachiller Fernando de Rojas acabó la comedia de Calisto y Melibea y fue nascido en la Puebla de Montalbán". Los reproducimos aquí:

   El autor, excusándose de su yerro en esta obra que escribió, contra sí arguye y compara
   El silencio escuda y suele encubrir		
la falta de ingenio y torpeza de lenguas;		
blasón que es contrario, publica sus menguas		
a quien mucho habla sin mucho sentir,		
como hormiga que deja de ir		
holgando por tierra, con la provisión,		
jactose con alas de su perdición;		
lleváronla en alto, no sabe dónde ir.		
   Prosigue
   El aire gozando ajeno y extraño,		
rapiña es ya hecha de aves que vuelan,		
fuertes más que ella, por cebo la llevan;		
en las nuevas alas estaba su daño.		
Razón es que aplique a mi pluma este engaño,		
no despreciando a los que me arguyen,		
así, que a mí mismo mis alas destruyen,		
nublosas y flacas, nacidas de hogaño.		
   Prosigue
   Donde ésta gozar pensaba volando,		
o yo de escribir cobrar más honor,		
del uno y del otro nació disfavor:		
ella es comida y a mí están cortando;		
reproches, revistas y tachas callando		
obstara, y los daños de envidia y murmuros;		
insisto remando, y los puertos seguros		
atrás quedan todos ya cuanto más ando.		
   Prosigue
   Si bien queréis ver mi limpio motivo,		
a cuál se endereza de aquestos extremos,		
con cuál participa, quién rige sus remos,		
Apolo, Diana o Cupido altivo,		
buscad bien el fin de aquesto que escribo,		
o del principio leed su argumento:		
leedlo, veréis que, aunque dulce cuento,		
amantes, que os muestra salir de cautivo.		
   Comparación
   Como el doliente que píldora amarga		
o la recela, o no puede tragar,		
métela dentro del dulce manjar;		
engáñase el gusto, la salud se alarga.		
   De esta manera mi pluma se embarga,		
imponiendo dichos lascivos, rientes,		
atrae los oídos de penadas gentes,		
de grado escarmientan y arrojan su carga.		
   Vuelve a su propósito
   Estando cercado de dudas y antojos,		
compuse tal fin que el principio desata;		
acordé dorar con oro de lata		
lo más fino tíbar que vi con mis ojos		
y encima de rosas sembrar mil abrojos.		
Suplico, pues, suplan discretos mi falta.		
Teman groseros y en obra tan alta		
o vean y callen, o no den enojos.		
   Prosigue dando razones por que se movió a acabar esta obra
   Yo vi en Salamanca la obra presente;		
movime a acabarla por estas razones:		
es la primera, que estoy en vacaciones,		
la otra, inventarla persona prudente,		
y es la final ver ya la más gente		
vuelta y mezclada en vicios de amor.		
Estos amantes les pondrán temor		
a fiar de alcahueta ni falso sirviente.		
   Y así que esta obra en el proceder		
fue tanto breve cuanto muy sutil,		
vi que portaba sentencias dos mil,		
en horro de gracias, labor de placer.		
No hizo Dédalo cierto a mi ver		
alguna más prima entretalladura,		
si fin diera en esta su propia escritura		
Cota o Mena con su gran saber.		
   Jamás yo no vi en lengua romana,		
después que me acuerdo, ni nadie la vio,		
obra de estilo tan alto y subido		
en tusca ni griega ni en castellana.		
No trae sentencia de donde no mana		
loable a su autor y eterna memoria,		
al cual Jesucristo reciba en su gloria		
por su Pasión santa, que a todos nos sana.		
   Amonesta a los que aman que sirvan a Dios y dejen las vanas cogitaciones y vicios de amor
   Vos, los que amáis, tomad este ejemplo,		
este fino arnés con que os defendáis;		
volved ya las riendas por que no os perdáis,		
load siempre a Dios visitando su templo.		
Andad sobre aviso; no seáis de ejemplo		
de muertos y vivos y propios culpados.		
Estando en el mundo yacéis sepultados,		
muy gran dolor siento cuando esto contemplo.		
   Fin
   Oh damas, matronas, mancebos, casados,		
notad bien la vida que aquestos hicieron,		
tened por espejo su fin cual hubieron,		
a otro que amores dad vuestros cuidados.		
Limpiad ya los ojos, los ciegos errados,		
virtudes sembrando con casto vivir,		
a todo correr debéis de huir,		
no os lance Cupido sus tiros dorados.

La cuestión del género literario de La Celestina (1499)

Incluir a La Celestina en uno u otro género literario es un tema que ha creado un una gran controversia que llega hasta la actualidad. Ello es a causa de que hay varios puntos de vista para decidir sobre esta cuestión.

Algunos estudiosos dicen que se trata de una novela dialogada (se caracteriza por la escasa intervención de un narrador y porque principalmente la acción se desarrolla con los diálogos), ya que es que es una obra muy extensa que tiene un ritmo lento y ocurre en múltiples lugares, características que no serían muy aptas para poder representar la obra en un teatro. Niegan así su carácter dramático o teatral.

Otros críticos denominan a esta obra como comedia humanística, el cual es un subgénero dramático de origen italiano. Este género se caracteriza por:

  • una trama sencilla desarrollada en prosa,
  • su realismo en la pintura de ambientes,
  • el tratamiento del tema del amor prohibido con la intervención de terceros (la alcahueta o "tercera"),
  • la exhibición erudita de saberes clásicos,
  • el uso de un lenguaje culto y artificioso.

En la actualidad, pocos autores niegan que La Celestina tenga una naturaleza esencialmente teatral. Que sea claro que no está pensada para la representación en un teatro es algo secundario, lo importante son sus diálogos, propios del drama. La comedia humanística es un subgénero dramático pensado para una lectura dramatizada, posiblemente colectiva y en voz alta.

La acción de La Celestina (1499)

La Celestina es una obra constituida por XXI actos. La acción se estructura en un prólogo y dos partes. La primera parte alcanza hasta el acto XIV y la segunda finaliza con el último acto, el XXI.

En el prólogo, la acción comienza de una manera casi accidental, cuando los protagonistas, Calisto y Melibea, tienen un encuentro fruto de la casualidad. Calisto estaba persiguiendo un halcón, casi sin fijarse de por dónde andaba. De repente, se da cuenta de que está en el huerto de una joven, Melibea, de la cual se enamora al momento de verla, deslumbrado por su belleza. El joven comienza a declararle su amor, pero la muchacha, que lo ve con malas intenciones, lo rechaza drásticamente. Tras esta escena, concluye el prólogo y empieza la primera parte.

Primera parte

Tras el prólogo, comienza el nudo o desarrollo de la historia.

Uno de los criados de Calisto, Sempronio, le recomienda que, para solucionar su mal de amores, busque la ayuda de Celestina, famosa por componer amores, ya que tenía amplios conocimientos del corazón humano. Ella y los criados de Calisto acuerden repartirse el dinero que esperan obtener del atolondrado muchacho.

Celestina comienza su labor de persuasión con la joven Melibea. Su único objetivo es conseguir que ame a Calisto, pero la alcahueta se encontrará con varios obstáculos, como la resistencia de la muchacha y de uno de los criados de Calisto, Pármeno, quien, antes de decidirse a colaborar con Celestina, aún tenía cargos de conciencia.

Melibea reprimía su pasión y su deseo amoroso, que chocaban con una serie de normas sociales que le habían sido inculcadas. Pero Celestina hace con sus manejos que olvide todas las normas del decoro y que ame a Calisto con frenesí. La joven acaba doblegándose ante la vieja y entregándose a la pasión.

Por otro lado, Pármeno, inicialmente fiel a su señor, lucha en su interior contra la codicia y la lujuria; pero al final se derrumba y cede también ante los requerimientos de Celestina, que es verdaderamente quien gobierna en los dos mundos, el de los criados y el de los señores.

La codicia es el sentimiento principal que se muestra en la obra. Y es ese feo vicio el que lleva a la vieja alcahueta a la muerte, pues Celestina, cegada por la avaricia, se niega a compartir la riqueza obtenida de Calisto con Pármeno y Sempronio. Los criados la asesinan sin piedad y, poco después, capturados por la justicia, son ajusticiados.

Mientras todo esto ocurre, Calisto y Melibea se entregan desenfrenadamente a su pasión, ajenos a todo cuanto pasa a su alrededor.

Segunda parte

En la segunda parte (actos XIV a XXI), tiene lugar el desenlace. Comienza con las quejas de las prostitutas Elicia y Areúsa, empleadas de Celestina y amantes de Pármeno y Sempronio. Ellas traman venganza contra Melibea, a quien culpan de la muerte de sus tres amigos. Averiguan el lugar y la hora del encuentro entre Calisto y Melibea y encomiendan al matón Centurio el asesinato de Melibea. Centurio envía a unos compinches al lugar para armar jaleo. Sus hombres encuentran a los criados de Calisto y comienza la riña. El joven, que yace plácidamente en la alcoba de su amada, oye los ruidos y decide acudir en auxilio de sus criados. Pero al bajar por la escala por la que ha subido a la torre de Melibea, tropieza, cae al vacío, se golpea la cabeza y muere. Melibea, traumatizada por la trágica muerte de su amado, se suicida arrojándose al vacío.

La obra termina con el llanto de Pleberio, padre de Melibea, lamentándose por las locuras que el Amor nos lleva a cometer.

Los personajes de La Celestina (1499)

Celestina

La Celestina, vista por Piccasso

Celestina es la auténtica protagonista de la obra. Es una mujer que siempre ha sido pobre y, para lograr sobrevivir, se ha convertido en una persona interesada, que busca siempre beneficio económico, calcula todos sus movimientos y deja de lado la moral. Su antecedente literario es la vieja Trotaconventos del Libro de Buen Amor. Constituye una de la más robustas creaciones de la literatura universal. Intermediaria en los amores de Calisto y Melibea, se ha erigido en prototipo de la alcahueta o tercera, la mediadora o casamentera. Es una mujer dominada por la pasión de la codicia, lo que finalmente la lleva a la muerte a manos de Pármeno y Sempronio.

La hechicera Celestina usa la religión para sus propios intereses y sus oraciones son sacrílegas. Celestina cree que la gente adinerada es egoísta y que los ricos solo se preocupan por ellos mismos, explotando a sus criados. Celestina realmente siente un gran rencor por los señores. Es una mujer tremendamente perversa, busca garantizarse una vejez segura y disfruta dominando a los hombres como si fueran marionetas.



Sosia y Tristán

Sosia y Tristán

Son sirvientes valientes y leales a Calisto. Tristán es un paje un joven astuto, le tiene mucho cariño a Calisto y es fiel a su señor; de hecho, llora mucho la muerte de su amo. Sosia es un joven bondadoso, está enamorado de Areúsa.





Alisa

Alisa y Pleberio

Es la madre de Melibea. Ella y Pleberio, su marido, están dedicados a cuidar y proteger a su hija Melibea. Alisa es una gran señora, orgullosa y altiva, pero insensata. También una mujer adinerada y soberbia, que cree que no existe un joven a la altura de su hija. Alisa quiere decidir con quién se casará su hija Melibea.







Lucrecia

Lucrecia

Es leal a Melibea, su criada, al punto de ayudarla a encontrarse con Calisto durante las noches. Sentía un gran odio por Calisto, pero la verdad es que estaba enamorada del joven. Lucrecia siente gran envidia por Melibea y es por eso por lo que Celestina encuentra fácil sobornarla.



Calisto

Se trata de uno de los personajes protagonistas de la obra. Un joven burgués dominado por la pasión amorosa, pues se dice que está loco de amor por Melibea. Es un personaje egoísta, que lo único en lo que se preocupa es en su enamoramiento, sin importarle lo que pueda suceder a su alrededor. Además, se le define como un personaje inseguro y amoral, ya que no duda en saltarse varias normas sociales y morales si estas se oponen a la satisfacción de sus deseos

Melibea

Es otra protagonista de la obra. Se trata de una joven de la alta sociedad, amada de Calisto. A su vez, es un personaje un poco más complejo y atractivo que el de su enamorado. Al principio de la historia, se muestra inocente y pura, y rechaza las insinuaciones de Calisto. Sin embargo, más tarde su amor vence a su moral y se arriesga entregándose a su amado. Cae completamente en las redes de Celestina, pues es la hechicera la que consigue que cambie de opinión respecto de Calisto.

Sempronio

Es uno de los pajes, o sirvientes, de Calisto. Este personaje es movido por el interés y la lujuria. Es falso, desleal, cobarde y violento. De esta manera, está vinculado a Calisto únicamente por relaciones económicas, y no afectivas, por lo que se aprovecha del enamoramiento de su señor para contactar con la Celestina y tramar un plan que beneficie a ambos.

Pármeno

Se trata de otro de los criados de Calisto e hijo de una antigua compañera de la Celestina en las tareas prostibularias. Este personaje experimenta una profunda evolución a lo largo de la novela. Al principio, se muestra extremadamente fiel a su señor, controlando la conducta de Calisto y previniéndole de lo que Celestina se llevaba entre manos. Sin embargo, más tarde, dolido por la ingratitud que su señor y también por causa de la presión que Celestina ejerce sobre él, utilizando a una de sus prostitutas, Areúsa, se une a la trama, convirtiéndose en otro Sempronio que solo piensa en su interés.

Elicia y Areúsa

Son prostitutas, trabajan para Celestina y tienen relaciones con Pármeno y Sempronio. Cuando sus amigos pierden la vida, traman venganza, pues ellas son las recurren a los servicios del matón Centurio, para que asesine a Melibea. Sin ellas, la acción no avanzaría hacia su (trágico) desenlace.

Además, tienen un gran resentimiento de clase, como se advierte cuando se burlan de la belleza cosmética de la joven, a la que acusan de realzar su hermosura con afeites artificiales. Ellas ofrecen el contrapunto de la retórica descripción que de Melibea había hecho anteriormente su enamorado Calisto, para quien su dama es un dechado de perfecciones. Elicia y Areúsa oponen su canon bufo, de origen popular, al canon culto, retórico, inspirado en el amor cortés y la lírica petrarquista, que representa la descripción de Calisto.

Pleberio

Es el padre de Melibea. Un hombre que siempre está demasiado ocupado, pero al que le mueve el amor por su hija. Es la imagen de un padre tierno y cariñoso, aunque a veces demasiado confiado en ella, por lo que al final de la historia se arrepiente de lo sucedido y se queja del poder del Amor, que sobre todas las cosas pasa.

Los temas de La Celestina (1499)

Los temas que aparecen de forma clara en esta obra están supeditados a un continuo pesimismo, ya que los personajes son esclavos de sus pasiones.

El amor

Es el tema central de la obra y se muestra como una pasión irrefrenable que provoca el desequilibrio emocional de los personajes y los arrastra al desorden moral. Por último, se encargará de destruirlos literalmente, engendrando el caos, la desdicha, la perdición y la muerte.

La pretensión de esta visión tétrica del amor es prevenir a los jóvenes contra ese desenfrenado y loco amor. De ahí que uno de los temas relacionados con este sea también el de la lujuria. Pero con La Celestina cabe plantearse lo mismo que con el Libro de Buen Amor, del arcipreste de Hita: ¿son de verdad obras moralizantes o, en verdad, lo que hacen es exaltar el amor pasional?, ¿exaltan el orden moral o promueven el desorden? Al ser obras maestras, llenas de complejidades, plurisignificativas, caben las interpretaciones en uno y otro sentido.

La codicia

Se presenta como otra pasión que enloquece a los criados Pármeno y Sempronio haciendo que incumplan su palabra, y ofusca a la Celestina. La codicia es la encargada de que estos tres personajes mueran, víctimas de su mezquindad y avaricia por la riqueza.

La astucia

Arte destacado de la Celestina que se debe principalmente al manejo del lenguaje en todos sus registros. Esta astucia se verá anulada por la codicia, que acabará por dar muerte a la protagonista. Celestina es un mujer experimentada, vivida, y sabe dominar a los que la rodean. Sin embargo, la codicia hace que pierda el control de la situación y que, finalmente, sea asesinada por los criados de Calisto.

El reverso de la astucia sería la ingenuidad de los dos jóvenes protagonistas, Calisto y Melibea. Pero tampoco esta es presentada como una virtud, ya que los dos enamorados quieren desentenderse de todo y de todos y vivir solamente para su pasión de una manera egoísta y amoral. En realidad, es su estupidez, su falta de astucia, así como su egoísmo, lo que los lleva a un final trágico y lo que permite que personas más experimentadas, como Pármeno y Sempronio o Celestina, los manipulen en su propio favor.

La lucha de clases

Este tema aparece de manera subyacente en la obra, haciendo una crítica contra el estamento noble que se aprovecha de su poder y riqueza para ningunear a sus sirvientes. En consecuencia, los criados se rebelan y burlan de sus señores. El sentimiento de lucha por los derechos de aquellos de menor poder adquisitivo, propio del siglo XIX, ya aparece anticipadamente en esta obra del siglo XV. La Celestina, como en el siglo siguiente el Lazarillo, son obras de un claro discurso antinobiliario, de protesta contra lo establecido, de reflejo de lo real. El realismo crítico es una de las características más persistentes de toda nuestra literatura patria.

La fortuna

En la obra se entiende como un azar ciego muy poderoso que no depende de los mortales, sino que es una fuerza autónoma a la que se le atribuye la responsabilidad de las tragedias humanas. Esta es una típica visión medieval de la Fortuna como rueda que gira eternamente, mudando en un movimiento perpetuo todas las cosas.

La magia

Este tema aparece con una clara función dramática, que es la de despertar en Melibea el fuego amoroso hacia Calisto. De esta acción se encarga Celestina, a la que se le confiere el poder de hechicera y bruja por su labia elocuente y seductora.

El inexorable paso del tiempo

Los personajes de esta obra son plenamente conscientes de lo irreversible del tiempo, lo que los empuja a vivir con goce frenético el momento presente, aludiendo al famoso “Carpe diem” propio del Renacimiento. El sentimiento de que este es efímero se refleja en la obsesiva precisión con que es medido: las continuas menciones a las horas y a los relojes.

La muerte

A diferencia de la visión pesimista y trascendental que nos ofrece Jorge Manrique en las “Coplas a la muerte de su padre”, aquí se muestra como un simple dejar de existir y un estímulo para vivir y aprovechar el momento con más intensidad.

Esta obsesión por vivir impacientemente siempre es interrumpida por la muerte menos en el caso de Melibea, quien decide suicidarse como acto último de voluntad.

Este tema es uno de los más importantes, puesto que lleva a los personajes de la obra a actuar de una determinada manera y da sentido al apelativo de tragicomedia, al darles muerte a la mayoría de estos al final.

El espacio y el tiempo en La Celestina (1499)

La libertad con que Rojas trata el tiempo y el espacio es uno de los rasgos más llamativos de La Celestina.

El espacio en La Celestina

Destaca la multiplicidad y simultaneidad de espacios. La trama se desarrolla en múltiples lugares:

  • E. interiores (las casas de Calisto, Celestina, Pleberio...) y
  • E. exteriores (las calles, las plazas y arrabales de la ciudad, el jardín de Melibea...).

El tiempo en La Celestina

Para representar situaciones que coexisten en el tiempo, Rojas crea espacios simultáneos recurriendo al procedimiento de conceder la palabra, de forma alternativa, a distintos grupos de personajes.

El autor maneja dos tiempos:

  • T. explícito: es corto, la acción progresa de forma continua, sin interrupciones.
  • T. implícito: es más largo, transcurren los acontecimientos no representados en la escena.

El lenguaje de La Celestina (1499) y las formas de expresión

El lenguaje en la La Celestina (1499)

Esta obra se sitúa entre una vieja concepción medieval y una nueva visión renacentista.

Por un lado, la obra se centra el propósito moralizador de la muerte de amantes y criados como castigo divino por una vida desordenada.

Por otro lado, los aspectos que tiene la nueva actitud renacentista son la sensualidad y la búsqueda del placer, el individualismo y el paganismo (conjunto de religiones de estas personas).

En La Celestina aparecen utilizados los dos estilos vigentes en la literatura española del siglo XV:

  • Estilo elegante o culto: Se utiliza un lenguaje muy influido por la prosa latina, utilizando el hipérbaton y latinismos léxicos y sintácticos. A esto, se le añadirán citas cultas y referencias a fuentes literarias latinas.
  • Estilo popular o coloquial: Se manifiesta en la vivacidad del diálogo, el empleo de expresiones callejeras y la presencia del humor. Esto lo podemos ver en la cantidad de refranes que aparecen en la obra.

Los personajes utilizan uno u otro estilo según su clase social y según la situación comunicativa. Por ejemplo, Celestina, que se mueve entre las dos clases sociales que aparecen en la obra, la alta y la baja, se expresa con más o menos cuidado según esté hablando con los señores (expresión retórica, elaborada) o con sus iguales (dichos, modismos, palabras gruesas...)

Las formas de expresión en La Celestina (1499)

Las formas de expresión son muy amplias en La Celestina. Podríamos destacar aspectos relativos a: los diálogos, los monólogos, los apartes y las acotaciones.

1. En cuanto al primer aspecto, el diálogo, en la obra pueden encontrarse tres formas esenciales de diálogo:

  • Diálogo oratorio, que se caracteriza por el estilo elegante, los periodos largos y el ritmo vivo o lento dependiendo de la intención y actitud de los personajes.
  • Diálogo discursivo, en el que a los largos parlamentos que tiene un personaje, el otro personaje contesta con frases breves o réplicas cortas.
  • Diálogo dramático, funcional o conversacional, que es el más utilizado en la obra, conformado por parlamentos de poca extensión y con un lenguaje coloquial.

2. Los monólogos son extensos y sirven para que un personaje desahogue sus sentimientos o exprese lo que siente. No hay que olvidar que la obra se cierra con el parlamento desesperado de Pleberio, el padre de Melibea, por cuanto ha sucedido en la escena.

3. El aparte es un convención teatral que sirve para que un personaje haga un comentario que se supone que no es percibido por su interlocutor, pero sí por el público. En La Celestina, gracias a los apartes queda en evidencia la astucia de la alcahueta, pero también su deslealtad, así como la de los criados, ya que los personajes dicen una cosa a los señores -lo que aquellos quieren oír-, pero en los apartes dejan claro que sus intenciones son perversas.

4. Las acotaciones son indicaciones del autor para explicar las circunstancias de la acción: lugar, tiempo, movimientos, gestos, trajes de los personajes... En La Celestina no tienen autonomía, se intercalan en los diálogos, son acotaciones implícitas. Solo hay una acotación explícita, y es al principio de la obra, en el acto I, cuando Rojas nos explica que Calisto entra en el huerto de Melibea persiguiendo un halcón.

La Celestina (1499), obra de transición: de la Edad Media al Renacimiento

La Celestina es una obra que refleja muy bien el cambio de mentalidad que supuso el Renacimiento. En la obra es muy evidente la crisis del sistema de valores propio del feudalismo.

En primer lugar, se percibe claramente la lucha de clases entre los de abajo y los de arriba. La nobleza comienza a ser desplazada por la alta burguesía y el linaje deja de ser lo que determina el prestigio social en favor del dinero. Las relaciones entre criados y señores ya no se basan en la fidelidad o la lealtad, sino que son meros vínculos estrictamente económicos: "Tú me pagas, yo te sirvo". Las clases bajas sienten odio y resentimiento hacia sus amos de la clase favorecida. La codicia y el arribismo (el querer subir de clase social) son motores de muchas acciones individuales.

Por otro lado, se va estableciendo un nuevo código moral que se basa en el individualismo, el afán de libertad, el pragmatismo, la búsqueda del provecho propio, el afán de lucro... La sociedad medieval, estamental,muy estática, cede su paso al primer capitalismo del mundo occidental, con un esquema que es mucho más dinámico, pero que estimula también la insolidaridad y el egoísmo.

Todo ello queda magníficamente retratado en La Celestina, auténtica obra maestra de la literatura universal.

Bibliografía, webgrafía

  • Alonso, Santos y otros: Lengua castellana y literatura. 1º Bachillerato. Barcelona, Casals, 2016, tema 9 "El Prerrenacimiento", pp. 176-199.

Preguntas de la Wikimpace relacionadas con el tema

Trabajos de los alumnos

Siglo XV

La Celestina

Edición, revisión, corrección

  • Primera redacción (enero 2019): Ezequiel Comandú y Javier Sopena; BaConEme; Roberto Gómez y Andrei Sava.
  • Revisiones, correcciones: Letraherido.