''Edipo rey''. Texto 6 y cuestiones relacionadas

De Wikimpace
Revisión de 21:37 28 dic 2020 por Letraherido (Discusión | contribuciones) (Página creada con « Sófocles, Edipo, rey (trad. de Assela Alamillo): (Se abren las puertas del palacio y aparece Edipo con la cara ensangrentada, andando a tientas.) CORO.— ¡Oh sufrimient...»)

(dif) ← Revisión anterior | Revisión actual (dif) | Revisión siguiente → (dif)
Saltar a: navegación, buscar

Sófocles, Edipo, rey (trad. de Assela Alamillo): (Se abren las puertas del palacio y aparece Edipo con la cara ensangrentada, andando a tientas.) CORO.— ¡Oh sufrimiento terrible de contemplar para los hombres! ¡Oh, el más espantoso de todos cuantos yo he encontrado! ¿Qué locura te ha acometido, oh infeliz? ¿Qué deidad es la que ha saltado, con salto mayor que los más largos, sobre su desgraciado destino? ¡Ay, ay, desdichado! Pero ni contemplarte puedo, a pesar de que quisiera hacerte muchas preguntas, enterarme de muchas cosas y observarte mucho tiempo. ¡Tal horror me inspiras! Edipo.— ¡Ah, ah, desgraciado de mí! ¿A qué tierra seré arrastrado, infeliz? ¿Adónde se me irá volando, en un arrebato, mi voz? ¡Ay, destino! ¿Adónde te has marchado? CORIFEO.— A un desastre terrible que ni puede escucharse ni contemplarse. Edipo.— ¡Oh nube de mi oscuridad, que me aíslas, sobrevenida de indecible manera, inflexible e irremediable! ¡Ay, ay de mí de nuevo! ¡Cómo me penetran, al mismo tiempo, los pinchazos de estos aguijones y el recuerdo de mis males! CORIFEO.— No tiene nada de extraño que en estos sufrimientos te lamentes y soportes males dobles. Edipo.— ¡Oh, amigo!, tú eres aún mi fiel servidor, pues todavía te encargas de cuidarme en mi ceguera. ¡Uy, uy! No me pasas inadvertido, sino que, aunque estoy en tinieblas, reconozco, sin embargo, tu voz. CORIFEO.— ¡Ah, tú que has cometido acciones horribles! ¿Cómo te atreviste a extinguir así tu vista?, ¿qué dios te impulsó? Edipo.— Apolo era, Apolo, amigos, quien cumplió en mí estos tremendos, sí, tremendos, infortunios míos. Pero nadie los hirió con su mano sino yo, desventurado. Pues ¿qué me quedaba por ver a mí, a quien, aunque viera, nada me sería agradable de contemplar? CORO.— Eso es exactamente como dices.