La figura del padre en ''El vino de la soledad'', de Irène Némirovsky

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Revisión de 20:35 26 mar 2016 por Letraherido (Discusión | contribuciones) (Bibliografía, webgrafía)

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Criterios de corrección

En la pregunta sobre la figura del padre en El vino de la soledad se le pide al alumno que escriba sobre Boris Karol, su caracterización física y moral (pasión por el juego), sus relaciones familiares: con su esposa (dominado por ella, tolerancia absoluta a sus aventuras amorosas, sufraga sus cuantiosos gastos) y con su hija. Esta última es una compleja relación alternativamente cercana y lejana, mediatizada por los caprichos y la desidia de su esposa para con Elena y por su pasión hacia el juego que le aleja cada vez más de su familia; pero es una relación, pese a todo, nuclear para Elena, habida cuenta el desvío emocional de su madre, nunca cercana y sólo ocupada de sí misma; el vínculo familiar para Elena es el endeble vínculo que mantiene con su padre, lo que es un indicio de la endeblez e inestabilidad de los vínculos familiares; la primera vez que Karol abandona a su hija es al final de la parte primera, en una sala aledaña al salón de juego, pero el abandono definitivo tiene lugar con su muerte al final de la novela, que supone un elemento primordial en la conquista de la libertad para Elena.

La figura del padre en El vino de la soledad, de Irène Némirovsky

Obra de Irene Némirovsky

Publicada en 1935, pero escrita probablemente antes, El vino de la soledad es un estudio de las relaciones madre-hija en que Némirovsky dibuja libremente la historia de su propia vida. Elena Karol es una talentosa y precoz adolescente. Su madre, Bella, es una mujer hermosa, pero depravada. Antagónica a su hija, Bella hace todo lo que puede para socavarla y humillarla (una repetición de El baile). Para vengarse, Elena se dispone a quitarle el actual amante a su madre. Al hacerlo así, ella se adentra en un territorio moral más y más oscuro. Preocupada por su transformación, lo rechaza.

El libro es, sobre todo, una denuncia de una madre que arroja a su hija al papel de rival sexual, lo que la priva de su infancia y la precipita demasiado pronto en un mundo de pasiones adultas.

Némirovsky regresa a los asuntos autobiográficos con esta novela, novela de aprendizaje (bildungsroman) a la manera del Wilhelm Meister, de Goethe, en la que reencuentra el ardor de El baile y de David Golder, sin la distancia irónica. Novela de la realización personal, de la exorcización de sus demonios personales, es también la novela de la madurez literaria.

El padre de Elena, Boris Karol, es un especulador de guerra que vende armamento obsoleto para el gobierno ruso. Es el prototipo de judío de origen vulgar y proletario, que va prosperando a base de trabajo hasta alcanzar su meta: ganar mucho dinero para jugárselo en el primer casino que le sale al paso. Se muestra como un pelele, adicto al juego que permite que su mujer le ponga los cuernos simplemente para que permanezca a su lado y por mantener las apariencias.

En realidad, toda la familia Karol responde al prototipo de los matrimonios mixtos: un padre judío avaro, astuto, jugador, cornudo; una madre frívola no judía, adúltera, bella, casada por el interés; una hija malcriada, caprichosa, pero abandonada por sus progenitores, incapaces de atender sus necesidades afectivas... Todo ello mezclado además con un pasado oriental y una vida nómada, como en el mito del judío errante (eternamente condenado a vagar por no haber auxiliado a Jesús en su camino hacia el Calvario). La visión familiar ha parecido a algunos lectores tan estereotipada que se ha hablado, con evidente exageración, del antisemitismo de Irène Némirovsky, de su condición de judía renegada o asimilacionista.

En El vino de la soledad es evidente que, a diferencia de la madre, el padre, Boris, quiere con locura a su hija Elena, pero no hace mucho caso a los requerimientos de esta; por ejemplo, cuando va al casino con ella y le deja en la antesala olvidándose de que está ahí por la pasión de las apuestas.

Boris Karol y Bella Safronov se habían casado por interés (matrimonio mixto), él para integrarse en la buena sociedad y ella, por su fortuna; aunque lo despreciaba profundamente, a Bella no le quedó más remedio que aceptar al judío Boris, dado que su padre, el viejo Safronov, se había arruinado por su mala cabeza con inversiones ruinosas y gastos de crápula. Es Boris el que mantiene a toda la familia, incluido el viejo aristócrata que vive con ellos. Boris se entrega al juego porque ya no tiene esperanza de reconstruir su hogar (no está a gusto allí); sin embargo, no juega para ganar dinero sino por el juego en sí mismo.

Boris se muere, bien mediada la novela, de un infarto y representa el último vínculo que ataba a Elena a sus orígenes (a su pasado familiar lleno de soledad y dolor). Tras la muerte de él, es evidente que el camino de ruptura de la niña-mujer, Elena Karol, con su odiada madre-madrastra, Bella, no tiene vuelta atrás.

Boris Karol se relaciona en la vida real con el padre de la autora, Irène Némirovsky, que era un banquero que no quería a su mujer y se dedicó al juego, aunque amaba profundamente a su mimada hija única.

Los toboganes y vaivenes de Boris Karol son un magnífico ejemplo de las convulsiones políticas y económicas que retratan el principio de siglo, que aquí parecen magníficamente reflejadas bajo el prisma de una familia judía (siempre nómada) que son tan "desafortunados" que "sólo" tienen dinero. El padre de Elena cambia de trabajo y comienza una época de gran enriquecimiento para él al hacerse financiero, pero también de alejamiento de su familia. Boris Karol deja solas durante largas temporadas a su mujer, que disfruta libremente de la compañía de su primo y amante (Max Sofronov, mucho más joven que ella), y a su hija, que sufre amargamente por la falta de cariño y comprensión de su madre y por el abandono de su padre.

La figura del hombre de negocios tiene a veces tintes trágicos, pues no es verdaderamente amado por sus familiares, sino simplemente soportado en tanto que proveedor de los recursos necesarios para llevar una vida de lujo y despilfarro. Así ocurre con Boris Karol, igual que con David Golder, personaje protagonista de la novela con la que Némirovsky se dio a conocer en Francia.

El hombre dominado por el afán de dinero y riquezas, cuyo logro acaba siendo su razón de ser, aparece también en El maestro de almas. Esos personajes masculinos son también jugadores, capaces de ganar y perder rápidamente grandes sumas de dinero. Hombres ricos sujetos a reveses de fortuna no solo a causa de su afición al juego, sino por la repercusión de las circunstancias políticas y económicas de su época, que siempre aparecen entrevistas, dibujadas por la autora en rápidos apuntes perfectamente claros que sitúan al lector en el contexto.

La familia Karol es también el nuevo modelo de familia burguesa, donde las relaciones no son siempre fáciles, donde el odio puede sustituir al amor y cada miembro hace las cosas por su cuenta, donde el adulterio triunfa sobre la fidelidad. De manera que, al hacer una crónica doméstica, Némirovsky nos ofrece al mismo tiempo mucho más:

  • una disección de la vida burguesa en Francia,
  • una fuerte crítica social contra la hipocresía y el capitalismo financiero e, incluso,
  • un relato autobiográfico que convierte a la novela en exorcismo contra sus propios fantasmas.

Bibliografía, webgrafía

  • Irène Némirovsky-1, PPoint de Roberto Álvarez. 2º Bachillerato B. Curso 2014-2015. Documento en la web del IES Avempace.
  • Irène Némirovsky-2, PPoint de Carmen Estaún. 2º Bachillerato B. Curso 2014-2015. Documento en la web del IES Avempace.
  • Irène Némirovsky-3, PPoint de Sara Bes. 2º Bachillerato A. Curso 2014-2015. Documento en la web del IES Avempace.

Edición, revisión, corrección

  • Primera redacción (marzo 2015): AnaM
  • Revisiones, correcciones: Letraherido.