Diferencia entre revisiones de «Mitología clásica grecorromana»

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(Homoerotismo en el mundo antiguo: Aquiles y Patroclo, Alejandro y Hefestión)
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'''Cibeles''' ''(en griego antiguo Κυβέλη Kybélê)'' era en origen una diosa frigia. Los griegos hicieron de ella una madre de los dioses, la madre de Zeus y de otros dioses importantes. Su culto derivaba probable­mente de la antigua adoración de las grandes madres o diosas de la fertilidad, al igual que el de Deméter, la diosa de la agricultura.
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Se asocia a Cibeles principalmente con la fertilidad. También encarna la naturaleza salvaje, simbolizada por los leones que la acompañan. Se le atribuyó la curación de enfermedades y la protección de su pueblo durante la guerra.
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Según el mito frigio, '''Zeus''' había depositado su semilla en la tierra en cierta ocasión mientras dormía en el monte Dídimo, en '''Frigia''', en lo que hoy día es el centro de Turquía. De ahí nació una criatura hermafrodita que fue castrada por los dio­ses. Así fue la creación de la diosa '''Cibeles'''. De sus genitales creció un almendro cuyo fruto se depositó en el vientre de la ninfa Nana, que quedó embarazada y tuvo un hijo al que abandonó después de dar a luz. El joven, '''Atis''', fue criado por una cabra y se convirtió en un joven muy hermoso. Cibeles se enamoró de él y cuando se disponía a hacer planes de boda para casarse con otra mujer, ella se puso tan celosa que le obligó a castrarse. Hay muchas versiones del mito de '''Cibeles''' y '''Atis''', todas las cuales incluyen el tema de la muerte y la resurrección. Según algunas de ellas, '''Atis''' no sobrevivió a la mutilación y quedó convertido en un pino. Otras aseguran que fue enterrado en Pessinus (Pesino) y resucitado por Cibeles. Por último, alguna versión asegura que vivió como sacerdote eunuco al servicio de la diosa.
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La fuente representa a la diosa romana '''Cibeles''', símbolo de la tierra, la agricultura y la fecundidad, sobre un carro tirado por dos leones ''(Atalanta e Hipómenes)''. La diosa y los leones fueron esculpidos en mármol y el resto en piedra. La escultura de la diosa es obra de ''Francisco Gutiérrez''
  
 
=== Las amazonas ===
 
=== Las amazonas ===

Revisión de 15:02 2 mar 2021

La mitología grecolatina: dioses y héroes

Los mitos griegos y romanos han tenido siempre una gran vigencia en la cultura occidental. No solo durante la Edad Antigua, la Edad Media y la Edad Moderna, sino también en nuestra Edad Contemporánea siguen haciéndose versiones renovadas de los grandes mitos clásicos. Y no únicamente en la literatura: también en otras artes, como el teatro, la danza, la música, el cine...

Ofrecemos aquí una selección de los mitos más conocidos de la cultura grecolatina y que más han influido en Occidente.

(Puede hallarse más información en la pregunta de la Wikimpace: Mitología clásica, contribución especial de los alumnos de 2º de la ESO del IES Avempace, curso 2018-2019).

Cronos: el tiempo devorador

  • Autores/as:
  • Fecha: Diciembre de 2019.

Los amores de Urano y Gea

  • Autores/as:
  • Fecha: Diciembre de 2019.

El mito de las cuatro edades

Las cuatro edades del hombre
  • Autor: José Miguel Arévalo. 1º Bachillerato BB. Curso 2019-2020.)
  • Fecha: Diciembre de 2019.

(Más información en el documento: El mito de las cuatro edades, documento en la web del IES Avempace)

Se dice que, desde el origen del mundo, los hombres atravesaron cuatro edades: la Edad de oro, la Edad de plata, la Edad de bronce y la Edad de hierro.

  • Edad de oro: La primera generación fue la de los hombres de oro, los primeros habitantes de la historia. Esos hombres vivían igual que los dioses del Olimpo, estaban libres de inquietudes, preocupaciones y miserias. Para ellos no existía el miedo ni el castigo, por el contrario vivían en un estado de absoluta justicia y paz, no les preocupaba ni atemorizaba la vejez, ya que siempre vivían en un estado de juventud permanente. No tenían necesidad de cortar los árboles ni de explotar los frutos de la naturaleza, pues vivían de aquello que la naturaleza generosamente les brindara, pues en aquellos tiempos la primavera era eterna y las flores no tenían que esforzarse para otorgar los frutos. Para los hombres, la muerte no era nada más que un dulce sueño al que se entregaban con serenidad. La generación de oro, tras pasar el tiempo, desapareció de la faz de la tierra y Zeus, dios del Olimpo, los convirtió en Genios Buenos, guardianes de las causas justas que velan por el bienestar de la humanidad.
  • Edad de plata: La segunda generación fue la de los hombres de plata, en la que los hombres resultaron ser más débiles que los de la generación anterior. En esta, se acortó el tiempo de esa eterna primavera dorada y se crearon las otras estaciones: invierno, verano y otoño. El aire se hizo abrasador por el calor. El viento frió congeló las aguas y produjo el hielo; es por esto por lo que, por primera ve,z el hombre necesitó cortar árboles para construir casas y cobijarse del frío. Los hombres de plata fueron los primeros en dominar la naturaleza. Empezaron a arar la tierra, cercar los campos y trabajar para conseguir el sustento. Fue una generación privada de inteligencia, que se negaba a rendir culto a los dioses del Olimpo, actuando de forma desmedida. Por eso Zeus, enojado, los hizo desaparecer bajo tierra y los convirtió en Genios Inferiores.
  • Edad de bronce: La tercera generación fue la de los hombres de bronce. Eran brutos, violentos, robustos y estaban entregados a las tareas físicas. Les atraían las guerras y los combates, tenían el corazón endurecido y causaban horror y temor. Sin embargo, no eran perversos como los hombres de hierro. Sus armas, herramientas de labranza y casas estaban hechas de bronce. A pesar de su ferocidad, la Negra Noche los atrajo a su seno y Zeus los hizo descender a la morada de Hades, rey del inframundo, sin dejar rastro de ninguno de ellos.
  • Edad de hierro: La cuarta generación fue la de los hombres de hierro. Este metal tan vil dio lugar a todo tipo de crímenes y los hombres empezaron a carecer de pudor. Reinaron el fraude, la perfidia, la traición, la violencia y la pasión desmedida por la riqueza. Fue la edad de las guerras y de los enfrentamientos no solo entre los hombres, sino entre los hombres y la naturaleza. No se extraían solamente los frutos de la naturaleza, sino que se hurgaba hasta lo más profundo de la tierra para extraer todo rastro de oro, plata y otros ricos metales. En esta triste era, el huésped desconfiaba del anfitrión, el suegro del yerno y el esposo tramaba la perdición de su esposa. Incluso los padres eran menospreciados por sus propios hijos. Fue la edad de las falsas promesas y los falsos juramentos y la palabra perdió todo tipo de valor. Esta generación fue abandonada totalmente por Zeus y por los otros dioses del Olimpo, avergonzados por lo ocurrido en la Tierra. Desde entonces, los mortales han quedado solos en la tierra, con angustias y dolores, sin remedio para aliviar el mal que los aqueja.

El mito de las cuatro edades presupone que “cualquier tiempo pasado fue mejor” y que el objetivo de la Historia de la humanidad no es el progreso, sino la involución. Plantea una visión pesimista de la vida en el planeta. Y se anticipa a la proclamación de la “muerte de Dios” que hicieron el filósofo alemán Nietzsche y los autores existencialistas muchos siglos después: el hombre está solo, perdido en el mundo, ante el silencio de Dios.

La caja de Pandora

Pandora mirando la caja

Zeus ordenó que les quitaran el fuego a los hombres, pero el titán Prometeo, apenado por ellos y por las penurias que pasaban sin el atributo ígneo, lo robó para dárselo, contra la voluntad del dios olímpico. Zeus, furioso del tal osadia, le ordenó a Hefestos (dios del fuego y de la fragua) que construyera la estatua de una bella doncella. Atenea fue quien la vistió con hermosos ropajes blancos. Hermes (el mensajero de los dioses) le dio el habla y Afrodita la dotó del encanto amoroso. Y por fin, todos los dioses juntos soplaron a la bella y le infundieron el hálito vital.

Zeus le dio a Pandora una caja cuyo contenido la doncella desconocía. Y así la envió con los mortales. Pandora se dirigió hasta la casa de Epimeteo, hermano de Prometeo, pero mucho menos inteligente que él. El joven e ingenuo Epimeteo quedó perdidamente enamorado de Pandora en cuanto la vio y ésta le ofreció su caja como un regalo que Epimeteo aceptó gustoso, a pesar que Prometeo le había advertido de no aceptar nunca un regalo proveniente del Olimpo.

Pandora no pudo resistir la tentación de conocer el contenido de su caja, así que la abrió y fue entonces que innumerables males se esparcieron por la Tierra: el dolor, la vejez, la maldad, el sufrimiento, la tristeza y las enfermedades. Todos los males que los mortales, hasta ese momento, desconocían. Aterrada, Pandora cerró la caja, pero ya era demasiado tarde y sólo la esperanza quedó atrapada en el fondo de ella.

Por eso desde entonces, los mortales decimos aquello de que "La esperanza es lo último que se pierde".

Zeus y el rapto de Europa

"Rapto de Europa", por el Veronés, 1580, Palacio Ducal de Venecia

Europa, hija del rey Agenor, estaba un día en la playa con sus amigas cuando fue vista por Zeus, quien enseguida se sintió atraído por la belleza de la joven. Como sabía que el rey Agenor, sabedor de la belleza de su joven hija, la protegía continuamente, decidió utilizar su astucia para poder conseguir sus propósitos.

Para acercarse a la doncella sin levantar sospechas, el dios se metamorfoseó en un toro blanco y resplandeciente. Así, con esta forma animal, Zeus se acercó y se sentó a los pies de la joven. Europa, temerosa en un principio por la presencia del animal, poco a poco, fue cobrando confianza y empezó a acariciarlo. Fue tanta la confianza que le cogió que llegó a sentarse sobre el lomo del animal, el cual aprovechó la ocasión para levantarse y adentrarse en el mar, llevándose a la joven consigo, sentada en su lomo y aferrada a sus cuernos. A través del mar, ambos llegan hasta la isla de Creta, donde el dios y la mortal se unieron a la sombra de unos árboles que, en recuerdo de dicho acontecimiento, nunca perderían sus hojas.

De este amor nacieron tres hijos: Minos, Sarpedón y Radamantis. Además, Europa recibió tres presentes del dios olímpico: Talo (un autómata de bronce encargado de vigilar las costas de Creta), un perro que no dejaba escapar ninguna presa y una jabalina que nunca fallaba el blanco. Después, Zeus casó a Europa con Asterión, rey de Creta, quien adoptó a los hijos de Zeus por no tener hijos propios.

Finalmente, el toro cuya forma había adoptado Zeus se transformó en una constelación y pasó a ser un signo del Zodiaco: Tauro.

Zeus y la ninfa Ío

  • Autores/as:
  • Fecha: Diciembre de 2019.

Zeus y la ninfa Calisto

  • Autores/as:
  • Fecha: Diciembre de 2019.

Zeus y la ninfa Leda

Zeus y la ninfa Leda
  • Autora: Iliana Morata. 1º Bachillerato BB. Curso 2019-2020.
  • Fecha: Diciembre de 2019.

Zeus, el más poderoso dios del Panteón griego, se transformaba en diferentes animales para conseguir conquistar a sus amoríos; en parte, lo hacía porque su espora, Hera, se ponía celosa y así evitaba ser descubierto y no sufría los ataques de ira de su esposa.

En la mitología griega, Leda, hija de Testio y esposa de Tindáreo (o Tíndaro, hermano de Ícaro) de Esparta, sería una de las doncellas seducidas por Zeus. Cuando caminaba junto al río Eurotas, se le presentó Zeus transformado en cisne y, fingiendo ser perseguido por un águila, se acercó a ella y la violó. Esa misma noche, yació con su esposo Tindáreo y, como consecuencia, puso dos huevos, de los cuales nacieron cuatro hijos: la bellísima Helena de Troya (considerada la mujer más bella de su tiempo) y Pólux (inmortales, hijos de Zeus) y Clitemnestra y Cástor (mortales, hijos de Tindáreo). Cástor y Pólux, hermanos gemelos, eran conocidos como los Dioscuros.

En versiones más antiguas, Leda simplemente encuentra un huevo en donde está el germen de Helena, hija de Zeus y Némesis. En ese relato, Némesis trata de escapar de Zeus mediante distintas metamorfosis, convirtiéndose en varios animales para poder escapar del dios. Pero Zeus hace exactamente lo mismo que ella y compensa cada cambio con el suyo propio, hasta que finalmente ella se convierte en oca y él la viola en forma de cisne. Y ella pone luego el huevo en un pantano, donde lo encuentra Leda.

La cabra Amaltea

Representación de la cabra Amaltea con Zeus / Júpiter
  • Autores/as: Lorena Bolívar, 5ºBB. Curso 2019-2020.
  • Fecha: 29 de noviembre de 2019.

En la mitología griega, la ninfa que fue nodriza de Zeus. A veces, se la representa como la cabra que amamantó al dios infante en una cueva de Creta, y otras veces como una náyade hija de Hemonio (uno de los Curetes), la cual crio al dios olímpico con la leche de una cabra en el monte Ida.

El mito de la cabra Amaltea es una leyenda heredada de la mitología griega y, posteriormente adaptada por los romanos, que dicen que Amaltea es la cabra que alimentó con su leche a Júpiter (el dios Zeus, en la mitología griega) cuando era un niño y que, jugando con ella, el pequeño dios había roto uno de sus cuernos. En agradecimiento al cuidado desinteresado que tuvo con él, Júpiter transformó este cuerno en la cornucopia o cuerno de la abundancia, que se convirtió en un símbolo muy apreciado por los romanos y puede ser visible en los reversos de las monedas.

El signo zodiacal de Capricornio también se asocia con el mito de la cabra Amaltea. Zeus la subió al cieloy la convirtió en constelación para honrarla y reverenciar sus amorosos cuidados. Capricornio también se asocia a Saturno y al dios Aristeo.

Hades y el rapto de Perséfone (o Proserpina)

Perséfone es hija de Zeus y Deméter (hija de Cronos y Rea, hermana de Zeus y diosa de la fertilidad y el trigo). Su tío Hades (hermano de Zeus y dios de los Infiernos), se enamoró de ella y un día la raptó.

Hades raptando a Perséfone

La joven se encontraba recogiendo flores en compañía de sus amigas las ninfas y hermanas de padre, Atenea y Artemisa, y en el momento en que va a tomar un lirio, (según otras versiones un narciso), la tierra se abre y por la grieta Hades la toma y se la lleva.

De esta manera, Perséfone se convirtió en la diosa de los Infiernos. Aparentemente, el rapto se realizó con la cómplice ayuda de Zeus, pero en la ausencia de Deméter, por lo que ésta inició unos largos y tristes viajes en busca de su adorada hija, durante los cuales la tierra se volvió estéril.

Al tiempo, Zeus se arrepintió y ordenó a Hades que devolviera a Perséfone, pero esto ya no era posible pues la muchacha había comido un grano de granada, mientras estuvo en el Infierno, no se sabe si por voluntad propia o tentada por Hades. El problema era que un bocado de cualquier producto del Tártaro implicaba quedar encadenado a él para siempre.

Para suavizar la situación, Zeus dispuso que Perséfone pasara parte del año en los confines de la Tierra, junto a Hades, y la otra parte sobre la tierra con su madre, mientras Deméter prometiera cumplir su función germinadora y volviera al Olimpo.

La leyenda cuenta que el origen de la Primavera radica precisamente en este rapto, pues cuando Perséfone es llevada a los Infiernos, las flores se entristecieron y murieron, pero cuando regresa, las flores renacen por la alegría que les causa el retorno de la joven. Como la presencia de Perséfone en la tierra se vuelve cíclica, así el nacimiento de las flores también lo hace.

Por otra parte, durante el tiempo en que Perséfone se mantiene alejada de su madre, Deméter y confinada a el Tártaro, o mundo subterráneo, como la esposa de Hades, la tierra se vuelve estéril y sobreviene la triste estación del Invierno.

Los romanos llamaron Vulcano a Hades y Proseprina a Perséfone. Pero la historia es la misma en ambas mitologías.

La leyenda de Pegaso

Pegaso austral

En la mitología griega, Pegaso (en griego, Πήγασος) era un caballo alado, es decir, un caballo con alas.

Pegaso fue el primer caballo que llegó a estar entre los dioses. Era el caballo de Zeus, dios del Cielo y de la Tierra. Nació de la sangre derramada por Medusa cuando Perseo le cortó la cabeza a esta gorgona, una de las tres hermanas (las otras eran Esteno y Euríale).

Suele representarse en blanco o negro y tiene dos alas que le permiten volar. Una característica de su vuelo es que, cuando lo realiza, mueve las patas como si estuviera corriendo por el aire. Según las fuentes clásicas, Perseo no llegó a volar montado en Pegaso, puesto que lo hacía gracias a unas sandalias aladas; sin embargo, muchos artistas renacentistas lo representaron volando en este caballo. Y en la filmografía sobre el héroe –las distintas películas sobre la leyenda que se han realizado a lo largo de la historia, como Furia de titanes- suele aparecer esta escena, que es realmente una de las más espectaculares.

Pegaso aparece en la mitología relacionado fundamentalmente con el héroe Belerofonte, quien a lomos del equino alado logró dar muerte a la Quimera, bestia de múltiples cabezas (entre ellas, una de león y otra de cabra) que asolaba los territorios de Licia. Gracias al alado corcel, Belerofonte pudo obtener también una victoria sobre las amazonas.

Belerofonte encarna el "defecto" de la ambición excesiva: cuando por fin consiguió montar a Pegaso, obligó al caballo a llevarlo al Olimpo, pues quería convertirse en un dios inmortal. Pero Zeus, molesto por tamaña osadía, envió a un insignificante mosquito que picó el lomo de Pegaso y este, encabritado, precipitó al vacío a Belerofonte sin matarlo, pero dejándolo lisiado para toda la vida y condenado a vagar apartado del mundo recordando sus pasadas glorias.

La leyenda de Pegaso puede haber influido la formación de la figura del buraq en la tradición islámica. Es uno de los equinos más célebres de la literatura, junto con Rocinante (caballo de Don Quijote de la Mancha), Babieca (el del Cid), Bucéfalo (el de Alejandro Magno) y el caballo de Troya (junto con Clavileño, que también sale en El Quijote, el único caballo de madera).

Faetón y el carro de Febo

  • Autores/as:
  • Fecha: Diciembre de 2019.

Eros y Psique

Eros y Psique

Cuenta la historia que, hace mucho tiempo, existieron un rey y una reina que tenían tres hijas. La menor, Psique, de deslumbrante belleza, era adorada por los humanos como una reencarnación de la diosa Afrodita. La diosa, celosa de la belleza de la mortal Psique, pues los hombres estaban abandonando sus altares para adorar en su lugar a una simple mujer, ordenó a su hijo Eros que intercediera para hacer que la joven se enamorase del hombre más horrendo y vil que pudiera existir. Pero Eros, al ver a la bella, cayó enamoradísimo de ella y decidió ocupar el lugar del monstruo.

La belleza no había traído a Psique felicidad alguna. Los hombres la idolatraban de mil maneras, pero ninguno osaba acercársele ni pedir su mano. Los preocupados padres consultaron al Oráculo de Apolo para determinar qué le depararía el destino a su hija. Lejos de encontrar consuelo, el Oráculo predijo que Psique se casaría en la cumbre de la montaña con un monstruo de otro mundo. Psique aceptó amargamente su destino y, obedeciendo al Oráculo, sus padres la llevaron hasta la cima de la montaña seguidos por una larga procesión, donde la abandonaron en llanto para enfrentarse a una muerte segura.

Así la encontró el Céfiro (viento del Oeste), quien la elevó por sobre las montañas hasta depositarla en un valle colmado de flores. Al despertar, Psique se internó en el bosque cercano siguiendo el sonido del agua. Lo que encontró fue un hermoso palacio, de indescriptible lujo y belleza, y voces sin cuerpo susurrando que el palacio le pertenecía y que todos estaban allí para servirla. Esa noche, mientras yacía en la oscuridad de su nueva alcoba, un desconocido la visitó para hacerla su esposa. Su voz era suave y amable, pero él no se dejaba ver a la luz del día, lo cual despertaba la curiosidad de Psique que deseaba conocer el rostro de su amado.

Con el paso del tiempo, Psique comenzó a sentir desasosiego y sufría por sentirse sola. Extrañaba a sus hermanas, a quienes no veía desde hace tiempo, y esto le causaba tristeza. Imploró entonces a su esposo que le permitiera recibir la visita de aquellas, pero él le advirtió de que ellas tratarían de incitar su curiosidad y la alentarían a desvelar la identidad de su cónyuge secreto. Le advirtió una y otra vez de que no se dejara persuadir por sus hipócritas hermanas, ya que el día en que ella viera su cara no lo volvería a ver más. Ese día se acabaría su felicidad.

Pero finalmente, Eros cedió ante las intensas súplicas de Psique y pidió al viento Céfiro que acercara a las hermanas al palacio. Éstas, ante la visión de tanto lujo y belleza, ardieron de celos y envidia ante la buena fortuna de su hermana. Secretamente, cada una de ellas comenzó a despreciar lo que a ella misma le había tocado en suerte: un marido anciano y mezquinas riquezas en comparación con el esplendor en que vivía Psique. Se fueron del palacio planeando castigar a su hermana y, a su retorno, la convencieron de que su marido era una monstruosa serpiente que esperaba al acecho para devorarla. Le sugirieron un detallado plan de acción, que se basaba en esperar que el sueño venciera a Eros para luego acercarse a él con una lámpara y un puñal y cortar su cabeza venenosa.

Esa misma noche, Psique esperó a que su marido se durmiera y encendió su lámpara para observarlo. A quien vio fue al más hermoso de los dioses, al mismísimo Eros. El cuchillo cayó de sus manos y, mientras observaba extasiada la imagen gloriosa, una gota de aceite cayó en el hombro de Eros. Éste se despertó y, librándose del abrazo y los lamentos de Psique, expresó su decepción por la traición de su esposa. Le contó que él mismo había desobedecido las órdenes de su madre al enamorarse de ella, pero que ya todo estaba arruinado. Y así desplegó sus alas y se fue.

Psique comenzó entonces una búsqueda desesperada para encontrar a Eros, la cual culminó con su llegada al templo de Afrodita. Ésta, llena de ira y deseos de venganza, rasgó las vestiduras de la bella y le encomendó tareas imposibles como clasificar miríadas de semillas distintas. Psique recibía ayuda de distintos dioses y fuerzas de la naturaleza, lo que hizo posible que completara los desafíos. Afrodita, entonces, inventó un nuevo castigo para ella: debería internarse en mundo subterráneo en busca de Perséfone, reina de los infiernos, para rogarle que le diera un poco de su belleza dentro de un cofre. Sorteando varias dificultades, Psique cumplió la tarea y comenzó su viaje de vuelta hacia la luz. En el camino, cayó presa nuevamente de la curiosidad. Atraída por el deseo de agradar más a su amado adornándose de belleza divina, abrió el cofre e inmediatamente cayó en un sueño mórbido.

Mientras, Eros, recién recuperado de su herida, salió en busca de su esposa para despertarla. Se dirigió a visitar a Zeus para rogarle que tuviera compasión de Psique, que la hiciera inmortal y así podría vivir con él en los cielos. Zeus se compadeció de Eros y apaciguó a Afrodita, diciéndole que aquel sería un casamiento digno del chico. Así que ordenó el casamiento de los jóvenes, que duraría para siempre.

Píramo y Tisbe

Píramo y Tisbe
  • Autora: Ainhoa Hernández Verdiel, 5ºBB. Curso 2019/2020
  • Fecha: 28 de noviembre de 2019.

Piramo y Tisbe son dos amantes legendarios de la mitología griega y romana. Su historia, de inspiración oriental, se encuentra entre el mito y la literatura. Ovidio narra su leyenda en sus famosas Metamorfosis.

Píramo y Tisbe eran dos jóvenes babilonios que vivieron durante el reinado de Semíramis. Eran vecinos y se amaban, a pesar de la prohibición de sus padres. Se comunicaban con miradas y signos hasta descubrir una grieta en el muro que separaba sus casas. Sólo la voz atravesaba esa estrecha vía y los tiernos mensajes pasaban de un lado a otro. Así, pudieron hablarse, enamorarse y desearse cada vez más intensamente, hasta que un día decidieron que a la noche siguiente, cuando todo quedara en silencio, huirían sin ser vistos y se encontrarían junto al monumento de Nino al lado de una fuente.

Tisbe llegó primero, pero una leona que regresaba de una cacería a beber de la fuente la atemorizó y huyó al verla, buscando refugio en el hueco de una roca. En su huida, dejó caer el velo. La leona jugueteó con el velo, manchándolo de sangre.

Al llegar, Píramo descubrió las huellas y el velo, y creyendo que la leona había matado a su amada, sacó su puñal y se lo clavó en el vientre. Su sangre tiñó de púrpura los frutos del árbol, y de ahí viene el color de las moras, según Ovidio. (Dentro de la tradición latina, el término Pyramea arbor («árbol de Píramo») se usaba para designar a la morera).

Tisbe salió cuidadosamente de su escondite y, al llegar al lugar, vio que las moras habían cambiado de color y dudó de si era o no el sitio convenido, pero entonces vio a su amado con el puñal en el pecho y cubierto de sangre. Lo abrazó, sacó el puñal y se suicidó a su vez, clavándoselo ella misma. Los dioses, apenados por la tragedia, hicieron que los padres de los amantes permitiesen incinerarlos y guardar sus cenizas en la misma urna, y desde aquel día los frutos de la morera quedaron teñidos para siempre de púrpura.

Diana y Acteón

  • Autores/as:
  • Fecha: Diciembre de 2019.

Eos y Titón

Titón era un joven muy bello, hermano de Ganímedes (quien también era tan hermoso que fue raptado por Zeus para que le sirviera como copero -el mozo que rellena las copas de los dioses con licores exquisitos, como la ambrosía o el néctar de los dioses- en el Olimpo). De él se enamoró Eos o Aurora, la diosa del alba y el amanecer. Así que Eos le pidió a Zeus que concediera al bello joven objeto de su querer la inmortalidad, y Zeus accedió.

Pero con el paso de los años, ella comprobó que su amado Titón envejecía, aunque no moría. Y es que Eos se había olvidado de pedir a Zeus que, además de vivir, Titón fuese siempre joven. Así que el pobre mortal, condenado a la inmortalidad, fue arrugándose tanto que acabó convertido en un grillo. Y Aurora, cada vez que se levantaba y lo veía, derramaba lágrimas de pena -el rocío- de las que Titón se alimentaba y con las que se refrescaba, repitiendo siempre su deseo de morir como una letanía: "mori, mori, mori..." ("morir, morir, morir..."), pero sin conseguirlo jamás.

A esta bonita historia dedicó el italiano Torquato Tasso (Bérgamo, 1544-Roma, 1595) un famoso soneto: Come va innazi al altro'sol l'aurora (Compara su amada a la aurora), en donde se ven todas las características del petrarquismo: amor neoplatónico, gusto por la mitología, equilibrio expresivo... El viejo Titón contempla a su bella amada, la Aurora, la de rubia melena derramada en su blanca frente, y siente al verla un suspiro, se alegra si ella lo mira todavía (a pesar de su vejez y fealdad) y se muestra feliz de la fidelidad de su bella enamorada, que no ha dejado de quererlo nunca y que no lo cambia por ningún "sol nuevo" (por ningún joven amante). El poema es, así, un canto a la fidelidad de los amantes.

   Cuando sale la Aurora y su faz mira
en el espejo de las ondas; siento
las verdes hojas susurrar al viento;
como en mi pecho el corazón suspira.
   También busco mi aurora; y si a mí gira
dulce mirada, muero de contento;
veo los nudos que en huir soy lento
y que hacen que ya el oro no se admira.
   Mas al sol nuevo en el sereno cielo
no derrama madeja tan ardiente
la bella amiga de Titón celoso.
   Como el dorado rutilante pelo
que orna y corona la nevada frente
de la que hurtó a mi pecho su reposo.

Baucis y Filemón

  • Autores/as:
  • Fecha: Diciembre de 2019.

Atalante e Hipómenes

  • Autores/as:
  • Fecha: Diciembre de 2019.

El dios Pan y la ninfa Siringe

  • Autores/as:
  • Fecha: Diciembre de 2019.

Licaón, el rey licántropo

  • Autores/as:
  • Fecha: Diciembre de 2019.

Las riquezas del rey Creso

  • Autores/as:
  • Fecha: Diciembre de 2019.

La diosa Cibeles

  • Autoras: Ainhoa Sánchez 4ºESO AA, Curso 2020/2021
  • Fecha: Diciembre de 2019.


Cibeles (en griego antiguo Κυβέλη Kybélê) era en origen una diosa frigia. Los griegos hicieron de ella una madre de los dioses, la madre de Zeus y de otros dioses importantes. Su culto derivaba probable­mente de la antigua adoración de las grandes madres o diosas de la fertilidad, al igual que el de Deméter, la diosa de la agricultura.

Se asocia a Cibeles principalmente con la fertilidad. También encarna la naturaleza salvaje, simbolizada por los leones que la acompañan. Se le atribuyó la curación de enfermedades y la protección de su pueblo durante la guerra.

Según el mito frigio, Zeus había depositado su semilla en la tierra en cierta ocasión mientras dormía en el monte Dídimo, en Frigia, en lo que hoy día es el centro de Turquía. De ahí nació una criatura hermafrodita que fue castrada por los dio­ses. Así fue la creación de la diosa Cibeles. De sus genitales creció un almendro cuyo fruto se depositó en el vientre de la ninfa Nana, que quedó embarazada y tuvo un hijo al que abandonó después de dar a luz. El joven, Atis, fue criado por una cabra y se convirtió en un joven muy hermoso. Cibeles se enamoró de él y cuando se disponía a hacer planes de boda para casarse con otra mujer, ella se puso tan celosa que le obligó a castrarse. Hay muchas versiones del mito de Cibeles y Atis, todas las cuales incluyen el tema de la muerte y la resurrección. Según algunas de ellas, Atis no sobrevivió a la mutilación y quedó convertido en un pino. Otras aseguran que fue enterrado en Pessinus (Pesino) y resucitado por Cibeles. Por último, alguna versión asegura que vivió como sacerdote eunuco al servicio de la diosa.

La fuente representa a la diosa romana Cibeles, símbolo de la tierra, la agricultura y la fecundidad, sobre un carro tirado por dos leones (Atalanta e Hipómenes). La diosa y los leones fueron esculpidos en mármol y el resto en piedra. La escultura de la diosa es obra de Francisco Gutiérrez

Las amazonas

Las amazonas eran un pueblo de solo mujeres descendientes del dios de la guerra, Ares, y de la náyade Harmonía. Se originaron alrededor del área del Cáucaso y se establecieron en las riveras del río Termodón en Pontus, Asia Menor, para luego fundar el pueblo de Temiscira, en la costa de Euxine (Mar Negro - Turquía).

Las amazonas eran imaginadas y descritas por los hombres griegos como un pueblo de mujeres en estricto sistema de matriarcado, gobernadas por una reina, a la cual se le suponía un vínculo directo con el dios Ares, pero sin clarificar el sistema sucesorio. Se desconoce si a estas reinas les sucedían sus propias hijas o bien la mujer con más atributos como fuerza, inteligencia o dotes de mando.

Etimológicamente, "amazon" deriva probablemente de un etónimo iraní, "hamazam-", que originalmente significaba “guerreras”. La variante griega del nombre estaba relacionada por etimología popular de “a”, “sin”, y “mazos”, “senos”, relacionado con la tradición que decía que las amazonas se cortaban o quemaban el pecho derecho, para poder ser capaces de usar el arco con más libertad, y criaban a sus hijas con el izquierdo. Pero en las obras de arte no existen indicios de esta carencia, las amazonas siempre son representadas con ambos pechos, aunque con el derecho frecuentemente cubierto.

Según la iconografía, en algunas vasijas griegas, se dibuja a las amazonas con unos escudos en forma de luna e incluso puestas bajo la protección de Artemisa, diosa de la caza y de la Luna. Por similitud fonética, pudieron copiar de este extraño pueblo la denominación “uma soona” como “amazona”.

En algunas versiones, ningún varón tenía permiso para residir en el país de las amazonas; pero una vez al año, para evitar la extinción de la raza, visitaban a los Gargarios -tribu vecina- o en otros casos, se relacionaban con extranjeros. Sus uniones sexuales se realizaban fuera del grupo, sin mantener ningún lazo con ellos después. A las niñas se las educaba como amazonas, adiestradas en las labores de campo, la caza y el arte de la guerra, adoptando el estatus de las madres y desconociendo la identidad del padre. Para los niños nacidos de esas uniones, había cuatro opciones: se los mutilaba -dejándolos ciegos o cojos-, los utilizaban como esclavos, se les sacrificaba o eran enviados de vuelta con sus progenitores.

Los griegos concibieron a las amazonas como mujeres amantes de la guerra que luchaban armadas con peltas (los escudos pequeños en forma de media luna), con hachas de doble filo y arcos de gran tamaño con los que disparaban sus flechas. A diferencia de los helenos, las amazonas preferían la guerra a caballo y se les consideró expertas jinetes. La otra actividad amazónica era la cacería.

Además, los mayores héroes de la mitología griega: Hércules, Belerofonte y Aquiles tuvieron, en algún punto de sus aventuras, que enfrentarse con las amazonas e invariablemente las vencieron. Uno de los trabajos impuestos a Heracles por Euristeo fue conseguir el cinturón de la reina amazona Hipólita.​ Para dicha tarea, le acompañó su amigo Teseo, quien raptó a la princesa Antíope, hermana de Hipólita, un incidente que llevó a la invasión del Ática en represalia, donde Antíope pereció luchando junto a Teseo. En algunas versiones, sin embargo, Teseo se casaba con Hipólita y en otras, lo hacía con Antíope, quien no moría.

Hércules o Heracles

Hércules venciendo al león

Hijo de Zeus y de Alcmena, esposa de Anfitrión, fue concebido en una triple noche de amor, sin que por ello se alterase el orden de los tiempos, ya que las noches siguientes fueron más cortas.

Se dice que el día de su nacimiento resonó el trueno en Tebas con furioso estrépito y otros muchos presagios anunciaron la gloria del hijo del dueño y señor del Olimpo. Alcmena dio a luz dos mellizos, Heracles e Ificles. Anfitrión, deseando saber cuál de los dos era su hijo, rogó a Hera, esposa de Zeus, muy celosa de la aventura extraconyugal de su esposo, y envió al mundo mortal dos serpientes que se aproximaron a la cuna de los mellizos. El terror se apoderó de Ificles, que quiso huir, pero Heracles despedazó a las serpientes y mostró, ya entonces, que era digno hijo de Zeus.

Palas logró que se apaciguara por algún momento la cólera de Hera, hasta el extremo de que la reina de los dioses consintió en darle de mamar de su propio pecho al hijo de Alcmena. Se cuenta que Heracles, abandonando el pecho, dejó caer algunas gotas de leche que se derramaron sobre el cielo, formándose de esta singular manera la vía láctea (The Milky Way, en inglés; la Voie Lactée, en francés).

Los maestros más hábiles se encargaron de la educación de Heracles. Autólico le enseñó la lucha y la conducción de carros; Eurito, rey de Elia, el manejo del arco: Eumolpo, el canto; Cástor y Pólux, la gimnasia; Elio le enseñaba a tocar la lira y el centauro Quirón, la astronomía y medicina.

Su desarrollo físico fue extraordinario y su fuerza portentosa. Heracles era un gran bebedor, y su jarro era tan enorme que se necesitaba la fuerza de dos hombres para levantarlo.

Cuando Heracles creció, la cólera de Hera contra él volvió. La diosa vertió en su copa un veneno que lo enloqueció y esa locura hizo que Heracles matara a su mujer y a sus propios hijos, confundiéndolos con enemigos. Como castigo, fue enviado con el primo de Hera, el rey Euristeo, para servirle por doce años. Euristeo, estimulado por Hera, siempre vengativa, le encomendó las empresas más duras y difíciles, las cuales se llamaron los doce trabajos de Heracles. Estas fueron:

  1. Matar al león de Nemea, con cuya piel se hizo una armadura.
  2. Matar a la hidra de Lerna, horrible serpiente de siete cabezas que no dejaban de crecer cuando el héroe cortaba alguna de ellas.
  3. Capturar al jabalí de Erimanto, de tamaño descomunal.
  4. Matar a las feroces aves estinfálidas o del lago Estínfalo.
  5. Vencer en la carrera a la cierva de Artemisa, que tenía las pezuñas de bronce de Cerinea.
  6. Domar al toro de Creta.
  7. Limpiar los establos de Augías, para lo que tuvo desviar el curso de un río.
  8. Robar los caballos de Diomedes, que se alimentaban de carne humana.
  9. Robar las manzanas de oro del jardín de las Hespérides, custodiadas por un temible dragón.
  10. Arrebatar el cinturón de Hipólita, reina de las amazonas.
  11. Dar muerte al monstruoso gigante Gerión y robarle los bueyes para ofrecérselos a la diosa Hera.
  12. Arrastrar encadenado al can Cerbero, guardián del inframundo de tres cabezas, fuera de los infiernos.

De todos los trabajos, salió victorioso el héroe, a quien se atribuyen otras muchas hazañas, pues casi todas las ciudades de Grecia se vanagloriaban de haber sido teatro de algún hecho maravilloso de Heracles. Exterminó a los centauros, mató a Busilis, Anteo, Hipocoón, Laomedonte, al ladrón Caco y a otros muchos tiranos; libró a Hesione del monstruo que iba a devorarla, y a Prometeo lo libró del águila que le comía el hígado; separó los dos montes llamados más tarde columnas de Heracles, etc.

El amor, pese a las numerosas hazañas realizadas por el héroe, ocupó intensamente el espíritu y el cuerpo de Heracles. Tuvo muchas mujeres y gran número de amantes. Las más conocidas son Megara, Onfalia, Augea, Deyanira y la joven Hebe, con la cual se casó en el cielo, sin olvidar las cincuenta hijas de Testio, a las cuales hizo madres en una noche.

El odio del centauro Neso, unido a los celos de Deyanira, fueron la causa de la muerte del héroe. Sabedora esta princesa de los nuevos amores de su esposo, le envió una túnica teñida con la sangre del centauro, creyendo que con ello impediría que amara a otras mujeres. Pero apenas se la puso, el veneno del que estaba impregnada hizo sentir su funesto efecto, y penetrando a través de la piel, llegó en un momento hasta los huesos. En vano procuró arrancarla de sus espaldas; la túnica fatal estaba tan pegada a la piel que sus pedazos arrastraban tiras de carne.

Las más espantosas imprecaciones contra la perfidia de su esposa brotaron de los labios del héroe, y, comprendiendo que se acercaba su última hora, constituyó una pira en el monte Oeta, extendió sobre ella su piel de león, y, echándose encima, mandó a Flictetes que prendiera fuego y cuidase de sus cenizas.

En el mismo instante en que comenzó a arder la pira, se dice que cayó un rayo sobre ella para purificar lo que pudiera quedar de mortal en Heracles. Zeus lo subió al Olimpo y lo colocó entre los semidioses. Heracles fue posiblemente el más grande héroe de toda Grecia.

La manzana de la discordia y la guerra de Troya

Paris eligiendo a la diosa mas hermosa

Cuenta la leyenda, que cuando Peleo, padre del valeroso Aquiles y Tetis, diosa del mar se casaron, enviaron invitaciones de la fiesta para todos los dioses, pero como no querían tener problemas en un día tan especial, decidieron que lo mejor sería no invitar a Eris, la Diosa de la Discordia.

Eris se enojó tanto que se apareció en el banquete de bodas de todos modos. Furiosa, se dirigió a la mesa donde se encontraban las diosas más hermosas: Hera, Atenea y Afrodita, y arrojó ua enorme manzana con una inscripción tallada que decía: "Para la más hermosa".

Hera dijo: Debe ser para mí. Pero al instante, Atenea y Afrodita también reclamaron la manzana y pusieron a Zeus como árbitro. Zeus no quería tomar parte por ninguna de las diosas, ya que sabía que, por lo menos dos de ellas terminarían haciendo reclamos por su intervención o, lo que es peor, enemistadas con él y decidió quitarse el problema de encima. No se le ocurrió nada mejor que enviar al dios mensajero, Hermes (Mercurio), en a busca de Paris (príncipe de Troya) con el encargo del Juicio que se le pedía; localizó al príncipe-pastor y le mostró la manzana de la que tendría que hacer entrega a la diosa que considerara más hermosa. Precisamente por eso lo había elegido Zeus; por haber vivido alejado y separado del mundo y de las pasiones humanas. Así, se esperaba de él que su juicio fuera absolutamente imparcial.

Cada una de las tres diosas fueron desfilando ante él cubriéndolo de promesas.

- Prometo darte poder y riquezas si me eliges a mí, serás emperador de toda Asia -dijo Hera-.

Atenea, por su parte, le prometió:

- Si dices que yo soy la más bella, te otorgaré gloria en las guerras y gran inteligencia y sabiduría.

Pero la sensual Afrodita, que era muy astuta, le dijo:

- Te daré el amor de la mujer que consideres para ti como la más bella del mundo.-

Afrodita obtuvo la manzana de oro y, desde ese momento, fue la más bella de todas las diosas, pero también de ahí en adelante Hera y Atenea se convertirían en sus peores enemigas.

La decisión de Paris hubo de traer graves consecuencias para su pueblo, ya que la hermosa mujer por la que Afrodita hizo crecer el amor en el pecho de Paris era Helena, la esposa del rey de Esparta, Menelao. En ocasión del paso de Paris por las tierras de ese rey, y después de haber estado una noche en su palacio, Paris raptó a la bella Helena y se la llevó a Troya. El amor por Helena daría lugar a la mayor guerra jamás vista hasta entonces.

El rapto enfureció a Menelao y éste convocó a los reyes aqueos como Agamenón, su hermano, que fue nombrado comandante en jefe; Odiseo, que, inspirado por Atenea, fue el que ideó el caballo de madera con el que la expedición aquea pudo por fin tomar Troya y Aquiles, entre muchos otros, para ir a recuperar a Helena o, si fuese necesario, pelear por ella en Troya, hecho que glosa Homero en la Ilíada.

Jacinto

  • Autores/as:
  • Fecha: Diciembre de 2018.

Hermafrodito

  • Autores/as:
  • Fecha: Diciembre de 2018.

Polifemo, Acis y Galatea

  • Autora: Marina Mateo. 1º Bachillerato C. Curso 2020-2021.
Polifemo, Acis y Galatea
  • Fecha: Diciembre de 2020.

El mito de Acis, Galatea y Polifemo fue narrado por Ovidio en las Metamorfosis.

Galatea era hija de Nereo (o Ponto) y Gea. Era una bella ninfa marina que heredó la belleza de su madre, siendo representada siempre como una joven virtuosa, con una tez blanca y muchísimo encanto. Vivía en el mar calmo y era el objeto de deseo de Polifemo, el cíclope.

Polifemo era todo lo contrario de Galatea, su antítesis: bruto, monstruoso y gigantesco. Hijo de Poseidón y de la ninfa Toosa, estaba enamorado de Galatea, pero ella no le correspondía. El corazón de esta dulce joven había sido arrebatado por un hermoso joven, Acis, que era a su vez hijo del dios Pan. Este amor sí era correspondido. Así pues, los jóvenes amantes se veían en muchas ocasiones furtivamente.

En una ocasión, mientras ambos descansaban a orillas del mar, Polifemo los descubrió. El cíclope acudía, como siempre, para observar a su querida Galatea, pero al llegar encontró una escena que no le gustó nada. Acis, asustado, intentó escapar, mas el enfado del cíclope era enorme, tan descomunal como su fuerza; así que lanzó una roca muy pesada al joven, matándolo al instante.

Galatea chilló desesperada, corrió hacia su amado llorando, intentó por todos los medios reanimarlo, pero no pudo hacer nada. Acis había sido completamente aplastado por la pesada roca y su vida se desvaneció entre los sollozos de su amada. La única salida era suplicar a los piadosos dioses, quienes convirtieron la sangre que manaba de Acis, junto a las desconsoladas lágrimas de Galatea, en un río, siendo esta la única forma de estar eternamente juntos los amantes.

Como siempre, los mitos cuentan con diversas versiones. Existe otra en la que, según parece ser, Galatea estaba destinada a Polifemo, así que, cuando Acis se enamora de ella e intenta separarla del cíclope, éste actúa lleno de cólera contra él. En otra versión, Galatea accede al amor del cíclope engendrando tres hijos: Celto, Gálata e Ilirio, que son los epónimos de celtas, gálatas e ilirios.

El mito de Galatea, Acis y Polifemo nos advierte de las dificultades de los triángulos amorosos y nos previene también contra las reacciones viscerales provocadas por los celos. Este mito ha tenido gran fortuna literaria. Uno de los poetas que lo versionó en una impresionante versión culterana fue el español del Barroco Luis de Góngora: "Fábula de Polifemo y Galatea". Así describe Góngora al cíclope:

   Un monte era de miembros eminente		
este que, de Neptuno hijo fiero,	 	
de un ojo ilustra el orbe de su frente,		
émulo casi del mayor lucero;		
cíclope, a quien el pino más valiente,		
bastón, le obedecía, tan ligero,		
y al grave peso junco tan delgado,	 	
que un día era bastón y otro cayado.

Polifemo era tan pesado ("monte eminente de miembros") que usaba como bastón un pino; tenía un solo ojo tan grande que imitaba al Sol ("émulo casi del mayor lucero").

Pigmalión y su amada Galatea

  • Autora:
  • Fecha: Diciembre de 2020.

La sacerdotisa gala Norma

Norma (1831) es el título de una ópera de Vincenzo Bellini, autor también de otras óperas famosas como La sonnambula e I puritani. La ópera se estrenó en Italia, cuando los italianos luchaban por su independencia nacional y su unificación frente al imperio austro-húngaro. La historia está ambientada en una aldea de la Galia, como las historietas de Astérix y Obélix, durante la ocupación romana. Los galos se rebelan contra los invasores. Los druidas hacen sus sacrificios a la Luna en el bosque de los árboles sagrados y recogen el muérdago. Norma es una sacerdotisa gala de la Luna, pero tiene una relación con Pollione, general romano con el que ha tenido dos hijos secretos. Pero Pollione se ha enamorado de Adalgisa, una joven sacerdotisa alumna de la mismísima Norma. Ella cuenta su dolor a su maestra y le confiesa que un romano le pide que se vaya con él a Roma, que rompa sus relaciones con los suyos. Norma la anima a que siga los dictados de su corazón, mas cuando Adalgisa le confiesa que su amante es Pollione, monta en cólera y prepara su terrible venganza.

En primer lugar, piensa en matar a sus hijos, pero recapacita y decide no hacerlo. Luego, anima a los galos a la rebelión. Pretende asesinar a Pollione y acusar a Adalgisa por traidora. Pero... se da cuenta del amor sincero de Pollione y Adalgisa, se arrepiente de sus maldades y confiesa que ha sido ella la primera en romper sus votos y traicionar a su pueblo. Pide a su padre, sumo sacerdote de los druidas, que cuide de sus hijos y se arroja a la hoguera preparada para Adalgisa. Pollione, sin pensar tampoco en sus hijos ni en su nuevo amor, se lanza también al fuego y allí mueren los dos amantes.

Más información:

La fundación de Roma

Según la leyenda, en tiempos remotos vivieron dos hermanos gemelos, Rómulo y Remo, que nada más nacer fueron arrojados a las aguas del río Tíber para que se ahogaran, por orden del usurpador que había desalojado del trono al rey legítimo. Pero quienes tenían que ejecutar aquella orden tan cruel sintieron piedad por los pequeños y los pusieron en una canasta, que, arrastrada por las aguas, se detuvo en las raíces de una higuera. Fue así como una loba se acercó al canasto, encontró a los niños y, en vez de devorarlos, se los llevó a su cueva y los amamantó como si fueran sus propios cachorros.

Un tiempo después, los encontró un pastor de ovejas, se los llevó a casa y los crió como si fueran sus propios hijos. Y cuando los niños se hicieron mayores, les dijo la verdad: que no eran hijos suyos, sino que eran nietos de Numitor, el rey de aquellas tierras, al que un usurpador había destronado; que el tirano había matado a su madre y había ordenado que a ellos los echaran a las aguas del Tíber, pero que los dioses los habían salvado, la loba los había recogido y él los había criado. También le dijo a Rómulo que ese tirano es el que había detenido a Remo y pensaba matarlo.

Entonces, Rómulo organizó un ejército de pastores como él y luchó con el tirano y lo derrotó. Liberó a su hermano, devolvieron el trono a su abuelo Numitor y este, agradecido, les dijo que eligieran el territorio que más les gustase del reino y que se lo quedaran para ellos.

Los hermanos deliberaron, eligieron la orilla del río Tíber, porque allí se habían salvado, y fundaron una nueva ciudad a la que una de los dos daría su nombre.

Rómulo cogió dos bueyes, los unció al arado y abrió un extenso surco en torno al monte para delimitar el perímetro de la nueva ciudad, y después dijo que la ciudad se llamaría Roma y que tendría unas murallas inexpugnables donde se guarecerían sus habitantes.

Los campesinos que vivían y pastoreaban por allí se reían de Rómulo, porque no veían más que piedras y arbustos. Pero andando el tiempo, sobre el surco abierto por Rómulo, se levantaron las murallas y dentro de ellas prosperó la gran ciudad de Roma, que llegó a ser la capital de un gran imperio.

Homoerotismo en el mundo antiguo: Aquiles y Patroclo, Alejandro y Hefestión...

Bibliografía, webgrafía

  • CALERO HERAS, José, "Tema 2-Literatura griega", en Literatura universal. Bachillerato. Barcelona, Octaedro, 2009, pp. 20-36.
  • IBORRA, Enric, "Tema 1. Antigüedad (II): Literaturas griega y latina", en Literatura universal. Bachillerato. Alzira, Algar, 2016, pp. 33-58.
  • ANGELIDOU, María, Mitos griegos. Adapt.: Miguel Tristán. Ilustr.: Svetlin. Barcelona, Vicens Vives, 2008. (Col. "Cucaña").

Edición, revisión, corrección

  • Primera redacción (noviembre 2017): Letraherido. Alumnos del IES Avempace.
  • Revisiones, correcciones: Letraherido