Pedro Calderón de la Barca (1600-1681) y su escuela

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Pedro Calderón de la Barca (1680-1681)

Nació en Madrid, como Lope y Tirso. Estudió en las universidades de Alcalá y Salamanca. Fue ordenado caballero de la orden de Santiago. Estuvo siempre relacionado con la corte, donde acabó siendo capellán real después de una juventud agitada.

Su obra supone la culminación del teatro del Siglo de Oro. Recogió las renovaciones de Lope e incluso usó sus mismos temas, pero dándoles un tratamiento muy personal, como vemos en El alcalde de Zalamea, comedia donde lleva al máximo el tema del honor y que tiene exactamente el mismo título que la que escribió antes Lope de Vega.

En su etapa de madurez, se apartó incluso de su maestro y profundizó en un teatro más filosófico y existencial, con un título emblemático: La vida es sueño, donde sintetiza la idea barroca del desengaño y del libre albedrío. Su protagonista, Segismundo, es uno de los grandes mitos del teatro universal.

Escribió ciento diez obras, que podemos clasificar temáticamente:

  • Dramas religiosos: La devoción de la cruz, El príncipe constante, El mágico prodigioso, etc.
  • Dramas filosóficos: La vida es sueño, La hija del aire, En esta vida todo es verdad y todo es mentira, etc.
  • Dramas trágicos: El alcalde de Zalamea, La niña de Gómez Arias, etc.
  • Dramas de honor: A secreto agravio, secreta venganza; El médico de su honra; El pintor de su deshonra, etc.
  • Comedias de enredo y de capa y espada: La dama duende; Casa con dos puertas, mala es de guardar; El alcalde de sí mismo, etc.
  • Autos sacramentales: El gran teatro del mundo, La cena del rey Baltasar, Los encantos de la culpa, El divino Orfeo...

El alcalde de Zalamea, de Calderón de la Barca

Esta obra lleva a su apogeo el tema del honor. El alcalde de Zalamea de la Serena, provincia de Badajoz, Extremadura, llamado Pedro Crespo, es un villano rico, cristiano viejo y muy querido en su pueblo, que lo ha elegido para llevar la vara municipal. Como el pueblo está cerca de la raya de Portugal, tiene obligación de dar cobijo a los soldados del Rey, que llegan al mando del general Lope de Figueroa. Entre los oficiales, viene el capitán Álvaro Ataide, noble, quien se cree con derecho a pisotear lo humano y lo divino, un poco al modo de Don Juan Tenorio. El capitán viola a la hija de Pedro Crespo y este lo retiene y le dice que o se casa con su hija, para reparar la afrenta a su honor, o será ahorcado.

La obra plantea un problema de jurisdicciones, pues, por un lado, los civiles no pueden encausar a los militares y, por otro, reivindica el derecho al honor de los villanos enriquecidos y de linaje limpio, algo que, hasta entonces, parece haber sido patrimonio exclusivo de la nobleza de sangre.

Por supuesto, todo en la obra termina bien, pues, aunque Pedro Crespo manda ajusticiar al capitán, tras haberse reído este de su propuesta y haberse negado a casarse con la hija del villano, al final de la obra el Rey en persona aparece en la escena para restablecer el orden social alterado y hacer justicia.

La obra tiene mucho de afirmación de los valores contrarreformistas de la España del XVII. Calderón, como Lope, ofrecen al público español un teatro de apoyo y confirmación del orden establecido.

Un ejemplo de literatura comparada: Polonio y Pedro Crespo

Pedro Crespo, protagonista de la obra calderoniana, alcalde de la villa de Zalamea de la Serena, en Badajoz, Extremadura, es villano, no noble. Sin embargo, está orgulloso de su linaje y defiende con celo su honor. Cuando su hijo Juan decide hacerse soldado y servir al lado del general don Lope de Figueroa, estos consejos le da su padre:

Pedro Crespo.- Por la gracia de Dios, Juan,
           eres de linaje limpio,
           más que el sol, pero villano.
           Lo uno y otro te digo;
           aquello, porque no humilles
           tanto tu orgullo y tu brío,
           que dejes, desconfïado,
           de aspirar con cuerdo arbitrio
           a ser más; lo otro, porque
           no vengas desvanecido
           a ser menos. Igualmente
           usa de entrambos designios
           con humildad; porque, siendo
           humilde, con cuerdo arbitrio
           acordarás lo mejor
           y como tal, en olvido
           pondrás cosas, que suceden
           al revés en los altivos.
           ¡Cuántos, teniendo en el mundo
           algún defecto consigo,
           le han borrado por humildes;
           y cuántos, que no han tenido
           defecto, se le han hallado,
           por estar ellos mal vistos!
           Sé cortés sobre manera;
           sé liberal y partido,
           que el sombrero y el dinero
           son los que hacen los amigos;
           y no vale tanto el oro
           que el sol engendra en el indio
           suelo, y que consume el mar,
           como ser uno bienquisto.
           No hables mal de las mujeres;
           la más humilde, te digo,
           que es digna de estimación;
           porque al fin de ellas nacimos.
           No riñas por cualquier cosa;
           que cuando en los pueblos miro
           muchos, que a reñir se enseñan,
           mil veces entre mí digo:
           “Aquesta escuela no es
           la que ha de ser”. Pues colijo
           que no ha de enseñarse a un hombre
           con destreza, gala y brío
           a reñir, sino a por qué
           ha de reñir; que yo afirmo
           que, si hubiera un maestro solo
           que enseñara prevenido,
           no el cómo, el por qué se riña,
           todos le dieran sus hijos.
           Con esto y con el dinero
           que llevas para el camino,
           y para hacer, en llegando
           de asiento, un par de vestidos,
           al amparo de don Lope
           y mi bendición, yo fío
           en Dios, que tengo de verte
           en otro puesto. Adiós, hijo;
           que me enternezco en hablarte.

También la prima de Juan, Inés, le despide de una manera preciosa, con unos versos donde no hablan las palabras, sino los ojos:

Inés.-     Nada te digo
           con la voz, porque los ojos
           hurtan a la voz su oficio.
           Adiós.

En una de las tragedias más universales de Shakespeare, en Hamlet, hay también un parlamento asombrosamente similar al de Pedro Crespo: el que le dedica Polonio a su hijo Laertes, después de que este haya pedido permiso al rey Claudio y a la reina Gertrudis para irse de nuevo a Francia. Esto le dice el sabio Polonio a su vástago:

Polonio.-  ¿Aún estás aquí? ¡Qué mala vergüenza! A bordo, a bordo, el viento impele
           ya por la popa tus velas, y a ti sólo aguardan. Recibe mi bendición y procura
           imprimir en la memoria estos pocos preceptos. No publiques con facilidad lo
           que pienses, ni ejecutes cosa no bien premeditada primero. Debes ser afable,
           pero no vulgar en el trato. Une a tu alma con vínculos de acero aquellos
           amigos que adoptaste después de examinada su conducta; pero no acaricies
           con mano pródiga a los que acaban de salir del cascarón y aún están sin
           plumas. Huye siempre de mezclarte en disputas; pero una vez metido en ellas,
           obra de manera que tu contrario huya de ti. Presta el oído a todos y a pocos
           la voz. Oye las censuras de los demás; pero reserva tu propia opinión. Sea
           tu vestido tan costoso cuanto tus facultades lo permitan; pero no afectado
           en su hechura, rico, no extravagante, porque el traje dice por lo común
           quién es el sujeto, y los caballeros y principales señores franceses tienen
           el gusto muy delicado en esta materia. Procura no dar ni pedir prestado a
           nadie, porque el que presta suele perder a un tiempo el dinero y el amigo,
           y el que se acostumbra a pedir prestado falta al espíritu de economía y
           buen orden, que nos es tan útil. Pero, sobre todo, usa de ingenuidad
           contigo mismo, y no podrás ser falso con los demás, consecuencia tan necesaria
           como que la noche suceda al día. Adiós y Él permita que mi bendición haga
           fructificar en ti estos consejos.
Laertes.-  Humildemente os pido vuestra licencia. (Se arrodilla y besa
           la mano a Polonio.)

La vida es sueño, de Calderón

Es su obra más universal. Corresponde a su época de madurez, cuando ya deja atrás al maestro Lope y se lanza a producir un teatro más filosófico y existencial. Su protagonista, Segismundo, es uno de los grandes mitos del teatro universal, a la altura de Hamlet, por poner un ejemplo.

Un ejemplo de literatura comparada

En La vida es sueño, al príncipe Segismundo, su protagonista se le hace creer que buena parte de su vida ha sido un sueño. Así, empieza a pensar que todo en el existir humano, los sufrimientos y los placeres, ha de tomarse con resignación estoica, ante la fugacidad de la vida y la fácil mudanza de la Fortuna.

Por la misma época de esta obra calderoniana (siglo XVII) se representaba en Oriente una obra breve de autor anónimo, Kantan, en la que el joven Rosei viaja en busca del sentido de la vida. Agotado por su largo viaje, Rosei descansa en la humilde choza de una anciana, quien le ofrece una almohada mágica de la ciudad china de Kantan para que descanse durante unos minutos. Adormecido sobre la almohada, llega una comitiva que le comunica que le han hecho emperador. Y ocupa el cargo cincuenta años, tras los cuales, a punto ya de morir en el lecho, la anciana lo despierta y le ofrece una sopa caliente de mijo. Rosei se da cuenta entonces de que su vida de lujo y placer no ha sido nada más que un sueño. Y como Segismundo, comprende el sentido de la vida.

El parecido entre las dos obras es evidente. Y aún podríamos añadir un tercer ejemplo: el famoso monólogo de Hamlet en la tragedia homónima de Shakespeare, donde el príncipe danés compara el sueño a la muerte. Así pues, el cisne de Stradford añade en su inmortal tragedia un nuevo matiz: quizás la vida sea un sueño, pero quizá la muerte también lo sea.

Leamos algunos fragmentos de las obras aludidas:

  • La vida es sueño, de Calderón de la Barca:
Segismundo.- Sueña el rey que es rey, y vive
         con este engaño mandando,
         disponiendo y gobernando;
         y este aplauso, que recibe
         prestado, en el viento escribe,
         y en cenizas le convierte
         la muerte, ¡desdicha fuerte!
         ¿Que hay quien intente reinar,
         viendo que ha de despertar
         en el sueño de la muerte?
            Sueña el rico en su riqueza,
         que más cuidados le ofrece;
         sueña el pobre que padece
         su miseria y su pobreza;
         sueña el que a medrar empieza,
         sueña el que afana y pretende,
         sueña el que agravia y ofende,
         y en el mundo, en conclusión,
         todos sueñan lo que son,
         aunque ninguno lo entiende.
            Yo sueño que estoy aquí
         destas prisiones cargado,
         y soñé que en otro estado
         más lisonjero me vi.
            ¿Qué es la vida?  Un frenesí.
         ¿Qué es la vida?  Una ilusión,
         una sombra, una ficción,
         y el mayor bien es pequeño:
         que toda la vida es sueño,
         y los sueños, sueños son.
  • Kantan (anónimo japonés del teatro nô, teatro breve y popular):
NOTA: En la web Teatro oriental: China y Japón,
   puede verse más información sobre el teatro japonés,
   el  y la obra Kantan, enlace: "El teatro japonés"
Coro.-   Aunque duren cien años los placeres,
         cuando se acaba la vida, 
         cuando se acaba la vida,
         la gloria de cincuenta años
         llegó a ser insuperable.
         Desaparece el deseo de riqueza y larga vida.
         Además de ocupar el trono,
         durante cincuenta años de placer,
         ¿qué puede quedar?
         En efecto,
         todo lo que sucede en esta vida
         dura solo lo que dura un sueño. (Fijándose en la almohada.)
Rosei.-  (Cantando.) Ahora sí entiendo el sentido de la vida.
         (Se golpea las rodillas con el abanico.)
Coro.-   Pensándolo bien,
         lo que buscaba
         para alcanzar la verdad
         y la sabiduría
         era esa almohada. (Mirando la almohada.)
         ¡Cómo dar las gracias a esta almohada de Kantan!
         ¡Cómo dar las gracias a esta almohada de Kantan!
Rosei.-  (Se arrodilla y eleva la almohada con las manos.)
         Sabiendo que todo en este mundo es sueño,
         cumplido mi propósito,
         ahora parto a mi hogar.
  • Hamlet, príncipe de Dinamarca, de William Shakespeare:
Hamlet.- Ser o no ser (...) Morir es dormir. ¿No más?
         ¿Y por un sueño, diremos, las aflicciones se acabaron y los dolores
         sin número, patrimonio de nuestra débil naturaleza?...
         Este es un término que deberíamos solicitar con ansia.
         Morir es dormir... y tal vez soñar.

La escuela de Calderón de la Barca

Calderón tuvo, como Lope, varios seguidores. Entre ellos, los más importantes fueron:

  • Francisco Rojas Zorrilla, autor del drama Del rey abajo, ninguno.
  • Agustín Moreto, autor de El lindo don Diego, El desdén con el desdén y El parecido en la Corte.

Bibliografía, webgrafía

  • Alonso, Santos y otros: Lengua castellana y literatura. 1º Bachillerato. Barcelona, Casals, 2016, tema 12 "El Barroco: la poesía", pp. 252-277, y tema 13 "El Barroco: la prosa y el teatro", pp. 278-305.

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Trabajos de los alumnos

Barroco (siglo XVII). Introducción

Lírica culta

Teatro

Narrativa, erudición, prosa

Autores aragoneses del Barroco

Escritoras del Barroco

Edición, revisión, corrección

  • Primera redacción (enero 2021): alumnos de 1º Bachillerato C. Curso 2020-2021.
  • Revisiones, correcciones: Letraherido.