Sobre los orígenes de la literatura universal

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Revisión de 20:39 17 nov 2020 por Letraherido (Discusión | contribuciones) (Mitología y literatura)

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De la Prehistoria a la Historia

La palabra literatura viene del latín littera, que significa letra. Sin embargo, la literatura comenzó siendo oral, no escrita, pues es anterior a la invención de la escritura y, durante siglos, milenios incluso, los textos literarios que los pueblos antiguos consideraban de gran valor eran transmitidos de boca en boca, generación tras generación. La literatura empezó a ser escrita cuando algunos escribas se preocuparon por trasladar al soporte escrito aquellos textos que, hasta entonces, habían permanecido ágrafos.

Así pues, la literatura nace con la invención de la escritura, o sea, con el comienzo de la historia; no hay literatura prehistórica, pues los "textos" de aquella época son más bien vestigios culturales, restos arqueológicos, como hachas, necrópolis, flechas, fósiles..., nunca textos escritos.

De la Prehistoria, no vamos a hablar aquí, pues es un periodo que se estudia en otra ciencia. Pero sí conviene retener algunos conceptos básicos:

Al principio, en la Tierra no había seres humanos. El planeta tardó muchos millones de años en estabilizarse y ser apto para la vida. En el Cuaternario, aparecen las plantas y los animales, entre ellos los famosos dinosaurios. Los primeros seres vivos vivían en el agua (algas, gusanos, esponjas, medusas...), evolucionaron hasta que aparecieron los peces y las ranas. Después, los antepasados de los reptiles pasaron a la tierra firme. Y así llegamos a los dinosaurios que vivieron hace más de doscientos millones de años. Algunos eran enormes, otros del tamaño de un perro. Unos eran herbívoros y otros, terribles cazadores. Pero todos eran reptiles, es decir, ponían huevos y tenían la piel cubierta de escamas. La palabra "dinosaurio" significa "lagarto terrible".

El hombre aparece sobre la faz de la Tierra hace dos millones y medio de años. Era un nuevo animal que caminaba sobre dos piernas, tenía gran capacidad craneal y emitía gruñidos más o menos articulados. Era un mamífero, como otras especies, y pertenecía como el mono a la familia de los primates. El más antiguo de los homínidos es el australopiteco, algo más que un mono, pero todavía no un hombre. El más conocido de esta especie se llamó Lucy, era una chica. El primer hombre propiamente dicho es el homo habilis, "hombre hábil", así llamado porque era capaz de fabricar herramientas. El homo erectus se aguantaba ya totalmente erguido. El hombre de Cro-Magnon es el primer hombre moderno, ya muy similar a nosotros, capaz de cazar y pescar. Usaba hachas de piedra, flechas de hueso tallado y lanzas de madera. También comía plantas y frutos. El reno era un animal fácil de cazar, porque viajaba siempre en rebaños. De él, aprovechaban su carne, su piel, sus huesos, sus cuernos y su grasa. Con su piel hacía vestidos y tiendas. Usaba los tendones del animal para coser y hacía agujas, herramientas (raspadores, etc.) y armas (puñales, flechas...) con sus huesos.

Los primeros seres humanos vivían en grupos, en tribus no muy numerosas, pues si fueran muchos no habría tantas posibilidades de sobrevivir por falta de alimento. Eran cazadores, pescadores y recolectores. Solían instalarse en lugares resguardados, protegidos de los animales salvajes, cerca de los ríos, próximos a las cuevas o cavernas. También construían tiendas con ramas y pieles de animales. En sus refugios, mantenían un fuego encendido que les daba calor y los protegía de los animales salvajes. No vivían mucho tiempo en el mismo lugar, eran nómadas, se desplazaban siguiendo la caza. En las cuevas que habitaban dejaban dibujos, pintados con los dedos, con ramas y hojas, que representaban animales salvajes: caballos, toros, bisontes, mamuts, etc. Usaban colores naturales: rojo, amarillo, negro... Se alumbraban con lámparas de aceite. Los dibujos tenían un carácter mágico o ritual, religioso, sagrado. Por eso no vivían en esas cuevas dibujadas, sino que se reunían allí para realizar ceremonias. Un ejemplo de cueva pintada es la de Altamira, en Cantabria.

Con el paso del tiempo, los seres humanos descubren la agricultura y la cría de animales domésticos, con lo que siempre disponían de comida y dejaron de ser nómadas, para hacerse sedentarios. Así se hicieron más fuertes y mejor alimentados, vivieron más años y se organizaron socialmente en poblados en la época que llamamos Neolítico (o "Edad de la Piedra Nueva"). Se hicieron casas de madera, vasijas de barro para conservar la comida y cocinarla, ropa de lana... Se plantaban semillas para que crecieran el trigo, la cebada, el maíz... Se domesticó a los animales salvajes; en primer lugar, el lobo, convertido en perro con el andar de los siglos.

También aparecieron los primeros monumentos: los megalitos, "grandes piedras" que eran tumbas o dedicatorias a los dioses prehistóricos: dólmenes, menhires, navetas como las de Menorca, alineamientos como los de Carnac, en Francia; círculos mágicos como el de Stonehenge, en Inglaterra.

Las edades históricas

Por tanto, la primera literatura a la que podemos acceder es la literatura de la Edad Antigua, la primera edad histórica, la de las grandes civilizaciones orientales, pues, como sabemos, las culturas más viejas de la humanidad están en el Lejano, el Medio y el Próximo Oriente. De ellas, es especialmente relevante la literatura hebrea, con una obra fundamental que marcaría de manera definitiva la vida del Occidente europeo: la Biblia, cuyo influjo no ha cesado hasta hoy.

  • La cultura de la Humanidad va haciendo un recorrido de Oriente a Occidente: nace grandiosa en Japón y China (Lejano Oriente) y en la cultura védica hindú (Medio Oriente); se acerca a Europa con Creta, Micenas, Macedonia y Grecia; con Roma se extiende por todo el continente, hasta que la caída del Imperio romano en poder de los germanos, en el siglo V d. C., concluye la Edad Antigua e inaugura la Edad Moderna.

Son fechas relevantes para comprender la Edad Antigua:

- Cultura griega: siglos XII a. de C. a II a. de C.
- Cultura latina: siglos VI a. de C. a V d. de C.
  • La Edad Media va desde el siglo V hasta la toma de Constantinopla por los turcos (1453, siglo XV), si bien los historiadores españoles suelen retrasar el final de esta época hasta 1492, año del Descubrimiento de América. En la Edad Media triunfan el feudalismo y el teocentrismo. Son tiempos oscuros, la vida es un valle de lágrimas, dura poco, el hombre está sometida a la guerra, la enfermedad y la muerte. La peste negra, por ejemplo, acabó con una parte importante de la población europea. En la Edad Media retrocede la cultura, no hay una gran civilización que sirva de referencia, quizás exceptuando el mundo árabe -los califatos de Damasco y Córdoba-, que alcanzó cotas de sofisticación y refinamiento impensables en el mundo cristiano. No hay ninguna ciudad comparable a la Roma antigua, que llegó a tener un millón de habitantes. En la Edad Media distinguimos dos etapas bien diferenciadas:
- Alta Edad Media: siglos V a XII.
- Baja Edad Media: siglos XII a XV. Los siglos XIV y XV sirven ya de transición al Renacimiento (siglo XVI), son prerrenacentistas.
  • La Edad Moderna es una época optimista, llena de confianza en las posibilidades del hombre. Se abandona el teocentrismo por una visión homocéntrica de la vida. Nacen el humanismo y los estados nacionales, España y Portugal entre ellos. La revolución científica crea confianza en las posibilidades del hombre. Empezamos a creer en el progreso, es posible dejar atrás las brumas del miedo, la superstición y la ignorancia. El hombre se enfrenta a su destino con confianza. Es la época de los grandes descubrimientos y las grandes navegaciones, comienza la colonización del Nuevo Mundo. La Edad Moderna durará hasta 1789, fecha de la Revolución Francesa. Algunos incluyen esta etapa bajo el nombre de Clasicismo o Era Clásica, que incluiría:
- Renacimiento (siglo XVI).
- Barroco (siglo XVII), conocido como Clasicismo en Francia.
- Neoclasicismo (siglo XVIII), también llamado Arcadismo (en Portugal), Ilustración (en Europa).
  • La Edad Contemporánea comenzó con aquella toma de la Bastilla, al ritmo de "La Marsellesa", y al grito de "Liberté, égalité, fraternité", y aún no ha terminado. El hombre deja de ser un súbdito para convertirse en un ciudadano, con sus derechos y deberes. Se limita el poder absoluto de los monarcas. Aparecen el constitucionalismo y la democracia. Pero en el siglo XIX se desarrolla también el colonialismo. Las potencias europeas se reparten el mundo. Las metrópolis niegan a las colonias las libertades que, en casa, conceden a sus habitantes. Comienza también la Revolución industrial, que produce a su vez el auge imparable del capitalismo. En el siglo XXI, hay un avance imparable de Asia, el continente con más futuro. China, Japón y los llamados "tigres asiáticos" (Corea del Sur, Taiwan, Hong-Kong, Singapur) tienen un desarrollo espectacular. Parece que el predominio cultural, político, económico vuelve otra vez a Oriente, después de haber transitado desde hace siglos desde allí a Occidente.

En cada época, los escritores, poetas, dramaturgos, ensayistas... han intentado dar testimonio de su tiempo, dejar huella de su paso, contar historias que mostraran a la posteridad y a los lectores de su tiempo, con maestría artística inigualable, las grandezas y contradicciones de la condición humana. Es por eso por lo que las obras literarias, además de su valor artístico (como obras de arte), tienen también un valor añadido como documentos históricos, sociológicos, económicos...

El canon literario

La Historia de la Literatura universal no intenta otra cosa más que enseñar a los lectores cuáles han sido los autores y obras, los movimientos y escuelas que más han influido a lo largo del tiempo. Esto quiere decir que toda historia literaria debe ser remitida a un concepto, una idea mejor o peor formulada, de canon. Hay, evidentemente, una serie de autores y obras mayores que nunca podrán faltar en los manuales. Homero y la Iliada, Dante y la Divina Comedia, Shakespeare y Hamlet, Molière y Tartufo, Cervantes y Don Quijote..., son algunos ejemplos muy evidentes. Otros nombres y títulos podrán ser más o menos discutidos, estar o no presentes, dependiendo de los criterios de los antólogos, los historiadores y los críticos. En literatura, como en todo, es importante remitirse a la noción de consenso.

Nuestro canon, al que llamamos pomposamente "universal", es en realidad mucho más local de lo que pensamos. Deberíamos llamarlo mejor "occidental". Durante muchísimos siglos fue exclusivamente "eurocéntrico" y refleja muy bien nuestros prejuicios más arraigados. Así, cualquier persona que lea un manual de Historia de la Literatura universal podrá observar en él una presencia exagerada, casi monopolística, de hombres (y no de mujeres), más exactamente de hombres blancos, preferentemente acomodados y cultos, del mundo académico más que del mundano. Es curioso observar también cierto divorcio entre el canon popular (o de la calle) y el académico-universitario-escolar: no siempre las obras más apreciadas por el público han gozado del aprecio de los doctos.

Pero con sus imperfecciones y vaivenes, la Historia de la Literatura universal puede ser un instrumento eficaz para obtener una visión panorámica de lo que ha sido el mundo literario a lo largo de los siglos, qué obras han influido más, qué temas, cuáles son los personajes universales que permanecen en el imaginario colectivo, etc.

Temas y tópicos literarios

Carpe diem

La literatura siempre ha estado vinculada a las grandes preguntas, como la filosofía. Ello se debe a que es profundamente humana, hecha por hombres y para los hombres. Como dijo el comediógrafo latino Terencio, "humano soy, y nada de lo humano a mí ajeno juzgo". A lo largo del tiempo, una serie de temas reaparecen continuamente en los diferentes autores, lenguas y épocas. Entre esos temas recurrentes podemos citar los siguientes:

  • El sentido de la vida del hombre: ¿qué es el ser humano?, ¿cuáles son su valor y su grandeza?, ¿qué lugar ocupamos en el mundo?, ¿somos realmente los reyes de la creación?, ¿cómo son nuestras relaciones con las demás especies?, ¿existen otros mundos posibles, otros lugares o planetas donde hay vida extraterrestre?... Todas estas preguntas nos han angustiado siempre y la literatura ha intentado responderlas.
  • La presencia del dolor y la muerte: los autores han reflexionado sobre el porqué de la existencia del mal, la posibilidad de la existencia de Dios, ¿tiene la vida algún sentido trascendente?, ¿es un mero azar material sin propósito?
  • La descripción de las sociedades y hábitos humanos: una descripción no exenta de crítica. La literatura ha sido un medio de análisis y conocimiento de lo social, pero también un método de reforma, de influencia en el prójimo, de petición de cambio. Sobre todo a partir del siglo XIX, con la novela realista, la literatura se ha ocupado muy extensamente de la tensa relación del individuo con el estado: ¿hasta qué punto influye el ambiente?, ¿somos realmente libres?, ¿estamos condicionados por la dimensión social?
  • La metaliteratura: es decir, la relación de unos libros con otros libros. En la Odisea, Ulises comienza a llorar cuando escucha al aedo Demódoco cantar la gesta del caballo de Troya. En la segunda parte del Quijote, Don Quijote se encuentra a unos personajes que han leído sus aventuras en la primera parte del libro. Los libros se van remitiendo unos a otros, crean una red de influencia mutua.
  • El amor es fuente inagotable de inspiración para poetas, dramaturgos y escritores. El amor sensual y el amor platónico, la carnalidad y el idealismo, todo está presente en las grandes obras literarias: La Celestina de Fernando de Rojas, el Libro de Buen Amor del arcipreste de Hita, Romeo y Julieta de Shakespeare... Pasiones, celos, adulterios, muertes, homsexualidad y heterosexualidad, todo está presente en las relaciones amorosas entre hombres y mujeres, y de todo ello da buena cuenta la literatura. A lo largo de la historia literaria, se han creado parejas de amantes que han pasado a la posteridad como ejemplo permanente: los amantes de Teruel, Nala y Dayamanti, Ulises y Penélope, etc. (Más información en el documento Grandes parejas de la literatura universal, en la web del IES Avempace).
  • Las hazañas de los guerreros son el tema fundamental de la épica. Las colectividades se cohesionan en torno al canto de las gestas de sus héroes, crean una identidad nacional, una visión determinada de la historia. Con los relatos épicos, los ciudadanos aprenden a tomar conciencia de sí mismos.
  • Los tópicos literarios son una serie de contenidos semánticos que se han tratado innumerables veces a lo largo de la historia. Suelen enunciarse en latín, con una breve frase. Entre los más famosos, cabe mencionar: el carpe diem (vive el día), el beatus ille (dichoso aquel que vive en contacto con la naturaleza), el aurea mediocritas (la dorada medianía, el elogio de la moderación), el Ubi sunt? (¿dónde están, qué se hizo de aquellos que murieron?, interrogación retórica sobre personas y cosas que ya no existen), el tempus fugit (el tiempo huye), etc. Puede verse una relación más completa sobre el tema en el documento Tópicos literarios.

Los mitos

En relación con el asunto anterior, relativo a los temas y los tópicos, tenemos la cuestión de los mitos. Platón definió el mito como "un relato que concierne a los dioses y a los héroes", y de esta definición derivan algunas características propias de los mitos:

  • Son narraciones antiguas, anteriores al nacimiento de la historia, siempre de los tiempos iniciales del mundo o de los pueblos.
  • En ellos participan seres sobrehumanos: los dioses y los héroes, animales mitológicos o personas de una naturaleza superior a la humana.
  • Los mitos son un intento de explicar alguna de las grandes cuestiones de la existencia, y esto los diferencia de los cuentos, ficciones con menores pretensiones que quieren fundamentalmente divertir, entretener, proporcionar placer. El mito intenta explicar, ser una revelación.
  • Por ello, los mitos se inclinan del lado de lo religioso o fundacional tanto como por el lado de lo literario o artístico. Todas las naciones, cuando están en estado de formación o nacimiento, necesitan asentar sus mitologías nacionalistas. El mito es, a la vez, relato y fe, narración y evidencia.

Los mitos son las respuestas primeras sobre los orígenes y el destino de una colectividad. El mito siempre figura entre los géneros literarios de los orígenes, al lado de la fábula, la epopeya, el cuento popular, la leyenda...

* Mitos y logos

Los mitos son intentos de desvelar los misterios que nos rodean, las fuerzas misteriosas que rigen nuestros destinos. En ese sentido, se parecen también a la ciencia y a la filosofía, ya que quieren permitir al hombre su acceso al conocimiento y la sabiduría. Entre mitos y logos, entre la poesía mitológica y la razón científico-filosófica hay una relación a la vez de oposición y complementariedad: el mito es una explicación poética e ingenua de los fenómenos de la naturaleza que se dan a sí mismas las naciones primitivas; y a medida que estas naciones van caminando por el sendero del progreso material, las explicaciones míticas van siendo sustituidas por teorías cada vez más rigurosas, más ajustadas a lo real, pero también menos poéticas. Mito y logos están en un combate continuo, en una eterna retroacción.

Lévi Strauss dice: “sabemos que todo mito es una búsqueda del tiempo perdido”. Y Durand recuerda que el mythos es “sincronismo prelógico”, explicación poética del mundo físico, no científica.

Uno de los más bellos ejemplos de mitos explicativos de lo natural lo tenemos, verbigracia, en el rapto de Perséfone: Hades, el dios de los infiernos, se la lleva parte del año al Tártaro -el mundo subterráneo-, y entonces la Tierra queda abandonada a los rigores del invierno. Pero cuando Perséfone vuelve al lado de su madre, Deméter, hermana de Zeus y diosa de la fertilidad, la alegría de ésta por tener de nuevo a su lado a su hija hace que los campos florezcan: llega así la primavera.

(Más información sobre este mito en El mito de Perséfone, entrada en Letr@herida, blog de literatura, por Alejandra Hidalgo.)

* Clases de mitos

  • Hay mitos cosmogónicos o cosmogonías, que se refieren a hechos naturales como el origen del mundo y del ser humano, la invención del fuego, fenómenos meteorológicos como el Diluvio, el sentido de la muerte, la posibilidad de la reencarnación o la resurrección, etc. Son mitos muy abundantes y son también siempre los más antiguos.
  • Existen igualmente mitos sobre prácticas del culto, originados en rituales de carácter mágico-religioso con los que los seres humanos esperan dominar las potencias naturales. Los rituales o ceremonias incluyen sacrificios humanos (para apaciguar al Dios Volcán, por ejemplo) o de animales (fiesta del cordero, matanza del cerdo), también ofrendas de objetos (ex-votos, amuletos de oro y plata, etc.).
  • Podemos citar también los mitos sobre dioses, más tardíos que los cosmogónicos, y que se forman cuando las fuerzas primitivas de la naturaleza se divinizan y se convierten en categorías divinas. Normalmente, las mitologías suelen presentar guerras civiles entre los dioses por la hegemonía cósmica, luchas de titanes, batallas de dragones, alianzas entre dioses, traiciones...
  • Por último, encontramos los mitos sobre héroes, que cuentan las hazañas de personajes famosos convertidos en leyenda. Estos mitos pueden tener como base un suceso histórico memorable y normalmente engrandecen los orígenes de las ciudades, las naciones y los pueblos. La función principal de los héroes es servir de nexo entre los dioses sobrenaturales y los hombres corrientes, de ahí que muchos tengan el estatuto de semidioses por haber sido engendrados por alguno de los inmortales.

* Mitología y literatura

Todos los pueblos tienen literatura y todos tienen también mitos. Ellos son los primeros materiales de los narradores y poetas. La mitología se convierte así en un tema omnipresente, tanto en las artes como en las letras. En la Edad Antigua se narraban incesantemente los mitos de cada pueblo. En la Edad Media la iconografía cristiana es ubicua, presente en todas las iglesias, catedrales, ermitas; en todas las villas, ciudades y pueblos.

De las mitologías conocidas, la clásica o grecolatina resulta especialmente influyente en la cultura occidental, desde la Edad Antigua hasta por lo menos el Renacimiento (siglo XVI), el Clasicismo (siglo XVII)v y el Neoclasicismo (siglo XVIII).

Personajes y arquetipos

Finalmente, hay que decir que muchos de los personajes literarios se han hecho tan célebres que son universales, han adquirido un carácter recurrente y arquetípico. Por ejemplo, Edipo, Ulises, Hércules, Aquiles, Fausto, Lázaro de Tormes, Don Quijote, Don Juan, Casanova, Gulliver, Robinson Crusoe, Aladino, Simbad, Alí Babá...

Lo mismo podríamos decir de los monstruos y los malvados, que también forman su arquetipo: Hagen, Moby Dick, los orcos, los trolls, los dragones, el Leviatán, Mefistófeles, Bellido Dolfos, Sauron, lord Vordemor, Yago (enemigo de Otelo), Ricardo III, etc.

Conviene recordar que, últimamente, también el cine se ha unido a la literatura para crear héroes y villanos: Supermán, Batman, Spidermán, Krugger, Anníbal el caníbal... son algunos de ellos.

Bibliografía, webgrafía

  • LU-Literatura universal, web del Departamento de Lengua del IES Avempace: programaciones didácticas, archivos, vídeos...
  • CALERO HERAS, José, Literatura universal. Bachillerato. Barcelona, Octaedro, 2009.
  • IBORRA, Enric, Literatura universal. Bachillerato. Alzira, Algar, 2016.

Edición, revisión, corrección

  • Primera redacción (noviembre 2016): Letraherido
  • Revisiones, correcciones: