La comedia francesa: ''Molière'' (1622-1673)

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Jean-Baptiste Poquelin, Molière (1622-1673).

Jean-Baptiste Poquelin, conocido universalmente como Molière

Jean Baptiste Poquelin nació el 15 de enero de 1662 en la rue saint Honoré, en París, bajo el reinado de Luis XIII, coronado en 1610.

Cuando no había cumplido los once años, en 1633, murió Marie Cressé, su madre, y su padre se casó poco después, el mismo año de 1633, con Catherine Fleurette; pero también su madrastra morirá tres años después, en 1636, dejando dos huérfanos. Por entonces, la Inquisición hacía abjurar a Galileo Galilei de sus “errores”: la Tierra no se movía alrededor del Sol (“Eppur si muove!”).

En 1635, Jean Baptiste entra en el colegio jesuita de Clermont (de donde saldrá en 1641), que hoy es el liceo Luis el Grande de París. Era el más célebre centro educativo de la ciudad. Allí aprendió la filosofía escolástica que luego fustigará tan duramente (por ejemplo, en Tartufo) y el latín, que le fue de gran utilidad, pues así pudo leer y traducir a Plauto, Terencio, Lucrecio… Allí también entra en contacto con personajes de alta alcurnia, como François Bernier, Edmond Rostand y otros que luego serán valedores suyos, entre los que se cuentan el príncipe Armand de Conti, que fue un tiempo su mecenas. Ese año de 1635 se funda la Academia Francesa y Francia entra en guerra con España.

En 1637, Jean Baptiste jura su cargo de “valet de chambre tapicero” del Rey, pero pocos años después renuncia al cargo en favor de su hermano. Descartes publica el Discurso del método. Corneille publica Le Cid.

Dos años más tarde, en 1639, nace el autor de tragedias Jean Racine.

En 1642, obtiene una licenciatura en derecho en Orléans. En sus años de estudiante había tratado con librepensadores y “libertinos”, cuyas ideas de tolerancia y reformismo social podrán rastrearse después en las obras de Molière. Nuestro comediógrafo apenas ejerce su cargo de abogado por unos meses y pronto lo abandona y funda, con Madeleine Béjart, el Illustre Théâtre, compañía compuesta por diez actores y actrices. La Béjart, unos años mayor que él, fue su amante muchos años y ella lo inclinó definitivamente hacia el mundo de las tablas. La de actor era entonces una profesión insegura y mal vista, pero Molière la hizo suya, movido por su gran vocación escénica.

Vida Personal

Jean-Baptiste Poquelin Molière

Su vida no fue fácil, pero afortunadamente gozó del favor real, pues fue hombre de letras cortesano. Ello le permitió representar sus obras en los grandes palacios, aun a pesar de la fuerte oposición de la iglesia, la nobleza y sus propios compañeros de oficio, celosos de su éxito, cada vez que estrenaba una obra. Sus comedias fueron a menudo juzgadas como irreverentes, blasfemas, inadecuadas... El autor pasó parte de su vida metido en querelles, polémicas con sus compañeros de profesión, con la Iglesia, la nobleza, la burguesía… Molière, como buen actor, se murió, como suele decirse, “con las botas puestas”, “al frente del cañón”. Es decir, en plena faena, mientras representaba su última obra, El enfermo imaginario. El tema de la comedia era, precisamente, la hipocondría, el miedo a la muerte, un mal que el pobre Molière, que tenía mala salud, sufría en sus propias carnes y que representa en escena burlándose de sí mismo y de sus propios temores.

Pero en esta ocasión, la enfermedad del enfermo no era imaginaria, sino real. Y como el gran autor iba vestido de amarillo en el momento de la representación, desde entonces ese color se convirtió en cromatismo maldito para las gentes de la escena.

Su padre, Jean Poquelin, era tapicero y, desde 1631, tapicero del Rey. Su madre se llamaba Marie Cressé y murió pronto, en 1633, cuando Jean-Baptiste aún no había cumplido once años. Así pues, sus orígenes fueron humildes, pero ello no le impidió subir a la gloria. Pudo haber seguido la trayectoria familiar y haber sido un tapicero real de cómoda vida burguesa. Pero prefirió la aventura e incertidumbre del teatro. Y logró la inmortalidad. Tras su muerte, su compañía, fusionada con la del Hôtel de Bourgogne, formó la Comédie Française, que aún hoy continúa activa.

Fue un gran creador de tipos: el avaro, el hipócrita, el erudito a la violeta, el petimetre o joven a la moda, la “preciosa”, la “coqueta”, la mandona, el calzonazos, el misántropo, el confesor abusivo, el médico ignorante… y, como Shakespeare, un hombre de teatro total: actor, director, autor y empresario.

Se inspiró en la comedia clásica grecolatina, especialmente en Plauto. Más que por la originalidad, destaca por sus dotes como observador social, su habilidad para los diálogos, su lenguaje sencillo y natural, su sentido de la ironía y del humor… Nos ha dejado personajes memorables como el hipócrita Tartufo, el avaro Harpagon, el hipocondriaco Argan, Mr. Jourdain el burgués gentilhombre, el pedante Trisotin… Hombre de gran ingenio, fustigó los vicios de la burguesía, la nobleza y la Iglesia, lo que le trajo no pocos sinsabores. Sufrió censuras, denuncias, cárcel. Vio morir a sus seres queridos (padres, amantes, hijos). Conoció éxitos y fracasos. Tras su muerte, la Iglesia no quería enterrarlo en sagrado por su doble condición de cómico y crítico anticlerical, pero por fin pudo descansar cristianamente gracias a la mediación del rey Luis XIV. Sus diálogos chispeantes, vigorosos, rápidos y directos lo han hecho universal.

¿Fue un revolucionario o un conservador? Las dos respuestas se han dado a esta pregunta. Algunos se han fijado en su humor corrosivo, su fino sentido de la ironía, su carácter burlón y han deducido en Molière un espíritu de rebeldía. Otros se han aferrado a su condición de cortesano, de protegido del Rey, y han recordado los casos de verdaderos revolucionarios que acabaron, por sus actividades subversivas, en la hoguera o en la guillotina. Dejando al margen las cuestiones de ideología, hoy día preferimos verlo sobre todo como un apasionado de la escena, como un “atleta completo del teatro”(Audiberti) o un “genio cómico” (Ramón Fernández). Plauto y Terencio, las farsas medievales, la Commedia dell’Arte, las comedias de enredo españolas, las magnificencias visuales de los ballets cortesanos del barroco… Todo le sirve a Molière para conseguir el perfecto espectáculo teatral, para convertir la representación en una gran fiesta pansensual (para todos los sentidos): música, danza, tramoya y representación.

Obra literaria de Molière

Jean-Baptiste Poquelin Molière, El enfermo imaginario

En las obras de Molière encontramos gran variedad de procedimientos cómicos:

  • comicidad de los gestos (procedente de la gestualidad farsesca)
  • comicidad de los caracteres (coléricos, ingenuos, avaros…)
  • comicidad de lengua (juegos de palabras, ironías, dobles sentidos…)
  • comicidad de situaciones (malentendidos, equívocos, quidproquos…)

Entre sus obras maestras destacamos:

  • Las preciosas ridículas (1659)
  • La escuela de las mujeres (1662)
  • Tartufo (1664)
  • Don Juan (1665)
  • El misántropo (1666)
  • El médico a palos (1666)
  • El avaro (1668)
  • El burgués gentilhombre (1670)
  • Las mujeres sabias (1672)
  • El enfermo imaginario (1673).
Jean-Baptiste Poquelin Molière La Tartufa

Como les ocurre a los grandes genios, tardó en ser reconocido. Baste referir la siguiente anécdota:

Un día, ya muerto Molière, el rey Luis XIV, que había sido siempre su
protector, oyó decir a Boileau que Molière era el mejor dramaturgo de
su época y el Rey Sol, irritado, gruñó:“Pero eso no lo sabía yo”.

Lo había protegido en vida, pero solo lo consideraba uno más de sus lacayos. La historia del teatro ha demostrado la falta de alcance del aserto del monarca. Molière arremetió contra los médicos y usureros (sus “bestias negras” más recurrentes) y cuestionó:

  • la educación que se daba a la mujer en su tiempo (“En la situación de obediencia en la que me hallo, solo puedo decidir sobre mis sueños”, dice Frosina, en la esc. I, acto IV de El avaro),
  • la sumisión ciega de los hijos a los padres,
  • los matrimonios de conveniencia,
  • la rígida educación religiosa,
  • la hipocresía y el autoritarismo de los poderosos…

Y eso en un momento, el siglo XVII, clásico en Francia y anti-clásico o barroco en Inglaterra y España, en que la Iglesia y la Monarquía querían el sometimiento del pueblo con efectos escénicos que produjesen admiración. Es la época de los grandes palacios y jardines (como Versalles), de obras monumentales, de una teatralidad opulenta, ampulosa. Como señala Carrascal (1986),“el teatro era en ese momento el compendio de una sociedad inmersa en una gigantesca escenografía”.

Molière rompió con la cómoda vida burguesa que podía haber llevado como tapicero real. Y tampoco fue acomodaticio como cortesano, aunque sí se sirvió de los grandes medios que le proporcionaba el favor real: vestuario fastuoso, espectacularidad, multisensorialidad (música-danza, escenografía-actuación).

Prefirió convertirse en un espoleador de las conciencias, antes que ser uno más en la legión de los aduladores. Por eso tuvo tantos problemas con los poderosos. Su espíritu burlón se reía cínico a través de sus personajes, como el criado Valerio en El avaro:

“He comprobado que para ganar la voluntad de los hombres no hay mejor medio que
presentarse a sus ojos con sus mismas inclinaciones, repetir sus principios, alabar
sus defectos y aplaudir todo cuanto hagan. Y no debe temerse el exceso de halagos
ni que sean evidentes: los más instruidos son siempre los más propicios a las adulaciones
y no hay nada, por ridículo o improcedente que sea, que no puedan digerir, si se
lo das sazonado con alabanzas. La verdad es que con este hacer, la sinceridad sale
mal parada, pero cuando se necesita a los hombres, es necesario plegarse a lo que son.
Y si no hay otro medio de conseguirlo, la culpa no es de los aduladores, sino de aquellos
que quieren ser adulados”.
Jean-Baptiste Poquelin Molière El Avaro

Bibliografía y webgrafía

  • CALERO HERAS, José, "Tema 5. Renacimiento y Clasicismo", en Literatura universal. Bachillerato. Barcelona, Octaedro, 2009, pp. 77-106.
  • IBORRA, Enric, "Tema 4. Los siglos XVI y XVII: del Renacimiento al Barroco", en Literatura universal. Bachillerato. Alzira, Algar, 2016, pp. 85-110.

Trabajos de los alumnos

  • Molière-1, PPoint de Andrés Negre e Isabel Marco. 1º Bachillerato D. Curso 2015-2016.
  • Molière-2, PPoint de Ana Tabuenca y Sara Sanromán. 2º de Bachillerato A. Curso 2013-2014.

Edición, revisión, corrección

  • Primera redacción (diciembre 2016): Alejandra Hidalgo
  • Revisiones, correcciones: Letraherido