Mitología clásica grecorromana

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La mitología grecolatina: dioses y héroes

Los mitos griegos y romanos han tenido siempre una gran vigencia en la cultura occidental. No solo durante la Edad Antigua, la Edad Media y la Edad Moderna, sino también en nuestra Edad Contemporánea siguen haciéndose versiones renovadas de los grandes mitos clásicos. Y no únicamente en la literatura: también en otras artes, como el teatro, la danza, la música, el cine...

Cronos: el tiempo devorador

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  • Fecha: Diciembre de 2018.

El rapto de Europa

Rapto de Europa, por el Veronés, 1580, Palacio Ducal de Venecia.

Europa, hija del rey Agenor, estaba un día en la playa con sus amigas cuando fue vista por Zeus, quien enseguida se sintió atraído por la belleza de la joven. Como sabía que el rey Agenor, sabedor de la belleza de su joven hija, la protegía continuamente, decidió utilizar su astucia para poder conseguir sus propósitos.

Para acercarse a la doncella sin levantar sospechas, el dios se metamorfoseó en un toro blanco y resplandeciente. Así, con esta forma animal, Zeus se acercó y se sentó a los pies de la joven. Europa, temerosa en un principio por la presencia del animal, poco a poco, fue cobrando confianza y empezó a acariciarlo. Fue tanta la confianza que le cogió que llegó a sentarse sobre el lomo del animal, el cual aprovechó la ocasión para levantarse y adentrarse en el mar, llevándose a la joven consigo, sentada en su lomo y aferrada a sus cuernos. A través del mar, ambos llegan hasta la isla de Creta, donde el dios y la mortal se unieron a la sombra de unos árboles que, en recuerdo de dicho acontecimiento, nunca perderían sus hojas.

De este amor nacieron tres hijos: Minos, Sarpedón y Radamantis. Además, Europa recibió tres presentes del dios olímpico: Talo (un autómata de bronce encargado de vigilar las costas de Creta), un perro que no dejaba escapar ninguna presa y una jabalina que nunca fallaba el blanco. Después, Zeus casó a Europa con Asterión, rey de Creta, quien adoptó a los hijos de Zeus por no tener hijos propios.

Finalmente, el toro cuya forma había adoptado Zeus se transformó en una constelación y pasó a ser un signo del Zodiaco: Tauro.

El rapto de Perséfone

Perséfone es hija de Zeus y Deméter (hija de Cronos y Rea, hermana de Zeus y diosa de la fertilidad y el trigo). Su tío Hades (hermano de Zeus y dios de los Infiernos), se enamoró de ella y un día la raptó.

Hades raptando a Persefone

La joven se encontraba recogiendo flores en compañía de sus amigas las ninfas y hermanas de padre, Atenea y Artemisa, y en el momento en que va a tomar un lirio, (según otras versiones un narciso), la tierra se abre y por la grieta Hades la toma y se la lleva.

De esta manera, Perséfone se convirtió en la diosa de los Infiernos. Aparentemente, el rapto se realizó con la cómplice ayuda de Zeus, pero en la ausencia de Deméter, por lo que ésta inició unos largos y tristes viajes en busca de su adorada hija, durante los cuales la tierra se volvió estéril.

Al tiempo, Zeus se arrepintió y ordenó a Hades que devolviera a Perséfone, pero esto ya no era posible pues la muchacha había comido un grano de granada, mientras estuvo en el Infierno, no se sabe si por voluntad propia o tentada por Hades. El problema era que un bocado de cualquier producto del Tártaro implicaba quedar encadenado a él para siempre.

Para suavizar la situación, Zeus dispuso que Perséfone pasara parte del año en los confines de la Tierra, junto a Hades, y la otra parte sobre la tierra con su madre, mientras Deméter prometiera cumplir su función germinadora y volviera al Olimpo.

La leyenda cuenta que el origen de la Primavera radica precisamente en este rapto, pues cuando Perséfone es llevada a los Infiernos, las flores se entristecieron y murieron, pero cuando regresa, las flores renacen por la alegría que les causa el retorno de la joven. Como la presencia de Perséfone en la tierra se vuelve cíclica, así el nacimiento de las flores también lo hace.

Por otra parte, durante el tiempo en que Perséfone se mantiene alejada de su madre, Deméter y confinada a el Tártaro, o mundo subterráneo, como la esposa de Hades, la tierra se vuelve estéril y sobreviene la triste estación del Invierno.

La caja de Pandora

Zeus ordenó que les quitaran el fuego a los hombres, pero el titán Prometeo, apenado por ellos y por las penurias que pasaban sin el atributo ígneo, lo robó para dárselo, contra la voluntad del dios olímpico. Zeus, furioso del tal osadia, le ordenó a Hefestos (dios del fuego y de la fragua) que construyera la estatua de una bella doncella. Atenea fue quien la vistió con hermosos ropajes blancos. Hermes (el mensajero de los dioses) le dio el habla y Afrodita la dotó del encanto amoroso. Y por fin, todos los dioses juntos soplaron a la bella y le infundieron el hálito vital.

Zeus le dio a Pandora una caja cuyo contenido la doncella desconocía. Y así la envió con los mortales. Pandora se dirigió hasta la casa de Epimeteo, hermano de Prometeo, pero mucho menos inteligente que él. El joven e ingenuo Epimeteo quedó perdidamente enamorado de Pandora en cuanto la vio y ésta le ofreció su caja como un regalo que Epimeteo aceptó gustoso, a pesar que Prometeo le había advertido de no aceptar nunca un regalo proveniente del Olimpo.

Pandora no pudo resistir la tentación de conocer el contenido de su caja, así que la abrió y fue entonces que innumerables males se esparcieron por la Tierra: el dolor, la vejez, la maldad, el sufrimiento, la tristeza y las enfermedades. Todos los males que los mortales, hasta ese momento, desconocían. Aterrada, Pandora cerró la caja, pero ya era demasiado tarde y sólo la esperanza quedó atrapada en el fondo de ella.

Por eso desde entonces, los mortales decimos aquello de que "La esperanza es lo último que se pierde".

La leyenda de Pegaso

Pegaso austral

En la mitología griega, Pegaso (en griego, Πήγασος) era un caballo alado, es decir, un caballo con alas.

Pegaso fue el primer caballo que llegó a estar entre los dioses. Era el caballo de Zeus, dios del Cielo y de la Tierra. Nació de la sangre derramada por Medusa cuando Perseo le cortó la cabeza a esta gorgona, una de las tres hermanas (las otras eran Esteno y Euríale).

Suele representarse en blanco o negro y tiene dos alas que le permiten volar. Una característica de su vuelo es que, cuando lo realiza, mueve las patas como si estuviera corriendo por el aire. Según las fuentes clásicas, Perseo no llegó a volar montado en Pegaso, puesto que lo hacía gracias a unas sandalias aladas; sin embargo, muchos artistas renacentistas lo representaron volando en este caballo. Y en la filmografía sobre el héroe –las distintas películas sobre la leyenda que se han realizado a lo largo de la historia, como Furia de titanes- suele aparecer esta escena, que es realmente una de las más espectaculares.

Pegaso aparece en la mitología relacionado fundamentalmente con el héroe Belerofonte, quien a lomos del equino alado logró dar muerte a la Quimera, bestia de múltiples cabezas (entre ellas, una de león y otra de cabra) que asolaba los territorios de Licia. Gracias al alado corcel, Belerofonte pudo obtener también una victoria sobre las amazonas.

Belerofonte encarna el "defecto" de la ambición excesiva: cuando por fin consiguió montar a Pegaso, obligó al caballo a llevarlo al Olimpo, pues quería convertirse en un dios inmortal. Pero Zeus, molesto por tamaña osadía, envió a un insignificante mosquito que picó el lomo de Pegaso y este, encabritado, precipitó al vacío a Belerofonte sin matarlo, pero dejándolo lisiado para toda la vida y condenado a vagar apartado del mundo recordando sus pasadas glorias.

La leyenda de Pegaso puede haber influido la formación de la figura del buraq en la tradición islámica. Es uno de los equinos más célebres de la literatura, junto con Rocinante (caballo de Don Quijote de la Mancha), Babieca (el del Cid), Bucéfalo (el de Alejandro Magno) y el caballo de Troya (junto con Clavileño, que también sale en El Quijote, el único caballo de madera).

Eros y Psique

Eros y Psique

Cuenta la historia que, hace mucho tiempo, existieron un rey y una reina que tenían tres hijas. La menor, Psique, de deslumbrante belleza, era adorada por los humanos como una reencarnación de la diosa Afrodita. La diosa, celosa de la belleza de la mortal Psique, pues los hombres estaban abandonando sus altares para adorar en su lugar a una simple mujer, ordenó a su hijo Eros que intercediera para hacer que la joven se enamorase del hombre más horrendo y vil que pudiera existir. Pero Eros, al ver a la bella, cayó enamoradísimo de ella y decidió ocupar el lugar del monstruo.

La belleza no había traído a Psique felicidad alguna. Los hombres la idolatraban de mil maneras, pero ninguno osaba acercársele ni pedir su mano. Los preocupados padres consultaron al Oráculo de Apolo para determinar qué le depararía el destino a su hija. Lejos de encontrar consuelo, el Oráculo predijo que Psique se casaría en la cumbre de la montaña con un monstruo de otro mundo. Psique aceptó amargamente su destino y, obedeciendo al Oráculo, sus padres la llevaron hasta la cima de la montaña seguidos por una larga procesión, donde la abandonaron en llanto para enfrentarse a una muerte segura.

Así la encontró el Céfiro (viento del Oeste), quien la elevó por sobre las montañas hasta depositarla en un valle colmado de flores. Al despertar, Psique se internó en el bosque cercano siguiendo el sonido del agua. Lo que encontró fue un hermoso palacio, de indescriptible lujo y belleza, y voces sin cuerpo susurrando que el palacio le pertenecía y que todos estaban allí para servirla. Esa noche, mientras yacía en la oscuridad de su nueva alcoba, un desconocido la visitó para hacerla su esposa. Su voz era suave y amable, pero él no se dejaba ver a la luz del día, lo cual despertaba la curiosidad de Psique que deseaba conocer el rostro de su amado.

Con el paso del tiempo, Psique comenzó a sentir desasosiego y sufría por sentirse sola. Extrañaba a sus hermanas, a quienes no veía desde hace tiempo, y esto le causaba tristeza. Imploró entonces a su esposo que le permitiera recibir la visita de aquellas, pero él le advirtió de que ellas tratarían de incitar su curiosidad y la alentarían a desvelar la identidad de su cónyuge secreto. Le advirtió una y otra vez de que no se dejara persuadir por sus hipócritas hermanas, ya que el día en que ella viera su cara no lo volvería a ver más. Ese día se acabaría su felicidad.

Pero finalmente, Eros cedió ante las intensas súplicas de Psique y pidió al viento Céfiro que acercara a las hermanas al palacio. Éstas, ante la visión de tanto lujo y belleza, ardieron de celos y envidia ante la buena fortuna de su hermana. Secretamente, cada una de ellas comenzó a despreciar lo que a ella misma le había tocado en suerte: un marido anciano y mezquinas riquezas en comparación con el esplendor en que vivía Psique. Se fueron del palacio planeando castigar a su hermana y, a su retorno, la convencieron de que su marido era una monstruosa serpiente que esperaba al acecho para devorarla. Le sugirieron un detallado plan de acción, que se basaba en esperar que el sueño venciera a Eros para luego acercarse a él con una lámpara y un puñal y cortar su cabeza venenosa.

Esa misma noche, Psique esperó a que su marido se durmiera y encendió su lámpara para observarlo. A quien vio fue al más hermoso de los dioses, al mismísimo Eros. El cuchillo cayó de sus manos y, mientras observaba extasiada la imagen gloriosa, una gota de aceite cayó en el hombro de Eros. Éste se despertó y, librándose del abrazo y los lamentos de Psique, expresó su decepción por la traición de su esposa. Le contó que él mismo había desobedecido las órdenes de su madre al enamorarse de ella, pero que ya todo estaba arruinado. Y así desplegó sus alas y se fue.

Psique comenzó entonces una búsqueda desesperada para encontrar a Eros, la cual culminó con su llegada al templo de Afrodita. Ésta, llena de ira y deseos de venganza, rasgó las vestiduras de la bella y le encomendó tareas imposibles como clasificar miríadas de semillas distintas. Psique recibía ayuda de distintos dioses y fuerzas de la naturaleza, lo que hizo posible que completara los desafíos. Afrodita, entonces, inventó un nuevo castigo para ella: debería internarse en mundo subterráneo en busca de Perséfone, reina de los infiernos, para rogarle que le diera un poco de su belleza dentro de un cofre. Sorteando varias dificultades, Psique cumplió la tarea y comenzó su viaje de vuelta hacia la luz. En el camino, cayó presa nuevamente de la curiosidad. Atraída por el deseo de agradar más a su amado adornándose de belleza divina, abrió el cofre e inmediatamente cayó en un sueño mórbido.

Mientras, Eros, recién recuperado de su herida, salió en busca de su esposa para despertarla. Se dirigió a visitar a Zeus para rogarle que tuviera compasión de Psique, que la hiciera inmortal y así podría vivir con él en los cielos. Zeus se compadeció de Eros y apaciguó a Afrodita, diciéndole que aquel sería un casamiento digno del chico. Así que ordenó el casamiento de los jóvenes, que duraría para siempre.

Las amazonas

Las amazonas eran un pueblo de solo mujeres descendientes del dios de la guerra, Ares, y de la náyade Harmonía. Se originaron alrededor del área del Cáucaso y se establecieron en las riveras del río Termodón en Pontus, Asia Menor, para luego fundar el pueblo de Temiscira, en la costa de Euxine (Mar Negro - Turquía).

Las amazonas eran imaginadas y descritas por los hombres griegos como un pueblo de mujeres en estricto sistema de matriarcado, gobernadas por una reina, a la cual se le suponía un vínculo directo con el dios Ares, pero sin clarificar el sistema sucesorio. Se desconoce si a estas reinas les sucedían sus propias hijas o bien la mujer con más atributos como fuerza, inteligencia o dotes de mando.

Etimológicamente, "amazon" deriva probablemente de un etónimo iraní, "hamazam-", que originalmente significaba “guerreras”. La variante griega del nombre estaba relacionada por etimología popular de “a”, “sin”, y “mazos”, “senos”, relacionado con la tradición que decía que las amazonas se cortaban o quemaban el pecho derecho, para poder ser capaces de usar el arco con más libertad, y criaban a sus hijas con el izquierdo. Pero en las obras de arte no existen indicios de esta carencia, las amazonas siempre son representadas con ambos pechos, aunque con el derecho frecuentemente cubierto.

Según la iconografía, en algunas vasijas griegas, se dibuja a las amazonas con unos escudos en forma de luna e incluso puestas bajo la protección de Artemisa, diosa de la caza y de la Luna. Por similitud fonética, pudieron copiar de este extraño pueblo la denominación “uma soona” como “amazona”.

En algunas versiones, ningún varón tenía permiso para residir en el país de las amazonas; pero una vez al año, para evitar la extinción de la raza, visitaban a los Gargarios -tribu vecina- o en otros casos, se relacionaban con extranjeros. Sus uniones sexuales se realizaban fuera del grupo, sin mantener ningún lazo con ellos después. A las niñas se las educaba como amazonas, adiestradas en las labores de campo, la caza y el arte de la guerra, adoptando el estatus de las madres y desconociendo la identidad del padre. Para los niños nacidos de esas uniones, había cuatro opciones: se los mutilaba -dejándolos ciegos o cojos-, los utilizaban como esclavos, se les sacrificaba o eran enviados de vuelta con sus progenitores.

Los griegos concibieron a las amazonas como mujeres amantes de la guerra que luchaban armadas con peltas (los escudos pequeños en forma de media luna), con hachas de doble filo y arcos de gran tamaño con los que disparaban sus flechas. A diferencia de los helenos, las amazonas preferían la guerra a caballo y se les consideró expertas jinetes. La otra actividad amazónica era la cacería.

Además, los mayores héroes de la mitología griega: Hércules, Belerofonte y Aquiles tuvieron, en algún punto de sus aventuras, que enfrentarse con las amazonas e invariablemente las vencieron. Uno de los trabajos impuestos a Heracles por Euristeo fue conseguir el cinturón de la reina amazona Hipólita.​ Para dicha tarea, le acompañó su amigo Teseo, quien raptó a la princesa Antíope, hermana de Hipólita, un incidente que llevó a la invasión del Ática en represalia, donde Antíope pereció luchando junto a Teseo. En algunas versiones, sin embargo, Teseo se casaba con Hipólita y en otras, lo hacía con Antíope, quien no moría.

Hércules o Heracles

Hércules venciendo al león

Hijo de Zeus y de Almena, esposa de Anfitrión, fue concebido en una triple noche de amor, sin que por ello se alterase el orden de los tiempos, ya que las noches siguientes fueron más cortas.

Se dice que el día de su nacimiento resonó el trueno en Tebas con furioso estrépito y otros muchos presagios anunciaron la gloria del hijo del dueño y señor del Olimpo. Alcmena dio a luz dos mellizos, Heracles e Ificles. Anfitrión, deseando saber cuál de los dos era su hijo, envió dos serpientes que se aproximaron a la cuna de los mellizos. El terror se apoderó de Ificles, quien quiso huir, pero Heracles despedazó a las serpientes y mostró, ya entonces, que era digno hijo de Zeus.

Por otro lado, Hera, movida por los celos, a causa de la aventura extraconyugal de su esposo, resolvió eliminar al recién nacido enviando contra él a dos terribles dragones para que le despedazasen. El niño, sin el menor espanto, los hizo pedazos.

Palas logró que se apaciguara la cólera de Hera, hasta el extremo de que la reina de los dioses consintió en darle de mamar de su propio pecho al hijo de Alcmena. Se cuenta que Heracles, abandonando el pecho, dejó caer algunas gotas de leche que se derramaron sobre el cielo, formándose de esta singular manera la vía láctea o camino de Santiago (The Milky Way, en inglés; la Voie Lactée, en francés).

Los maestros más hábiles se encargaron de la educación de Heracles. Autólico le enseñó la lucha y la conducción de carros; Eurito, rey de Elia, el manejo del arco: Eumolpo, el canto; Cástor y Pólux, la gimnasia; Elio le enseñaba a tocar la lira y el centauro Quirón, la astronomía y medicina.

Su desarrollo físico fue extraordinario y su fuerza portentosa. Heracles era un gran bebedor, y su jarro era tan enorme que se necesitaba la fuerza de dos hombres para levantarlo.

Cuando Heracles creció, Hera vertió en su copa un veneno que lo enloqueció y esa locura hizo que Heracles matara a su mujer y a sus propios hijos, confundiéndolos con enemigos. Como castigo, fue enviado con el primo de Hera, el rey Euristeo, para servirle por doce años. Euristeo, estimulado por Hera, siempre vengativa, le encomendó las empresas más duras y difíciles, las cuales se llamaron los doce trabajos de Heracles. Estas fueron:

  1. El león de Nemea,
  2. la hidra de Lerna,
  3. el jabalí de Erimanto,
  4. las aves de Stinfálidas,
  5. la cierva de Artemisa,
  6. el toro de Creta,
  7. los establos de Augías,
  8. robar los caballos de Diomedes,
  9. robar las manzanas de las Hespérides,
  10. arrebatar el cinturón de Hipólita,
  11. dar muerte al monstruo Gerión y
  12. arrastrar a Cerbero fuera de los infiernos.

De todos ellos, salió victorioso el héroe y son otros muchos los que asimismo se le atribuyen, pues casi todas las ciudades de Grecia se vanagloriaban de haber sido teatro de algún hecho maravilloso de Heracles. Exterminó a los centauros, mató a Busilis, Anteo, Hipocoón, Laomedonte, Caco y a otros muchos tiranos; libró a Hesione del monstruo que iba a devorarla, y a Prometeo, del águila que le comía el hígado; separó los dos montes llamados más tarde columnas de Heracles, etc.

El amor, pese a las numerosas hazañas realizadas por el héroe, ocupó intensamente el espíritu y el cuerpo de Heracles. Tuvo muchas mujeres y gran número de amantes. Las más conocidas son Megara, Onfalia, Augea, Deyanira y la joven Hebe, con la cual se casó en el cielo, sin olvidar las cincuenta hijas de Testio, a las cuales hizo madres en una noche.

El odio del centauro Neso, unido a los celos de Deyanira, fueron la causa de la muerte del héroe. Sabedora esta princesa de los nuevos amores de su esposo, le envió una túnica teñida con la sangre del centauro, creyendo que con ello impediría que amara a otras mujeres. Pero apenas se la puso, el veneno del que estaba impregnada hizo sentir su funesto efecto, y penetrando a través de la piel, llegó en un momento hasta los huesos. En vano procuró arrancarla de sus espaldas; la túnica fatal estaba tan pegada a la piel que sus pedazos arrastraban tiras de carne.

Las más espantosas imprecaciones contra la perfidia de su esposa brotaron de los labios del héroe, y, comprendiendo que se acercaba su última hora, constituyó una pira en el monte Oeta, extendió sobre ella su piel de león, y, echándose encima, mandó a Flictetes, para que prendiera fuego y cuidase sus cenizas.

En el mismo instante en que comenzó a arder la pira, se dice que cayó un rayo sobre ella para purificar lo que pudiera quedar de mortal en Heracles. Zeus lo subió al Olimpo y lo colocó entre los semidioses.

La manzana de la discordia y la guerra de Troya

Paris eligiendo a la diosa mas hermosa

Cuenta la leyenda, que cuando Peleo, padre del valeroso Aquiles y Tetis, diosa del mar se casaron, enviaron invitaciones de la fiesta para todos los dioses, pero como no querían tener problemas en un día tan especial, decidieron que lo mejor sería no invitar a Eris, la Diosa de la Discordia.

Eris se enojó tanto que se apareció en el banquete de bodas de todos modos. Furiosa, se dirigió a la mesa donde se encontraban las diosas más hermosas: Hera, Atenea y Afrodita, y arrojó ua enorme manzana con una inscripción tallada que decía: "Para la más hermosa".

Hera dijo: Debe ser para mí. Pero al instante, Atenea y Afrodita también reclamaron la manzana y pusieron a Zeus como árbitro. Zeus no quería tomar parte por ninguna de las diosas, ya que sabía que, por lo menos dos de ellas terminarían haciendo reclamos por su intervención o, lo que es peor, enemistadas con él y decidió quitarse el problema de encima. No se le ocurrió nada mejor que enviar al dios mensajero, Hermes (Mercurio), en a busca de Paris (príncipe de Troya) con el encargo del Juicio que se le pedía; localizó al príncipe-pastor y le mostró la manzana de la que tendría que hacer entrega a la diosa que considerara más hermosa. Precisamente por eso lo había elegido Zeus; por haber vivido alejado y separado del mundo y de las pasiones humanas. Así, se esperaba de él que su juicio fuera absolutamente imparcial.

Cada una de las tres diosas fueron desfilando ante él cubriéndolo de promesas.

- Prometo darte poder y riquezas si me eliges a mí, serás emperador de toda Asia -dijo Hera-.

Atenea, por su parte, le prometió:

- Si dices que yo soy la más bella, te otorgaré gloria en las guerras y gran inteligencia y sabiduría.

Pero la sensual Afrodita, que era muy astuta, le dijo:

- Te daré el amor de la mujer que consideres para ti como la más bella del mundo.-

Afrodita obtuvo la manzana de oro y, desde ese momento, fue la más bella de todas las diosas, pero también de ahí en adelante Hera y Atenea se convertirían en sus peores enemigas.

La decisión de Paris hubo de traer graves consecuencias para su pueblo, ya que la hermosa mujer por la que Afrodita hizo crecer el amor en el pecho de Paris era Helena, la esposa del rey de Esparta, Menelao. En ocasión del paso de Paris por las tierras de ese rey, y después de haber estado una noche en su palacio, Paris raptó a la bella Helena y se la llevó a Troya. El amor por Helena daría lugar a la mayor guerra jamás vista hasta entonces.

El rapto enfureció a Menelao y éste convocó a los reyes aqueos como Agamenón, su hermano, que fue nombrado comandante en jefe; Odiseo, que, inspirado por Atenea, fue el que ideó el caballo de madera con el que la expedición aquea pudo por fin tomar Troya y Aquiles, entre muchos otros, para ir a recuperar a Helena o, si fuese necesario, pelear por ella en Troya, hecho que glosa Homero en la Ilíada.

Contribución especial: alumnos de 2º de la ESO del IES Avempace

Los alumnos de 2º ESO del IES Avempace, a partir de la lectura ANGELIDOU, María, Mitos griegos. Adapt.: Miguel Tristán. Ilustr.: Svetlin. Barcelona, Vicens Vives, 2008. (Col. "Cucaña"), han elaborado las siguientes explicaciones.

A) Deucalión y Pirra

Deucalión y Pirra tirando las piedras sobre sus espaldas
  • Autoras: Aroa Bueno y Verónica Mateo.
  • Fecha: Diciembre de 2018.

La historia de Deucalión y Pirra es muy similar a la del Diluvio y el Arca de Noé que cuenta la Biblia.

Zeus estaba muy enfadado con los humanos, desde que Prometeo lo había engañado . Así que decidió enviar un diluvio para condenar a toda la raza humana y darle una buena lección. Pero como Prometeo tenía el don de la adivinación, advirtió a su hijo Deucalión para que se pusiese a salvo antes de que el padre de los dioses condenase para siempre a toda la humanidad.

Deucalión y Pirra sobrevivieron al diluvio, puesto que ya sabían lo que se les venía encima. Pasaron nueve días y nueve noches en un arca que había construido Deucalión. Cuando la lluvia paró, Deucalión atracó el arca en el monte Athos en busca de algún ser humano, pero no había nadie.

Debajo de Athos, había un templo consagrado a Temis, la diosa de la justicia. Así que Deucalión le preguntó a la diosa si en el mundo volvería a haber hombres y mujeres. Y Temis les contestó:

   "Si queréis repoblar el mundo, debéis tirar a vuestras espaldas los huesos
de vuestra madre".

Deucalión y Pirra se quedaron asombrados porque, para ellos, los huesos de sus antepasados eran sagrados. Después de unas horas de reflexión, Deucalión entendió lo que les había dicho Temis: ¡los huesos de la tierra eran las piedras! ¡Tendrían que lanzar piedras sobre sus espaldas!

Deucalión y Pirra siguieron las instrucciones de Temis y empezaron a tirar piedras por encima de sus espaldas. Y así, poco a poco, fueron apareciendo nuevos hombres y mujeres en la faz de la tierra, ya que de las piedras que tiraba Deucalión nacían varones y de las que lanzaba Pirra surgían las mujeres.

B) Prometeo y el robo del fuego

  • Autores: Miguel Almenara y Sergio Gimeno.
Prometeo en el Cáucaso
  • Fecha: Diciembre de 2018.

La historia de Prometeo, el ladrón del fuego, trata sobre una discusión que tuvieron los hombres con los dioses al matar a un buey, destinado al sacrificio a los inmortales. Una parte de los seres humanos decían que se tenían que quedar ellos la carne y otra parte decía que se la tenían que entregar a los dioses, pues, si no les daban la parte más jugosa, los olímpicos se ofenderían con el género humano.

Entonces, apareció Zeus y dijo que Prometeo, un titán justo y sabio, era el que tenía que decidir quién se quedaba con la mejor parte del animal.

Recibido el encargo de juzgar este asunto, Prometeo estuvo un largo rato pensando y, al final, decidió para sí mismo que los hombres debían quedarse la carne. ¿Pero cómo conseguir que el padre de los dioses, Zeus, aceptase aquella decisión sin enfadarse? Fue entonces cuando Prometeo pensó que debía preparar una trampa a la divinidad olímpica, para que pensara que la mala elección había sido resultado de su propia responsabilidad.

Para ello, Prometeo hizo dos montones con los restos del animal. En uno, colocó la carne y las vísceras, la parte más jugosa, pero la recubrió con el estómago; y en el otro, puso los huesos y los tendones, pero tapados con la brillante y apetitosa grasa. Zeus eligió muy seguro de sí mismo el segundo de los montones y los dioses se lo llevaron al monte Olimpo.

Al llegar a la cima, Zeus se dio cuenta de que le habían tendido una trampa. Y se vengó quitándoles el fuego a los hombres, con lo cual no podían calentarse ni alumbrarse y se tenían que comer la carne cruda. Prometeo se sintió culpable al ver sufrir a los humanos y nuevamente ideó una estrategia para engañar a los Olímpicos: decidió subir a la morada de las divinidades, el monte Olimpo y, con una astilla, cogió una pequeña parte del fuego divino que allí ardía por toda la eternidad, se la guardó en una cáscara de nuez y se la entregó a los mortales.

Cuando Zeus supo la noticia, su cólera no tuvo límites y se vengó por partida doble: a los hombres de la Tierra les envió una mujer llamada Pandora, por culpa de la cual se extendieron todos los males por la tierra, y a Prometeo lo encadenó en las montañas del Cáucaso enviándole un águila cada día para que le comiera el hígado y haciendo que sus vísceras se regeneraran por la noche para que, al día siguiente, volviera a comenzar su suplicio.

C) La avaricia del rey Midas

  • Autores: Iván Álvarez y Francisco Monreal
  • Fecha: Diciembre de 2018.

El mito de el rey Midas trata sobre la avaricia y narra lo que ocurre cuando no reconocemos la felicidad o pensamos que ella reside tan solo en el dinero y la riqueza. La codicia de Midas nos hace darnos cuenta de las consecuencias de nuestras malas decisiones, que pueden llevar a convertirnos en esclavos de nuestros deseos.

Midas fue un rey que tenia mucho dinero y gobernó la región de Frigia, en Asia Menor. Un día, Dionisio, el dios del vino y la juerga, pasó por el reino de Midas. Uno de sus siervos, llamado Sileno, se retrasó en el camino. Sileno se cansó y se durmió en los jardines del rey Midas. Allí, el rey Midas lo encontró y lo invitó a pasar unos días en su palacio y lo trató muy bien, como un buen anfitrión.

Cuando Dionisio fue a buscar a Sileno, muy agradecido por el buen trato que le habían dado a su siervo, le prometió a Midas que le pidiese cualquier deseo. Entonces el rey se lo pensó y al instante dijo:

   "Quiero que todo lo que toque se convierta en oro".

Dionisio le advirtió a Midas que se lo pensara, pero Midas insistió. Al día siguiente, cuando Midas despertó, ansioso por ver si su deseo se había cumplido, extendió su brazo tocando una mesa que inmediatamente se convirtió en oro. Midas saltó de felicidad, siguió tocando todo lo que se encontraba por el palacio. Pasadas unas horas, le entró hambre, fue a coger un trozo de pan el que al instante se convirtió en oro. Entonces se dio cuenta del error que había cometido. Comenzó a asustarse, las lágrimas llenaron sus ojos y en ese momento, su hija, entró en la habitación y, cuando Midas la abrazó, se convirtió en una estatua dorada. Desesperado, Midas suplicó a Dionisio para que le quitase su deseo, que se había convertido en una maldición.

Dionisio reflexionó y tras unos días le dijo a Midas que debía ir al río Pactolo y bañarse. Midas salió corriendo hacia el río para bañarse. Cuando llegó al palacio, se dio cuenta de que todo lo que había convertido en oro había vuelto a la normalidad. Midas abrazó a su hija, lleno de alegría, y decidió compartir su gran fortuna con su gente.

A partir de entonces, Midas se convirtió en mejor persona, generosa y agradecida con todo el mundo.

D) Dafne y Apolo

Apolo y Dafne
  • Autores: Rubén Delgado y Jorge Díaz.
  • Fecha: Diciembre de 2018.

Esta historia habla de que el egocentrismo puede causar desprecio hacia los demás y que el amor es muy poderoso, tanto para el bien como para el mal.

Cuenta el mito que Apolo era el dios de la música y la poesía. Un día, él derrotó a Pitón, un monstruo descomunal que vivía en una cueva en Tesalia. Pitón mataba a las ovejas, a las vacas, a los pastores que descansaban en el campo y a las niñas indefensas. Desesperados, los hombres pidieron ayuda a los dioses. Entonces, Apolo acudió en ayuda de Tesalia y mató a Pitón. Y desde aquel día, Apolo se volvió muy orgulloso.

Un cierto día, Apolo se encontró con Eros, el dios del amor, y se rió de él porque su arco era muy pequeño y parecía de juguete. Entonces, Eros se ofendió y le avisó de que, aunque pareciera pequeño e inofensivo, ese arco era muy poderoso, tenía el poder del amor. Pero Apolo se seguía riendo, así que Eros, en forma de venganza, disparó dos flechas: una, de oro con la punta de diamante, que servía para enamorar a la gente y que se clavó en Apolo, y otra, de hierro con la punta de plomo, que servía para provocar un rechazo absoluto al amor, la cual disparó a Dafne, una preciosa ninfa.

Esto provocó que Apolo amara apasionadamente y persiguiera a Dafne y que ella quisiera escapar siempre de él.

Un día, Apolo se encontró con Dafne en el bosque y aprovechó para pedirle matrimonio. Pero Dafne le respondió que jamás se casaría. Entonces, Apolo se quedó mirándola fijamente y la reacción de Dafne fue huir de él, porque sintió miedo de su posible comportamiento. Apolo la persiguió incansablemente. Dafne estaba tan aterrorizada que no sentía el dolor al pisar las zarzas ni los guijarros.

Desesperada al sentir muy cerca el aliento de su perseguidor, pidió ayuda a su padre, que era el río Peneo, el cual, como todos los dioses, tiene poderes divinos. Así que, de repente, Dafne se quedó paralizada, su cuerpo se quedó rígido y su piel se empezó a endurecer. Se convirtió en un arbusto, concretamente en un laurel, el primer laurel.

Apolo, roto de dolor, se echó a llorar y se abrazó al tronco del laurel, donde aún pudo sentir el latido del corazón de su amada ninfa.

Y desde aquel día, las ramas de laurel se utilizan como reconocimiento de un mérito o gloria. A los vencedores de las batallas y de las pruebas atléticas, se les adorna con una corona de laurel, el amado árbol de Apolo.

E) Perseo y la cabeza de Medusa

  • Autores/as: Ángel Borja y Sandra Martínez.
  • Fecha: Diciembre de 2018.
  • Fuentes consultadas:

Esta historia trata de Perseo (hijo de Dánae y Zeus). El rey tirano Polidectes quería casarse con Dánae, la madre de Perseo, pero Polidectes no quería a Perseo, así que ideó un plan para deshacerse de él.

Un día, Polidectes anunció que iba a casarse e invitó a todos sus amigos a una gran fiesta, incluido Perseo. Todos sus amigos le trajeron regalos para darle la enhorabuena, menos Perseo, que no le trajo nada. Polidectes le habló de las gorgonas y maliciosamente le dijo que quería la cabeza de una de ellas, pensando que el joven moriría en el intento de realizar tal hazaña. Perseo, muy orgulloso, le prometió traerle la cabeza de Medusa (una de las tres gorgonas y la única que era mortal) como regalo de boda. Perseo se portaba así como un valiente, teniendo en cuenta las posibilidades que tenia de ser convertido en piedra, pues la mirada de la gorgona petrificaba a quien la miraba de frente. Nadie en su sano juicio se ofrecería a hacer esa barbaridad, pero él no tenia miedo. Ni siquiera se despidió de su madre y empezó a ir de un lado a otro en busca de la gorgona Medusa.

La única seguridad que tenía era que Hermes y Atenea vigilaban sus pasos y velaban por él. Hermes no pudo indicarle dónde se ubicaba Medusa, pero le dio lo que necesitaba para sobrevivir: una espada que no podía ser torcida ni rota por las escamas de las gorgonas, ni siquiera por las de Medusa. Perseo se preguntaba de qué le serviría la espada si con solo mirar los ojos de Medusa seria convertido en piedra, cuando, de repente, Atenea aprecio y le ofreció unas sandalias aladas para poder escapar volando en caso de peligro y un escudo de bronce para proteger su pecho. Además, le advirtió de que no mirara fijamente a Medusa o seria convertido en piedra y le explicó que si la miraba reflejada en el pulido escudo de bronce que le regalaba, este haría de espejo y así podría ver lo que Medusa hacía sin estar en peligro mortal. Ahora solo quedaba luchar con el monstruo y matarlo.

Llegó por fin a la isla donde vivían las tres hermanas. Por suerte, las encontró dormidas y, por tanto, con su único ojo petrificador cerrado. Tenían unas alas gigantes, su cuerpo estaba lleno de escamas de oro y sus cbellos eran montones de serpientes enmarañadas. Hermes y Atenea le dijeron cuál de las tres era Medusa (la única mortal). Perseo la mató de un solo golpe, se llevó la cabeza y se fue volando gracias a sus aladas sandalias. Las hermanas se habían despertado y decidieron perseguirlo, pero no pudieron alcanzarlo y, en un momento, Perseo desapareció con la cabeza de su enemiga.

El joven volvió a la isla a buscar a su madre, pero no la encontró, porque había huido tras rechazar a Polidectes. Así que cuando Perseo regresó, encontró a Polidectes reunido con sus amigos celebrando un banquete. El héroe entró con una cesta y nadie podía creer lo que veía... ¡Perseo estaba vivo! Entonces, él sacó la cabeza de Medusa con su ojo inerte abierto e instantáneamente todos los comensales se convirtieron en piedra, incluido el rey.

Los isleños festejaron haber sido liberados de un rey tan malvado. A Perseo no le costó nada encontrar a su madre y darle un abrazo apasionado.

F) Narciso y Eco

  • Autores: Adrián Gaitán y Lorién Piquero.
  • Fecha: Diciembre de 2018.

Eco era una ninfa que fue maldecida por la diosa Hera, ya que la había ofendido por encubrir a su esposo, el dios Zeus, en sus aventuras amorosas. El castigo que le fue impuesto era no poder hablar, solo podía repetir la última palabra de todo lo que dijeran los demás. Eco se retiró a una cueva del bosque, por donde no pasaba casi nadie. Sin embargo, un día llegó allí Narciso, hijo de otra ninfa y muy hermoso galán, a pesar de que él no lo sabía.

Eco, al verlo, se enamoró de él, pero no podía hablarle por culpa del castigo de Hera. Aún así, le hizo entender que lo amaba. Pero Narciso la ignoró completamente y la rechazó, con lo que Eco volvió a su cueva y allí murió de tristeza, abandono y soledad.

Némesis, la diosa de la venganza, lo vio todo y le preparó un castigo al doncel, por ser tan egoísta y despreciar a todas sus admiradoras; el castigo consistió en provocarle mucha sed y, justo cuando se acercó al riachuelo a beber, Narciso se quedó asombrado al verse tan guapo reflejado en el río. Queriendo abrazar su propio reflejo, se cayó al agua y se ahogó. Y en la orilla, desde entonces, crecieron unas flores preciosas llamadas precisamente narcisos en memoria de aquel hermoso efebo.

Del mito de Narciso deriva la palabra "narcisismo", con la que se designa en psicología y psiquiatría a la persona aquejada de la enfermedad o el defecto de ser extremadamente egocéntrica; tan ególatra, tan centrada en sí misma, que parece olvidarse de los demás.

Y en cuanto a Eco, ahí seguirá por toda la eternidad repitiendo las últimas sílabas de cada palabra que decimos.

G) Antígona y Hemón

  • Autores: Marc Axcel de la Reyna y Cozmin Florin Maxim.
  • Fecha: Diciembre de 2018.
Antígona y Hemón

Después de que el rey de Tebas, Edipo, fuera exiliado de la ciudad tras enterarse de que había cometido incesto y parricidio, su hijo menor Eteocles alegó que él era el heredero del reino, enviando al exilio a su hermano mayor Polinices. Pero Polinices, luego, atacó Tebas con un ejército masivo. Sin embargo, ninguno de los hijos de Edipo ganó aquella guerra, porque los dos se dieron muerte en la batalla.

El nuevo rey tebano, Creonte, hermano de Edipo y tío de los difuntos, ordenó que Eteocles fuera enterrado y se le brindaran honores de héroe, mientras que el cadáver de Polinices fuera arrojado a los perros, sin entierro alguno. Decretó, además, pena de muerte para cualquiera que intentara enterrar el cuerpo de aquel desgraciado. Al enterarse de la noticia, una enojada Antígona, sobrina de Creonte y hermana de los dos jóvenes, insistió en que el cuerpo de su hermano debía ser enterrado para que su espíritu pudiera descansar en paz.

A pesar de los prudentes consejos de su hermana menor, Ismene, para que acatara la orden real y no arriesgara su vida, Antígona va al campo de batalla en frente de Tebas y vierte arena sobre el cadáver de su hermano Polinices, realizando los ritos funerarios que el rey había prohibido. Ella se deja capturar después de salir de su escondite cuando algunos guardias intentan limpiar el polvo.

La desafiante Antígona es llevada ante Creonte. Sorprendido de que una mujer se atreviera a desobedecer sus órdenes, ordena que las encarcelen tanto a ella como a su hermana Ismene, en calidad de cómplice, declarando que ambas serían ejecutadas. Poco después, el hijo de Creonte, Hemón, aboga por la liberación de Antígona, porque él está comprometido para casarse con ella y se siente tan enamorado que pide clemencia a su padre. Pero Creonte, arrogante, se burla de él, haciendo caso omiso de sus preocupaciones. Hemón huye, muy enojado, herido en lo más íntimo de su ser, porque su padre lo ha tratado de mala manera.

Luego, Creonte cambia de opinión repentinamente, decidiendo ejecutar solamente a Antígona, ya que es evidente la inocencia de Ismene. La mayor de las hermanas es enviada a las afueras de Tebas para que muera de hambre en una cueva.

Mientras Antígona está sufriendo esta lamentable situación, el profeta ciego Tiresias, el mismo que había advertido a Edipo de la terrible verdad de su vida, avisa a Creonte de que los dioses están muy enojados con él, porque le ha negado el entierro a Polinices y los mismos perros y pájaros que comen su carne son utilizados con posterioridad en impuros sacrificios a las deidades del Olimpo. Como resultado de su impiedad, los dioses olímpicos han decretado que el hijo de Creonte, Hemón, muera pronto como castigo. Pero Creonte se burla de Tiresias y no escucha su consejo de dar sepultura a Polinices, cree que el viejo profeta solo quiere asustarlo y ablandarlo. Finalmente, acepta enterrar a su sobrino Polinices, después de que el Coro de ciudadanos le recuerde que Tiresias nunca se ha equivocado en nada.

Preocupado por su hijo, Creonte limpia el cadáver de Polinices, realiza los ritos funerarios y crema sus restos. Luego, va a liberar a Antígona de la cueva donde está encarcelada. Pero es demasiado tarde para evitar la tragedia: ella se ha ahorcado con una cuerda y Hemón está llorando debajo de ella. Después de intentar atacar a su propio padre, el joven se apuñala y muere sosteniendo en sus brazos el cuerpo de su amada Antígona. Creonte, completamente destrozado, vuelve a palacio, donde se entera de que su propia esposa, Eurídice, al conocer la muerte de su hijo, también se ha suicidado. Creonte se queda lamentándose y deseando que la muerte le libere de tanto sufrimiento.

La historia de Antígona se centra en el papel del gobernante, brindando un modelo de los defectos que un rey debe evitar si no quiere ser castigado tan terriblemente como Creonte. Esta historia también enseña que los dioses siempre deben ser respetados.

H) Orfeo y Eurídice

Orfeo salvando a Eurídice
  • Autores: Álvaro Barbó y Víctor Tenas.
  • Fecha: Diciembre de 2018.

Érase una vez un hombre llamado Orfeo, a quien le gustaba mucho cantar, a la vez que tocaba su lira. Sus canciones podían hacer cosas sobrenaturales, tanto sobre las personas como sobre las criaturas que pueblan la naturaleza. Él se enamoró de Eurídice y, después de poco tiempo, se casaron. Pero el mismo día de su boda una serpiente mordió y mató a Eurídice, que bajó al inframundo, el reino de los muertos.

Entonces, como Orfeo la quería tanto, decidió ir al más allá para recuperarla. En el camino encontró el río que separaba la vida de la muerte, pero un anciano llamado Aqueronte, el barquero del inframundo, le impidió entrar al más allá, porque decía que allí solo podían entrar los humanos que habían fallecido. Así que Orfeo se puso a cantar con su lira y al anciano le impresionó tanto su música que lo dejó pasar. De este modo, Orfeo pudo llegar a estar ante Hades, el rey del más allá. Orfeo, entonces, cantó con su Lira ante Hades y a este le impresionó tanto que le propuso una cosa: él le devolvería a Eurídice para que se la llevase al mundo de los vivos, pero con la condición de que, si en algún momento Orfeo miraba hacia atrás, Eurídice desaparecería e iría al lugar de los muertos otra vez.

Loco de contento por su éxito, Orfeo y Eurídice empezaron su ruta de vuelta a la superficie. Pero Orfeo sintió miedo de que Eurídice no estuviese siguiéndolo y se giró hacia atrás. Justo en ese momento, Eurídice se hundió rápidamente de nuevo en el Tártaro.

Desde entonces, Orfeo solo podía cantar canciones tristes y dejar pasar el tiempo, hasta que llegara la hora de su muerte. Cuando esta llegó, lo enterraron y se acabó su sufrimiento. Orfeo estaba feliz, ya que iba al mundo de los muertos, junto a su amada Eurídice, a la que ya no perdería jamás.

I) Hero y Leandro

  • Autoras: Alba Franco y Noelia Ruiz.
  • Fecha: Diciembre de 2018.
"Hero y Leandro", por Ferdinand Keller

Hero fue una joven que se dedicaba a cuidar de los templos de Afrodita en Grecia. Su encanto era tan impresionante que hasta los dioses Eros y Apolo querían ser sus enamorados. Pero ella ya estaba enamorada de un chico llamado Leandro que vivía en el poblado de al lado.

Leandro, al estar cerca del poblado de Hero, pasaba de vez en cuando a entretenerla con sus halagos. Los poblados de ambos estaban separados por un estrecho brazo de mar. Los padres de los jóvenes, al darse cuenta de que se querían casar, no se lo permitieron y les advirtieron de que no debían volverse a ver. Pero a ellos les aborrecía aquella espantosa idea de la separación. Así que fingieron obedecer a sus mayores, si bien, descontentos con aquella orden, idearon un plan para verse en secreto.

El plan consistía en que, cada noche, Hero encendería una luz en su ventana para que a Leandro le sirviera de guía para pasar el estrecho a nado. Así, pasaron muchas noches juntos, aunque, por miedo de ser descubiertos, Leandro tenía que volver temprano a su hogar para que sus padres no se dieran cuenta de que había estado con su amada.

Una noche, hubo un fuerte vendaval, lo que hizo que se apagase la luz encendida por Hero en su ventana. Por mucho que Leandro lo intentó, no consiguió llegar a su amada en aquella ocasión. A causa del fuerte vendaval, fue tragado por el mar, pereciendo en su romántico intento de acudir a la casa de su enamorada.

Hero, inquieta al ver que su amado no acudía a la cita, bajó a la orilla y encontró el cuerpo inerte de Leandro. Con tristeza y desesperación, al verle muerto, ella misma se lanzó al mar para que su alma se encontrara con la de su amado.

J) Cadmo y Hermione

  • Autoras: Lara Auría y Lucía Terán.
  • Fecha: Diciembre de 2018.

Cadmo era hijo de Telefasa, hija del dios del río Nilo. El padre de Cadmo era Agénor, rey de Fenicia. Cadmo era también hermano de Belo, Cefeo y la hermosa Europa, que enamoró al mismísimo Zeus.

Hermione (o Harmonía, como también es llamada) era la diosa inmortal de la armonía y la concordia. Era hermana de Cupido, Flegias, Adrestia y de los gemelos Fobos y Deimos. Sus padres eran la diosa del amor, Afrodita, y el dios de la guerra, Ares.

Cuando Zeus/Júpiter raptó a Europa, hermana de Cadmo, Agénor le ordenó a su hijo ir en su búsqueda y no volver hasta encontrarla. Después de muchos viajes, Cadmo consultó al oráculo de Delfos, para saber en qué país debía fijar su residencia. El oráculo le dijo:

   "En un campo desierto hallarás una vaca que no ha sido jamás uncida
al yugo. Sigue sus pisadas y levanta una ciudad en el lugar donde
ella se detenga a apacentar, y da a esta comarca el nombre de Beocia".

Nada más marcharse, se encontró con la vaca, que se detuvo. Cadmo, lleno de alegría, quiso ofrecer a Júpiter un sacrificio de acción de gracias. Por esa razón, ordenó a sus compañeros que se dirigieran a una fuente de un bosque para recoger un poco de agua. Esta fuente estaba custodiada por un feroz dragón. Debido al ruido de sus compañeros, el dragón se despertó y los mató a todos violentamente.

Cadmo, al ver que sus compañeros no volvían, se dirigió a la fuente, y allí contempló al dragón matando a sus amigos. Cadmo le lanzó un dardo que le atravesó la espina dorsal y lo mató.

Palas, que protegía al héroe fenicio, le ordenó enterrar los dientes de la bestia. Y Cadmo, aún sin entender la orden, la ejecutó. Pasados tres días, del lugar donde fueron enterrados los dientes surgieron unos guerreros que lucharon contra Cadmo, originando una guerra civil de la que solo sobreviven cinco de los soldados hijos del dragón. Ellos pasarían a ser sus nuevos compañeros.

Terminada la batalla, Cadmo dictó leyes para mantener el orden, la unión y la paz. Y encomendó a sus hombres edificar la ciudad que el oráculo le había mandado construir: Tebas.

Después, Cadmo se casó con Hermione o Harmonía y tuvieron cuatro preciosas hijas: Ino, Ágave, Autone y Semelé.

Desgraciadamente, Juno, celosa de tanta felicidad entre Cadmo y Hermione, mató a gran parte de la descendencia de ambos: sus hijas y nietos. Y además, Cadmo y Hermione fueron expulsados de Tebas. Agobiados por tantas desgracias, rogaron a los dioses que acabaran con todos sus males. Fueron así convertidos en serpientes.

K) Fedra e Hipólito

Fedra e Hipólito
  • Autores: Enrique Herranz y Héctor López.
  • Fecha: Diciembre de 2018.

Esta historia es una continuación del mito de El laberinto del Minotauro. Es un mito trágico.

Teseo, tras dejar abandonada a Ariadna, la madre de su hijo Hipólito, se casó con Fedra, hermana de Deucalión. La boda fue toda una batalla, ya que se enfrentaron las amazonas contra los acompañantes del novio, pues Teseo se había casado previamente con Hipólita (también llamada Antíope). En esa batalla Hipólita resulta muerta e Hipólito se queda con Teseo y Fedra.

Por su parte, el matrimonio de Teseo y Fedra tiene dos hijos: Acamante y Demofonte. Hipólito era amante de la caza y seguidor de Artemisa, la diosa cazadora, mientras que aborrecía a Afrodita, la diosa del amor. Así que Afrodita, para vengarse por ese desprecio, hizo que Fedra se enamorase de un amor prohibido: su hijastro Hipólito, sabiendo que él iba a rechazarla, como así fue. Fedra era una mujer con carácter, por lo que el rechazo le dolió mucho.

Sabiendo ella que Hipólito le contaba todo a su padre, Fedra se suicidó por miedo a que Teseo se enterase de lo que había intentado hacer. Pero se suicidó con una tablilla en la mano, donde escribió que Hipólito la había intentado ultrajar. Cuando Teseo encontró a Fedra muerta, y tras leer la tablilla, confió en lo que aquella decía y desterró a su hijo Hipólito. Además, le pidió a su padre Poseidón (dios de los mares) que lo matara. Y así fue: mientras Hipólito se marchaba al exilio en un carro arrastrado por caballos, en la costa apareció una ola provocada por 'Poseidón' (el abuelo de Hipólito), de la cual salió un toro que tiró a Hipólito del carro al suelo y lo dejó muy mal herido.

Justo antes de morir, fue llevado ante su padre, y entonces la diosa Artemisa explicó a Teseo lo que realmente había sucedido, siendo el padre perdonado por su hijo antes de morir.

L) Venus y Adonis

  • Autoras: Nerea Giménez y Janire Ortiz
  • Fecha: Diciembre de 2018.

El mito de Adonis, de procedencia siria, lo recoge Hesíodo en su obra Los trabajos y los días. El nombre de Adonis deriva de una palabra semita que, en hebreo, significa señor.

Tías, rey de Siria, tenía una hija, Mirra, de cuya belleza estaba tan orgulloso que solía decir que ni la propia diosa de la belleza era tan hermosa como ella. La diosa del amor y la belleza, Afrodita/Venus, en venganza por aquella insolente afirmación, impulsó a Mirra a desear en incesto a su propio padre, lo que logró, inconsciente de sus actos, y llevó a cabo gracias a la ayuda de su nodriza Hipólita, durante doce noches.

Al fin, cuando su padre se dio cuenta de quién era su amante, la persiguió para matarla, armado con un cuchillo. Mirra, ante el inminente peligro, imploró la protección de los dioses, quienes, para protegerla, la convirtieron en el árbol que, por ella, se llama "mirra". Cuando cae la mirra del árbol, en realidad son las lágrimas de la princesa Mirra las que caen.

A los nueve meses, un jabalí hendió sus colmillos en el árbol de la mirra y de él surgió un bellísimo niño, Adonis. Venus, enternecida por el niño, lo recogió y se lo entregó a Perséfone/Prosérpina, diosa de los infiernos, para que lo criara.

Cuando Adonis creció, quiso Venus recuperarlo para ella, pero Prosérpina no lo consentía, por lo que tuvo que intervenir Zeus/Júpiter, dios supremo y padre de las dos diosas. Su decisión fue que Adonis viviese un tercio del año con cada una de ellas y que el resto lo pasara donde él quisiera.

Adonis vivía junto a Venus siempre que le era posible. Muy aficionado a la caza, murió pronto a causa de la herida de un jabalí, impulsado por los celos de Ares/Marte, dios de la guerra y amante de Venus.

Al oír la diosa el grito de muerte de Adonis, salió corriendo a protegerlo. Por el camino, las lágrimas de sus ojos se iban convirtiendo en rosas, las cuales iban siendo teñidas del rojo de la sangre que salía de las heridas que le producían las espinas de los rosales. Las rosas, blancas en un principio, tienen distintos tonos según la cantidad de sangre que les llegó. Desde entonces, estas flores están consagradas a la diosa Venus.

Cuando la diosa llegó junto a Adonis, éste ya estaba agonizando. De cada una de sus gotas de sangre, junto a las lágrimas de Venus convertidas en rosas, surgía una anémona. Venus, en memoria de su amante, instituyó una fiesta que las mujeres sirias celebraban todos los años en primavera. Plantaban las semillas en recipientes especiales, llamados jardines de Adonis, y los regaban con agua caliente para que brotasen pronto. Las anémonas así nacidas mueren pronto, como el propio Adonis, pero son tan hermosas como él.

Adonis es símbolo de la vida, la muerte y la resurrección en la naturaleza. En invierno, época en que Adonis desciende a los infiernos junto a Prosérpina, todo parece morir. Pero resurge todo en primavera, al volver aquél junto a su amada Venus.

M) Héctor y Andrómaca

  • Autoras: Lucía Salinas y Lucía Vijuesca.
  • Fecha: Diciembre de 2018.

Andrómaca era hija de Eeiton (el rey de Asia Menor) y esposa del valiente troyano Héctor,que a su vez era hijo de Príamo (el rey de Troya).

Ambos tuvieron un hijo, llamado Astianax.

Héctor era hermano de Paris, el secuestrador de la griega Helena, la esposa del rey Menelao. Este secuestro provocó la ira de los helenos y de ahí vino la terrible guerra de Troya, al término de la cual la ciudad fue saqueada y destruida.

Héctor murió a manos de Aquiles, el cual quiso vengarse así, ya que Héctor había matado antes al amigo de Aquiles, llamado Patroclo. Aquiles también mató al padre de Andrómaca y a sus siete hermanos.

Tras la muerte de Héctor, ocurrió la caída de Troya, ya que era él quien mejor defendía la ciudad. Después de aquello, Astianax huyó del recinto de la ciudad y Andrómaca fue capturada como parte del botín de guerra y fue llevada a Grecia por Neptolemo (hijo de Aquiles). Andrómaca dio un hijo a Neptolemo y tuvo que sufrir el desprecio de Hermione, la despechada esposa de Neptolemo. Ella y su padre, Menelao, incluso intentaron matarla. Este hecho no ocurrió porque el abuelo de Neptolemo, Peleo, lo evitó.

Más adelante, Andrómaca se casó con el profeta Heleno, quien, como ella, también había sido apresado por Neoptolemo en Troya. Pasó sus últimos años con él en Pérgamo, una nueva cuidad creada en Asia Menor que recibió su nombre de Pérgamos, la fortaleza destruida en Troya (De acuerdo con una versión distinta, fue Pérgamo, el hijo de Heleno y Andrómaca, el que fundó la ciudad).

Andrómaca se convirtió en la figura mítica que representaba a la esposa indefensa y entregada, víctima de una guerra despiadada. Se trata de una figura cuyo destino estaba marcado por los terribles avatares de la guerra. Además de aparecer en la obra de Homero, la Iliada, también aparece en el drama contra la guerra titulado Las troyanas, escrito por Eurípides, en el que se representa la vida de Andrómaca y su destino como concubina de Neoptolemo, además de haber sufrido los intentos de Hermione y Menelao para acabar con ella.

La pareja formada por Héctor y Andrómeda ha pasado a la historia como símbolo del amor de los esposos, ya que se amaron profundamente, a pesar de todas las dificultades que tuvieron en sus vidas.

N) Teseo, Ariadna y el laberinto de Creta

Teseo, Ariadna en el laberinto de Creta
  • Autores: Iker Laborda y Asier Villanueva.
  • Fecha: Diciembre de 2018.

El rey Minos estaba muy avergonzado porque su mujer, Pasifae, había tenido un bebé horrendo, con cara de toro y cuerpo humano. Para esconder a aquella criatura de la que se avergonzaba, Minos mandó construir a Dédalo un laberinto.

Tras perder la ciudad de Atenas una guerra contra el rey Minos,se le obligó a poner como una especie de impuesto, cada nueve años, siete mujeres y hombres jóvenes estaban destinados a ser devorados por el Minotauro. Llego el turno de un principe ateniense Teseo, se hizo señalar como de los jovenes valientes que acabaria con el Minotauro.

Ariadna hija de Minos y Pasifae se enamoró de él. Llego el día en el que Teseo le toco entrar en laberinto, pero antes de eso Ariadna le enseño el secreto que era para no perderse por el laberinto y poder salir de él. Le dijo que todo lo que tenia que hacer era cojer un rollo de hilo atarlo a las puertas de el laberinto y poco a poco ir desenrollando, de esa manera no se perdería.

Llego el momento y Teseo hizo lo que le dijo Ariadna y de esa manera nunca se podria perder. Teseo consiguió matar al Minotauro siguio el hilo y abandonó Creta con Ariadna .

Ñ) Ícaro y Dédalo

  • Autoras: Andrea Hernando y Verónica Hernando.
  • Fecha: Diciembre de 2018.

El mito griego de Ícaro y Dédalo trata sobre la ambición y la soberbia que tenemos los humanos que nos creemos, a veces, por encima del bien y del mal. Trata también de que, muchas veces, los jóvenes hacemos las cosas sin pensar y eso trae malas consecuencias.

Minos le ordena a Dédalo crear un laberinto para que Teseo perezca en él a manos del Minotauro, el monstruo que allí vivía, hijo de la esposa del rey, Pasifae, y de una relación vergonzante inconfesable. Pero cuando Teseo escapa del laberinto, él le castiga a Dédalo a pasar el resto de su vida junto a su hijo Ícaro encerrado en aquel mismo laberinto que había construido para otros.

Protegiendo la salida del laberinto, el rey Minos dejó a unos guardianes con la orden de que lo mataran si conseguía escapar con su hijo. Así que Dédalo piensa un plan para escapar sin ser visto.

Va a construir una alas para huir del laberinto utilizando cañas, cera y plumas. Cuando van a emprender la huida, el único consejo que Dédalo le da a su joven hijo Ícaro para escapar con éxito es que no vuele ni muy bajo (porque las olas del mar mojarían las plumas) ni muy alto (porque el Sol derretiría la cera que Dédalo había empleado para unir las plumas de las alas).

Pero una vez en el aire, la alegría de volar y ser libre otra vez, hizo que el joven Ícaro volase demasiado alto, sin darse cuenta de que se acercaba demasiado al sol. La cera de sus alas se derritió por el calor e Ícaro cayó al mar donde murió ahogado.

Cuando Dédalo se dio cuenta de lo que había pasado, ya era demasiado tarde. El creerse demasiado listo había matado al joven Ícaro.

O) Edipo y el enigma de la Esfinge

Edipo y el enigma de la Esfinge
  • Autoras: Desirée Mora e Izarbe Sierra.
  • Fecha: Diciembre de 2018.

La Esfinge era un monstruo con cara de mujer, cuerpo de león, cola de serpiente y alas de pájaro. Era fiel a la diosa Hera y buscaba asustar y devorar a los ciudadanos de Tebas. Antes de ello, les preguntaba un enigma casi imposible de resolver y les prometía que, si conseguían resolverlo, respetaría su vida.

Pero muchas personas fueron víctimas del monstruo y murieron devoradas.

Un día, llegó a las afueras de Tebas un hombre llamado Edipo, el cual se enfrentó a la Esfinge y a su complicado enigma. El monstruo le preguntó su enigma y Edipo supo responderlo. Para ello, se había hecho antes un círculo en el suelo que le ayudaba a aislarse de todo y le permitía concentrarse únicamente en encontrar la solución.

La Esfinge se enfadó tanto al ver que Edipo la derrotaba que, de la rabia, se tiró desde la cima de una gigantesca roca, acabando así con su existencia.

Como Edipo había conseguido salvar a Tebas del horrible monstruo que la asolaba, como premio, se casó con la reina viuda, Yocasta -que, al parecer, era su propia madre-, y fue proclamado rey. Tal es la continuación de esta trágica historia. Pero esa segunda parte ya os la contaremos otro día.

P) El mito de Aracne

Velázquez, "La fábula de Aracne" (1644, 1648)
  • Autores: Rubén Gómez y Víctor Peiró.
  • Fecha: Diciembre de 2018.

Este mito trata sobre una mujer de Lidia que era muy orgullosa. Se llamaba Aracne y era hija del rey Idmón.

Aracne pensaba que era la mejor tejedora del mundo, incluso se creía mejor que Atenea, diosa de las hilanderas y las bordadoras. Atenea escuchó sus orgullosas palabras de pavoneo y se presentó ante ella en forma de una anciana de pelo blanco que tenia un bastón. Y al confirmar lo que había oído, la retó a un duelo.

Lejos de arredrarse ante la presencia de la diosa, Aracne aceptó el desafío. Entonces, ambas empezaron a tejer con una velocidad asombrosa. Atenea tejió un tapiz de seda, donde mostraba el poder de los dioses. Y Aracne tejió un velo de lino, donde mostraba lo peor de los dioses.

Al terminar sus trabajos, preguntaron a los allí presentes quién había ganado. Atenea vio el trabajo de Aracne y se dio cuenta de que era impecable y lo rompió en mil jirones de la rabia que le dio saberse derrotada.

Entonces, Aracne comprendió el gran error que había cometido al desafiar a una diosa. Pero ya era demasiado tarde. Se sintió tan avergonzada que se ahorcó. Sin embargo, antes de morir, Atenea le salvó la vida, si bien le impuso un castigo: quedarse toda su vida transformada en un insecto de cabeza pequeña y patas muy largas, tanto ella como sus descendientes.

Este insecto es, naturalmente, la araña, que pertenece al género de los arácnidos, así llamados en memoria de la imprudente tejedora que quiso derrotar a una diosa.

Q) Dido y Eneas

  • Autores: Marcos Miguel e Ibón Romeo.
  • Fecha: Diciembre de 2018

Eneas era un príncipe troyano, hijo de la diosa Venus, que huyó de su tierra natal tras el fin de la guerra de Troya. Dido, por su parte, era una legendaria reina de Cartago, y se enamoró del héroe por arte de Venus cuando aquel pasó por allí en busca de un lugar donde crear una nueva Troya.

Cuando Eneas llegó a Cartago, empezó a reconocer el lugar con sus compañeros. Mientras tanto, la diosa Venus se quejaba ante Júpiter de las desventuras de su hijo humano.

Eneas, tras pasar un tiempo de amor con la reina cartaginesa, tuvo que emprender rumbo de nuevo, puesto que su madre Venus le recordó que su tarea primordial era la de fundar la nueva Troya, que no sería otra que la futura ciudad de Roma. Dido intentó convencer a Eneas para que se quedase en Cartago a su lado, pero este preparó su barco para partir. Y mientras el barco de Eneas se alejaba, Dido se suicidó quemándose viva en lo alto de una de las torres de su palacio, puesto que no podía soportar el dolor por la marcha de su amado. A lo lejos, desde el mar, Eneas observaba triste el fuego que hacía desaparecer para siempre el cuerpo de su amada.

Eneas llegó a fundar más tarde Roma, la ciudad de la que nació un imperio. Y ese imperio tuvo como gran rival y enemigo mortal al reino de Cartago. Según se dice, porque los cartagineses no perdonaron jamás a los romanos que su fundador, Eneas, hubiera llevado a la muerte a la bella Dido. Los más destacados líderes cartagineses, como Amílcar y su hijo Aníbal Barca, juraban desde bien pequeños odio eterno a los romanos.

R) Ulises y el caballo de Troya

  • Autores: Guillermo Marcos y Álvaro Ruiz
  • Fecha: Diciembre de 2018.

Los griegos llevaban mucho tiempo frente a las puertas de la ciudad de Troya, a la que habían declarado la guerra diez años antes. Habían intentando entrar en la ciudad en reiteradas ocasiones, pero nunca lo habían conseguido. La ciudad parecía inexpugnable y, poco a poco, el cansancio y el desánimo empezaron a hacer mella entre los soldados. Diez años era demasiado tiempo para estar alejados de sus casas y sus familias y, encima, no obtener ningún resultado. Ulises no era muy fuerte, pero sí muy inteligente y astuto. Así que a él, un día, la diosa Atenea, su benefactora, le susurró la treta que debería usar si quería conquistar la ciudad de Troya.

Ulises llevó a cabo la tarea que le encargó la diosa y conquistó con sus compañeros la ciudad amurallada, gracias a una hábil artimaña. La treta consistía en construir un gran caballo de madera hueco por dentro y meter dentro de él a los mejores soldados griegos. De construirlo, se encargó Epeo, el mejor carpintero del campamento. Tras hacerlo, se lo dejaron a los troyanos como regalo de los dioses enfrente de las murallas y fingieron que se hacían a la mar con sus barcos y sus pertenencias de vuelta a casa. Los troyanos creyeron el embuste, metieron el regalo de los griegos en la ciudad y lo pusieron enfrente de el templo de Atenea. Al caer la noche, Troya celebraba bebiendo y bailando el fin de la guerra con Grecia. Cuando los troyanos cayeron en un profundo sueño, los griegos aprovecharon para salir del caballo y abrieron las puertas a las tropas que se habían retirado anteriormente. Cuando los troyanos quisieron darse cuenta, la conquista de la ciudad se volvió inevitable.

Y así los griegos conquistaron Troya, la de las inexpugnables murallas.

S) Ulises y Calipso

  • Autores/as:
  • Fecha: Diciembre de 2018.

T) Ulises y Circe

  • Autores/as:
  • Fecha: Diciembre de 2018.

U) Ulises y Penélope

  • Autores/as:
  • Fecha: Diciembre de 2018.

V) Jacinto

  • Autores/as:
  • Fecha: Diciembre de 2018.

W) Hermafrodito

  • Autores/as:
  • Fecha: Diciembre de 2018.

X) Polifemo y Galatea

  • Autores/as:
  • Fecha: Diciembre de 2018.
Acis y Galatea

Bibliografía, webgrafía

  • CALERO HERAS, José, "Tema 2-Literatura griega", en Literatura universal. Bachillerato. Barcelona, Octaedro, 2009, pp. 20-36.
  • IBORRA, Enric, "Tema 1. Antigüedad (II): Literaturas griega y latina", en Literatura universal. Bachillerato. Alzira, Algar, 2016, pp. 33-58.
  • ANGELIDOU, María, Mitos griegos. Adapt.: Miguel Tristán. Ilustr.: Svetlin. Barcelona, Vicens Vives, 2008. (Col. "Cucaña").

Edición, revisión, corrección

  • Primera redacción (noviembre 2017): Letraherido.
  • Revisiones, correcciones: Letraherido