Mitología clásica grecorromana

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La mitología grecolatina: dioses y héroes

Los mitos griegos y romanos han tenido siempre una gran vigencia en la cultura occidental. No solo durante la Edad Antigua, la Edad Media y la Edad Moderna, sino también en nuestra Edad Contemporánea siguen haciéndose versiones renovadas de los grandes mitos clásicos. Y no únicamente en la literatura: también en otras artes, como el teatro, la danza, la música, el cine...

Cronos: el tiempo devorador

Deucalión y Pirra

El rapto de Europa

Rapto de Europa, Veronés, 1580, Palacio Ducal de Venecia.

Europa, hija del rey Agenor, estaba un día en la playa con sus amigas cuando fue vista por Zeus, quien enseguida se sintió atraído por la belleza de la joven. Para acercarse a la doncella sin levantar sospechas, el dios se metamorfoseó en un toro blanco y resplandeciente: con esta forma, Zeus se acercó y sentó a los pies de la joven. Europa, temerosa en un principio por la presencia del animal, poco a poco fue cobrando confianza y empezó a acariciarlo. Fue tanta la confianza que cogió que llegó a sentarse sobre el lomo del animal, el cual aprovechó la ocasión para levantarse y adentrarse en el mar llevándose a la joven consigo, sentada en su lomo y aferrada a sus cuernos. A través del mar, ambos llegan hasta la isla de Creta, donde el dios y la mortal se unieron a la sombra de unos árboles que, en recuerdo de dicho acontecimiento, nunca perderían sus hojas.

De este amor nacieron tres hijos: Minos, Sarpedón y Radamantis. Además, Europa recibió tres presentes: Talo (un autómata de bronce encargado de vigilar las costas de Creta), un perro que no dejaba escapar ninguna presa y una jabalina que nunca fallaba el blanco. Después, Zeus casó a Europa con Asterión, rey de Creta, quien adoptó a los hijos de Zeus por no tenerlos propios. Finalmente, el toro cuya forma había adoptado Zeus, se transformó en una constelación y pasó a ser un signo del Zodiaco.

El rapto de Perséfone

Perséfone es hija de Zeus y Deméter (hija de Cronos y Rea, hermana de Zeus y diosa de la fertilidad y el trigo). Su tío Hades (hermano de Zeus y dios de los Infiernos), se enamoró de ella y un día la raptó.

Hades raptando a Persefone

La joven se encontraba recogiendo flores en compañía de sus amigas las ninfas y hermanas de padre, Atenea y Artemisa, y en el momento en que va a tomar un lirio, (según otras versiones un narciso), la tierra se abre y por la grieta Hades la toma y se la lleva.

De esta manera, Perséfone se convirtió en la diosa de los Infiernos. Aparentemente, el rapto se realizó con la cómplice ayuda de Zeus, pero en la ausencia de Deméter, por lo que ésta inició unos largos y tristes viajes en busca de su adorada hija, durante los cuales la tierra se volvió estéril.

Al tiempo, Zeus se arrepintió y ordenó a Hades que devolviera a Perséfone, pero esto ya no era posible pues la muchacha había comido un grano de granada, mientras estuvo en el Infierno, no se sabe si por voluntad propia o tentada por Hades. El problema era que un bocado de cualquier producto del Tártaro implicaba quedar encadenado a él para siempre.

Para suavizar la situación, Zeus dispuso que Perséfone pasara parte del año en los confines de la Tierra, junto a Hades, y la otra parte sobre la tierra con su madre, mientras Deméter prometiera cumplir su función germinadora y volviera al Olimpo.

La leyenda cuenta que el origen de la Primavera radica precisamente en este rapto, pues cuando Perséfone es llevada a los Infiernos, las flores se entristecieron y murieron, pero cuando regresa, las flores renacen por la alegría que les causa el retorno de la joven. Como la presencia de Perséfone en la tierra se vuelve cíclica, así el nacimiento de las flores también lo hace.

Por otra parte, durante el tiempo en que Perséfone se mantiene alejada de su madre, Deméter y confinada a el Tártaro, o mundo subterráneo, como la esposa de Hades, la tierra se vuelve estéril y sobreviene la triste estación del Invierno.

Prometeo y el robo del fuego

La avaricia del rey Midas

La caja de Pandora

Zeus ordenó que le quitaran el fuego a los hombres, pero Prometeo lo robó para dárselo, contra la voluntad del dios olímpico. Zeus, furioso del tal osadia, le ordenó a Hefestos (dios del fuego) que construyera la estatua de una bella doncella. Atenea fue quien la vistió con hermosos ropajes blancos. Hermes (el mensajero de los dioses) le dio el habla y Afrodita la dotó del encanto amoroso.

Zeus le dio a Pandora una caja cuyo contenido la doncella desconocía. Y así la envió con los mortales. Pandora se dirigió hasta la casa de Epimeteo, hermano de Prometeo. El joven e ingenuo hermano quedó perdidamente enamorado de Pandora y ésta le ofreció su caja como un regalo, que Epimeteo aceptó gustoso, a pesar que Prometeo le había advertido de no aceptar nunca un regalo proveniente del Olimpo.

Pandora pudo resistir la tentación de conocer el contenido de su caja, así que la abrió y fue allí que innumerables males se esparcieron por la tierra: el dolor, la vejez, la maldad, el sufrimiento, la tristeza y las enfermedades, todos males que los mortales hasta ese momento desconocían. Aterrada, Pandora cerró la tapa de la caja y sólo la esperanza quedó atrapada en el fondo de ella.

Por eso desde entonces, los mortales decimos aquello de que "La esperanza es lo último que se pierde".

Dafne y Apolo

Perseo y la cabeza de Medusa

La leyenda de Pegaso

Pegaso austral

En la mitología griega, Pegaso (en griego, Πήγασος) era un caballo alado, es decir, un caballo con alas.

Pegaso fue el primer caballo que llegó a estar entre los dioses. Era el caballo de Zeus, dios del Cielo y de la Tierra. Nació de la sangre derramada por Medusa cuando Perseo le cortó la cabeza a esta gorgona, una de las tres hermanas (las otras eran Esteno y Euríale).

Suele representarse en blanco o negro y tiene dos alas que le permiten volar. Una característica de su vuelo es que, cuando lo realiza, mueve las patas como si estuviera corriendo por el aire. Según las fuentes clásicas, Perseo no llegó a volar montado en Pegaso, puesto que lo hacía gracias a unas sandalias aladas; sin embargo, muchos artistas renacentistas lo representaron volando en este caballo. Y en la filmografía sobre el héroe –las distintas películas sobre la leyenda que se han realizado a lo largo de la historia, como Furia de titanes- suele aparecer esta escena, que es realmente una de las más espectaculares.

Pegaso aparece en la mitología relacionado fundamentalmente con el héroe Belerofonte, quien a lomos del equino alado logró dar muerte a la Quimera, bestia de múltiples cabezas (entre ellas, una de león y otra de cabra) que asolaba los territorios de Licia. Gracias al alado corcel, Belerofonte pudo obtener también una victoria sobre las amazonas.

Belerofonte encarna el "defecto" de la ambición excesiva: cuando por fin consiguió montar a Pegaso, obligó al caballo a llevarlo al Olimpo, pues quería convertirse en un dios inmortal. Pero Zeus, molesto por tamaña osadía, envió a un insignificante mosquito que picó el lomo de Pegaso y este, encabritado, precipitó al vacío a Belerofonte sin matarlo, pero dejándolo lisiado para toda la vida y condenado a vagar apartado del mundo recordando sus pasadas glorias.

La leyenda de Pegaso puede haber influido la formación de la figura del buraq en la tradición islámica. Es uno de los equinos más célebres de la literatura, junto con Rocinante (caballo de Don Quijote de la Mancha), Babieca (el del Cid), Bucéfalo (el de Alejandro Magno) y el caballo de Troya (junto con Clavileño, que también sale en El Quijote, el único caballo de madera).

Eco y Narciso

Antígona y Hermo

Orfeo y Eurídice

Eros y Psique

Eros y Psique

Cuenta la historia que, hace mucho tiempo, existieron un rey y una reina que tenían tres hijas. La menor, Psique, de deslumbrante belleza, era adorada por los humanos como una reencarnación de la diosa Afrodita. La diosa, celosa de la belleza de la mortal Psique, pues los hombres estaban abandonando sus altares para adorar en su lugar a una simple mujer, ordenó a su hijo Eros que intercediera para hacer que la joven se enamorase del hombre más horrendo y vil que pudiera existir. Pero Eros, al ver a la bella, cayó enamoradísimo de ella y decidió ocupar el lugar del monstruo.

Por su parte, la belleza no había traído a Psique felicidad alguna. Los hombres la idolatraban de mil maneras, pero ninguno osaba acercársele ni pedir su mano. Los preocupados padres consultaron al Oráculo de Apolo para determinar qué le depararía el destino a su hija. Lejos de encontrar consuelo, el Oráculo predijo que Psique se casaría en la cumbre de la montaña con un monstruo de otro mundo. Psique aceptó amargamente su destino, y obedeciendo al Oráculo, sus padres la llevaron hasta la cima de la montaña seguidos por una larga procesión, donde la abandonaron en llanto para enfrentar a una muerte segura.

Así la encontró el Céfiro (viento del Oeste), quien la elevó por sobre las montañas hasta depositarla en un valle colmado de flores. Al despertar, Psique se internó en el bosque cercano siguiendo el sonido del agua. Lo que encontró fue un hermoso palacio, de indescriptible lujo y belleza, y voces sin cuerpo susurrando que el palacio le pertenecía y que todos estaban allí para servirla. Esa noche, mientras yacía en la oscuridad de su nueva alcoba, un desconocido la visitó para hacerla su esposa. Su voz era suave y amable, pero él no se dejaba ver a la luz del día, lo cual despertaba la curiosidad de Psique que deseaba conocer su rostro.

Con el paso del tiempo, Psique comenzó a sentir desasosiego y sufría por sentirse sola. Extrañaba a sus hermanas, a quienes no veía desde hace tiempo, y esto le causaba tristeza. Imploró entonces a su esposo que le permitiera recibir la visita de aquellas, pero él le advirtió de que ellas tratarían de incitar su curiosidad y la alentarían a desvelar la identidad de su cónyuge. Le advirtió una y otra vez que no se dejara persuadir por sus hipócritas hermanas, ya que el día en que ella viera su cara no lo volvería a ver más y ese día se acabaría su felicidad.

Pero finalmente, Eros cedió ante las intensas súplicas de Psique y pidió al viento Céfiro que acercara a las hermanas al palacio. Éstas, ante la visión de tanto lujo y belleza, ardieron de celos y envidia ante la buena fortuna de su hermana. Secretamente, cada una de ellas comenzó a despreciar lo que a ella misma le había tocado en suerte: un marido anciano y mezquinas riquezas en comparación con el esplendor en que vivía Psique. Se fueron del palacio planeando castigar a su hermana y, a su retorno, la convencieron de que su marido era una monstruosa serpiente que esperaba al acecho para devorarla. Le sugirieron un detallado plan de acción, que se basaba en esperar que el sueño venciera a Eros para luego acercarse a él con una lámpara y un puñal y cortar su cabeza venenosa.

Esa misma noche, Psique esperó a que su marido se durmiera y encendió su lámpara para observarlo. A quien vio fue al más hermoso de los dioses, al mismísimo Eros. El cuchillo cayó de sus manos y, mientras observaba extasiada la imagen gloriosa, una gota de aceite cayó en el hombro de Eros. Éste se despertó y, librándose del abrazo y los lamentos de Psique, expresó su decepción por la traición de su esposa. Le contó que él mismo había desobedecido las órdenes de su madre al enamorarse de ella, pero que ya todo estaba arruinado. Y así desplegó sus alas y se fue.

Psique comenzó entonces una búsqueda desesperada para encontrar a Eros que culminó en su llegada al templo de Afrodita. Ésta, llena de ira y deseos de venganza, rasgó las vestiduras de la bella y le encomendó tareas imposibles como clasificar miríadas de semillas distintas. Psique recibía ayuda de distintos dioses y fuerzas de la naturaleza, lo que hizo posible que completara los desafíos. Afrodita, entonces, inventó un nuevo castigo para ella: debería internarse en mundo subterráneo en busca de Perséfone, reina de los infiernos, para rogarle que le diera un poco de su belleza dentro de un cofre. Sorteando varias dificultades, Psique cumplió la tarea y comenzó su viaje de vuelta hacia la luz. En el camino, cayó presa nuevamente de la curiosidad. Atraída por el deseo de agradar más a su amado adornándose de belleza divina, abrió el cofre e inmediatamente cayó en un sueño mórbido.

Mientras, Eros, recién recuperado de su herida, salió en busca de su esposa para despertarla. Se dirigió a visitar a Zeus para rogarle que tuviera compasión de Psique, que la hiciera inmortal y así podría vivir con él en los cielos. Zeus se compadeció de Eros y apaciguó a Afrodita, diciéndole que aquel sería un casamiento digno del chico. Así que ordenó el casamiento de los jóvenes, que duraría para siempre.

Hero y Leandro

Cadmo y Hermione

Fedra e Hipólito

Venus y Adonis

Las amazonas

Las amazonas eran un pueblo de solo mujeres descendientes del dios de la guerra, Ares, y de la náyade Harmonía. Se originaron alrededor del área del Cáucaso y se establecieron en las riveras del río Termodón en Pontus, Asia Menor, para luego fundar el pueblo de Temiscira, en la costa de Euxine (Mar Negro - Turquía).

Las amazonas eran imaginadas y descritas por los hombres griegos como un pueblo de mujeres en estricto sistema de matriarcado, gobernadas por una reina, a la cual se le suponía un vínculo directo con el dios Ares, pero sin clarificar el sistema sucesorio. Se desconoce si a estas reinas les sucedían sus propias hijas o bien la mujer con más atributos como fuerza, inteligencia o dotes de mando.

Etimológicamente, "amazon" deriva probablemente de un etónimo iraní, "hamazam-", que originalmente significaba “guerreras”. La variante griega del nombre estaba relacionada por etimología popular de “a”, “sin”, y “mazos”, “senos”, relacionado con la tradición que decía que las amazonas se cortaban o quemaban el pecho derecho, para poder ser capaces de usar el arco con más libertad, y criaban a sus hijas con el izquierdo. Pero en las obras de arte no existen indicios de esta carencia, las amazonas siempre son representadas con ambos pechos, aunque con el derecho frecuentemente cubierto.

Según la iconografía, en algunas vasijas griegas, se dibuja a las amazonas con unos escudos en forma de luna e incluso puestas bajo la protección de Artemisa, diosa de la caza y de la Luna. Por similitud fonética, pudieron copiar de este extraño pueblo la denominación “uma soona” como “amazona”.

En algunas versiones, ningún varón tenía permiso para residir en el país de las amazonas; pero una vez al año, para evitar la extinción de la raza, visitaban a los Gargarios -tribu vecina- o en otros casos, se relacionaban con extranjeros. Sus uniones sexuales se realizaban fuera del grupo, sin mantener ningún lazo con ellos después. A las niñas se las educaba como amazonas, adiestradas en las labores de campo, la caza y el arte de la guerra, adoptando el estatus de las madres y desconociendo la identidad del padre. Para los niños nacidos de esas uniones, había cuatro opciones: se los mutilaba -dejándolos ciegos o cojos-, los utilizaban como esclavos, se les sacrificaba o eran enviados de vuelta con sus progenitores.

Los griegos concibieron a las amazonas como mujeres amantes de la guerra que luchaban armadas con peltas (los escudos pequeños en forma de media luna), con hachas de doble filo y arcos de gran tamaño con los que disparaban sus flechas. A diferencia de los helenos, las amazonas preferían la guerra a caballo y se les consideró expertas jinetes. La otra actividad amazónica era la cacería.

Además, los mayores héroes de la mitología griega: Hércules, Belerofonte y Aquiles tuvieron, en algún punto de sus aventuras, que enfrentarse con las amazonas e invariablemente las vencieron. Uno de los trabajos impuestos a Heracles por Euristeo fue conseguir el cinturón de la reina amazona Hipólita.​ Para dicha tarea, le acompañó su amigo Teseo, quien raptó a la princesa Antíope, hermana de Hipólita, un incidente que llevó a la invasión del Ática en represalia, donde Antíope pereció luchando junto a Teseo. En algunas versiones, sin embargo, Teseo se casaba con Hipólita y en otras, lo hacía con Antíope, quien no moría.

Héctor y Andrómaca

Teseo, Ariadna y el laberindo de Creta

Hermafrodito

Ícaro y Dédalo

Edipo y el enigma de la Esfinge

Jacinto

Hércules o Heracles

Hércules venciendo al león

Hijo de Zeus y de Almena, esposa de Anfitrión, fue concebido en una triple noche de amor, sin que por ello se alterase el orden de los tiempos, ya que las noches siguientes fueron más cortas.

Se dice que el día de su nacimiento resonó el trueno en Tebas con furioso estrépito y otros muchos presagios anunciaron la gloria del hijo del dueño y señor del Olimpo. Alcmena dio a luz dos mellizos, Heracles e Ificles. Anfitrión, deseando saber cuál de los dos era su hijo, envió dos serpientes que se aproximaron a la cuna de los mellizos. El terror se apoderó de Ificles, quien quiso huir, pero Heracles despedazó a las serpientes y mostró, ya entonces, que era digno hijo de Zeus.

Por otro lado, Hera, movida por los celos, a causa de la aventura extraconyugal de su esposo, resolvió eliminar al recién nacido enviando contra él a dos terribles dragones para que le despedazasen. El niño, sin el menor espanto, los hizo pedazos.

Palas logró que se apaciguara la cólera de Hera, hasta el extremo de que la reina de los dioses consintió en darle de mamar de su propio pecho al hijo de Alcmena. Se cuenta que Heracles, abandonando el pecho, dejó caer algunas gotas de leche que se derramaron sobre el cielo, formándose de esta singular manera la vía láctea o camino de Santiago (The Milky Way, en inglés; la Voie Lactée, en francés).

Los maestros más hábiles se encargaron de la educación de Heracles. Autólico le enseñó la lucha y la conducción de carros; Eurito, rey de Elia, el manejo del arco: Eumolpo, el canto; Cástor y Pólux, la gimnasia; Elio le enseñaba a tocar la lira y el centauro Quirón, la astronomía y medicina.

Su desarrollo físico fue extraordinario y su fuerza portentosa. Heracles era un gran bebedor, y su jarro era tan enorme que se necesitaba la fuerza de dos hombres para levantarlo.

Cuando Heracles creció, Hera vertió en su copa un veneno que lo enloqueció y esa locura hizo que Heracles matara a su mujer y a sus propios hijos, confundiéndolos con enemigos. Como castigo, fue enviado con el primo de Hera, el rey Euristeo, para servirle por doce años. Euristeo, estimulado por Hera, siempre vengativa, le encomendó las empresas más duras y difíciles, las cuales se llamaron los doce trabajos de Heracles. Estas fueron:

  1. El león de Nemea,
  2. la hidra de Lerna,
  3. el jabalí de Erimanto,
  4. las aves de Stinfálidas,
  5. la cierva de Artemisa,
  6. el toro de Creta,
  7. los establos de Augías,
  8. robar los caballos de Diomedes,
  9. robar las manzanas de las Hespérides,
  10. arrebatar el cinturón de Hipólita,
  11. dar muerte al monstruo Gerión y
  12. arrastrar a Cerbero fuera de los infiernos.

De todos ellos, salió victorioso el héroe y son otros muchos los que asimismo se le atribuyen, pues casi todas las ciudades de Grecia se vanagloriaban de haber sido teatro de algún hecho maravilloso de Heracles. Exterminó a los centauros, mató a Busilis, Anteo, Hipocoón, Laomedonte, Caco y a otros muchos tiranos; libró a Hesione del monstruo que iba a devorarla, y a Prometeo, del águila que le comía el hígado; separó los dos montes llamados más tarde columnas de Heracles, etc.

El amor, pese a las numerosas hazañas realizadas por el héroe, ocupó intensamente el espíritu y el cuerpo de Heracles. Tuvo muchas mujeres y gran número de amantes. Las más conocidas son Megara, Onfalia, Augea, Deyanira y la joven Hebe, con la cual se casó en el cielo, sin olvidar las cincuenta hijas de Testio, a las cuales hizo madres en una noche.

El odio del centauro Neso, unido a los celos de Deyanira, fueron la causa de la muerte del héroe. Sabedora esta princesa de los nuevos amores de su esposo, le envió una túnica teñida con la sangre del centauro, creyendo que con ello impediría que amara a otras mujeres. Pero apenas se la puso, el veneno del que estaba impregnada hizo sentir su funesto efecto, y penetrando a través de la piel, llegó en un momento hasta los huesos. En vano procuró arrancarla de sus espaldas; la túnica fatal estaba tan pegada a la piel que sus pedazos arrastraban tiras de carne.

Las más espantosas imprecaciones contra la perfidia de su esposa brotaron de los labios del héroe, y, comprendiendo que se acercaba su última hora, constituyó una pira en el monte Oeta, extendió sobre ella su piel de león, y, echándose encima, mandó a Flictetes, para que prendiera fuego y cuidase sus cenizas.

En el mismo instante en que comenzó a arder la pira, se dice que cayó un rayo sobre ella para purificar lo que pudiera quedar de mortal en Heracles. Zeus lo subió al Olimpo y lo colocó entre los semidioses.

La manzana de la discordia y la guerra de Troya

Paris eligiendo a la diosa mas hermosa

Cuenta la leyenda, que cuando Peleo, padre del valeroso Aquiles y Tetis, diosa del mar se casaron, enviaron invitaciones de la fiesta para todos los dioses, pero como no querían tener problemas en un día tan especial, decidieron que lo mejor sería no invitar a Eris, la Diosa de la Discordia.

Eris se enojó tanto que se apareció en el banquete de bodas de todos modos. Furiosa, se dirigió a la mesa donde se encontraban las diosas más hermosas: Hera, Atenea y Afrodita, y arrojó ua enorme manzana con una inscripción tallada que decía: "Para la más hermosa".

Hera dijo: Debe ser para mí. Pero al instante, Atenea y Afrodita también reclamaron la manzana y pusieron a Zeus como árbitro. Zeus no quería tomar parte por ninguna de las diosas, ya que sabía que, por lo menos dos de ellas terminarían haciendo reclamos por su intervención o, lo que es peor, enemistadas con él y decidió quitarse el problema de encima. No se le ocurrió nada mejor que enviar al dios mensajero, Hermes (Mercurio), en a busca de Paris (príncipe de Troya) con el encargo del Juicio que se le pedía; localizó al príncipe-pastor y le mostró la manzana de la que tendría que hacer entrega a la diosa que considerara más hermosa. Precisamente por eso lo había elegido Zeus; por haber vivido alejado y separado del mundo y de las pasiones humanas. Así, se esperaba de él que su juicio fuera absolutamente imparcial.

Cada una de las tres diosas fueron desfilando ante él cubriéndolo de promesas.

- Prometo darte poder y riquezas si me eliges a mí, serás emperador de toda Asia -dijo Hera-.

Atenea, por su parte, le prometió:

- Si dices que yo soy la más bella, te otorgaré gloria en las guerras y gran inteligencia y sabiduría.

Pero la sensual Afrodita, que era muy astuta, le dijo:

- Te daré el amor de la mujer que consideres para ti como la más bella del mundo.-

Afrodita obtuvo la manzana de oro y, desde ese momento, fue la más bella de todas las diosas, pero también de ahí en adelante Hera y Atenea se convertirían en sus peores enemigas.

La decisión de Paris hubo de traer graves consecuencias para su pueblo, ya que la hermosa mujer por la que Afrodita hizo crecer el amor en el pecho de Paris era Helena, la esposa del rey de Esparta, Menelao. En ocasión del paso de Paris por las tierras de ese rey, y después de haber estado una noche en su palacio, Paris raptó a la bella Helena y se la llevó a Troya. El amor por Helena daría lugar a la mayor guerra jamás vista hasta entonces.

El rapto enfureció a Menelao y éste convocó a los reyes aqueos como Agamenón, su hermano, que fue nombrado comandante en jefe; Odiseo, que, inspirado por Atenea, fue el que ideó el caballo de madera con el que la expedición aquea pudo por fin tomar Troya y Aquiles, entre muchos otros, para ir a recuperar a Helena o, si fuese necesario, pelear por ella en Troya, hecho que glosa Homero en la Ilíada.

Ulises y Calipso

El mito de Aracne

Ulises y el caballo de Troya

Ulises y Circe

Ulises y Penélope

Polifemo y Galatea

Dido y Eneas

Bibliografía, webgrafía

  • CALERO HERAS, José, "Tema 2-Literatura griega", en Literatura universal. Bachillerato. Barcelona, Octaedro, 2009, pp. 20-36.
  • IBORRA, Enric, "Tema 1. Antigüedad (II): Literaturas griega y latina", en Literatura universal. Bachillerato. Alzira, Algar, 2016, pp. 33-58.

Edición, revisión, corrección

  • Primera redacción (noviembre 2017): Letraherido.
  • Revisiones, correcciones: Letraherido