''El caballero de Olmedo" (1620). Texto 6 y cuestiones relacionadas

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El caballero de Olmedo. Texto 6

Pedro.— Ya creo y tengo por cierto,
        viendo que todo se junta,
        que fue voluntad del cielo.
        En casa puede quedarse
        la madre, y este mancebo
        venir a darte lición.
        Concertadlo, mientras vuelvo.
        ¿De dónde es, galán?
Tello.—  Señor, soy calahorreño.
Pedro.—  ¿Su nombre?
Tello.—  Martín Peláez.
Pedro.—  Del Cid debe de ser deudo.
        ¿Dónde estudió?
Tello.—  En la Coruña,
        y soy por ella maestro.
Pedro.—  ¿Ordenose?
Tello.—  Sí, señor,
        de vísperas.
Pedro.—  Luego vengo.
Tello.—  ¿Eres Fabia?
Fabia.—  ¿No lo ves?
Leonor.— ¿Y tú Tello?
Inés.—   ¡Amigo Tello!
Leonor.— ¿Hay mayor bellaquería?
Inés.—   ¿Qué hay de don Alonso?
Tello.—  ¿Puedo
         fiar de Leonor?
Inés.—    Bien puedes.
Leonor.—  Agraviara Inés mi pecho
         y mi amor, si me tuviera
         su pensamiento encubierto.
               (Lope de Vega, El caballero de Olmedo).

Pregunta 1 - Sitúe el momento de la acción a la que pertenece el fragmento citado destacando los elementos más significativos desde el punto de vista teatral

El fragmento se sitúa en medio del segundo acto, en pleno desarrollo de la acción amorosa. Don Alonso, caballero de Olmedo, quiere conseguir como sea a doña Inés, su enamorada, quien también le corresponde. Pero don Pedro, padre de Inés, ha decidido casarla a ella con don Rodrigo y a su otra hija, Leonor, hermana de Inés, con don Fernando.

En este punto, la intervención del gracioso o donaire, que aquí es Tello, criado de don Alonso, era imprescindible. Él es quien debía, con ingenio, tramar algún ardid para ayudar a su señor. Y Tello se presenta en la casa de Inés disfrazado de maestro de letras en una escena desternillante, donde se observa bien el carácter de comedia de la obra representada.

Toda la escena es un despropósito que debía llevar a retorcerse de risa al público, que enseguida reconocía al gracioso Tello disfrazado de dómine y se daba cuenta de los embustes que contaba sin que el serio don Pedro se diera por aludido. Así, cuando el cabeza de familia dice que "en casa puede quedarse la madre", refiriéndose a Fabia, utiliza una expresión que recuerda inmediatamente a la "madre Celestina", por lo que el público se pondría en tensión pensando en el enredo que, a continuación, seguiría. Y cuando don Pedro acepta a Tello por maestro de letras latinas, el público ve confirmado el enredo que se urdiendo. Tello dice que es de Calahorra, que se llama como el compañero del Cid Martín Peláez, que es maestro por La Coruña (donde nunca hubo universidad) y que se ordenó "maestro de vísperas" (un título que no significa nada). Sin embargo, el ingenuo don Pedro se lo cree todo y simplemente exclama: "Luego vengo", al contrario que su hija, Leonor, quien se da cuenta de toda la maquinación ("¿Hay mayor bellaquería?"); de Fabia, que enseguida reconoce al criado; y de Inés, que igualmente lo reconoce ("¡Amigo Tello!").

Es decir, la escena sirve para reírse del poder establecido, serio, pero despistado y crédulo. Resulta curioso aquí que la voz masculina y patriarcal (don Pedro), la voz de la experiencia y el poder, sea engañada, mientras que la voz de la mujer, representante de la juventud, la sumisión obediente y la inexperiencia (doña Leonor y doña Inés), sea la que verdaderamente comprende el alcance de la cómica situación.

Pregunta 2 - Caracterice a los personajes de Fabia y Tello, incidiendo especialmente en su tradición literaria

  • Fabia es un personaje de raíz claramente celestinesca, a la que incluso se llama "madre", como a la "madre Celestina", siguiendo los usos de la época. Lope era un gran admirador de La Celestina y quería rendir un homenaje a esta joya de nuestra literatura patria. Fabia es, pues, una alcahueta vieja y experimentada, aliada con Tello y don Alonso para conseguir que doña Inés pueda casarse con su amado. De manera que los amantes se ven comparados de alguna forma con Calisto y Melibea, y don Pedro, padre de Inés, con Pleberio, el padre de Melibea.

Aparte del aspecto de homenaje, la raigambre celestinesca del personaje ubica la comedia lopesca en un ambiente trágico, de amores imposibles, truncados por la muerte, algo bueno para la obra, pues no olvidemos que el público todo conocía perfectamente la leyenda del caballero de Olmedo y su trágico fin, asesinado por sus rivales por la noche y sin posibilidad alguna de defensa. En realidad, los amores de Olmedo, el luctuoso final del caballero, son tema de tragedia, pero la fórmula teatral de Lope es la comedia. La forma de solucionar el conflicto dramático consistirá en la introducción final del Rey, como garante del restablecimiento del orden social y permitiendo poner un "final feliz" a los sangrientos sucesos de Olmedo.

Diremos, por último, de Fabia que como Celestina tiene un punto de hechicera, pero que parece ejercer un punto de fascinación en Tello, quien se siente atraído y a la vez repelido por ella. Ella es mujer de fuerte carácter, que fuerza al criado a acompañarla llevando una escalera, porque dice necesitar la muela de un ladrón recientemente ahorcado, seguramente como ingrediente de alguna de sus mágicas pócimas de alquimista.

  • En cuanto a Tello, enlaza con la más genuina tradición lopesca y del teatro nacional barroco español. Es el donaire o gracioso, el personaje encargado de hacer reír al público. Naturalmente, un criado, pues se habría considerado impropio que un noble moviese la risa del populacho. Él es quien mueve la acción, quien trama los enredos que ayudarán a su señor. En muchas obras de Lope, las comedias terminan con dobles bodas, del galán con la dama y del gracioso con la criada, cada uno dentro de su clase social. Tello es el criado fiel a su señor hasta el final. No olvidemos que es quien lo asiste en sus momentos últimos, quien hace de testigo de su fin cristiano, preocupado por la salvación del alma, quien lo lleva a casa de sus padres y quien relata ante el Rey lo sucedido, acusando a los asesinos, para que el Monarca pueda impartir justicia.

En este caso, vemos que el gracioso, además de hacer gracias, lleva su cometido más allá, movido por un compromiso de fidelidad con su señor. Pasa lo mismo con el Crispín de La vida es sueño, de Calderón, que curiosamente muere al final de la obra atravesado por una saeta, destacando él mismo en su última intervención la paradoja de su condición de gracioso y su trágico final. El personaje del donaire o gracioso tiene, como vemos, largo recorrido en nuestro teatro barroco y podemos encontrar variados matices en su figura.

Terminaremos diciendo que la figura del gracioso fue muy criticada en el siglo siguiente, el XVIII. Los ilustrados fueron grandes críticos del teatro posbarroco, muy degenerado a partir del modelo lopesco. Se quejaban, por ejemplo, de que la comicidad de la obra debía proceder de la situación misma, y no depender del supuesto gracejo de un personaje externo -el donaire- que de una manera artificial movía a risa al público.

Bibliografía y webgrafía

  • Corral de comedias, documento gráfico en la web del Departamento de Lengua del IES Avempace.
  • Lope de Vega, El caballero de Olmedo. Ed.: Joseph Pérez. Madrid, Clásicos Castalia, 1983.
  • Lope de Vega, El caballero de Olmedo. Ed.: Felipe B. Pedraza. Barcelona, Vicens Vives, 1996. Col. Clásicos Hispánicos.

Trabajos de los alumnos

Lírica culta

Teatro

Narrativa, erudición, prosa

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Escritoras del Barroco

Edición, revisión, corrección

  • Primera redacción (septiembre 2019): Letraherido.
  • Revisiones, correcciones: Letraherido.