El «efecto de inmersión» y la escenografía

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   NOTA: Esta pregunta se formuló en la prueba EvAU de Lengua castellana y literatura II
de junio de 2016 con el enunciado: "El “efecto de inmersión” en La Fundación,
de Antonio Buero Vallejo".
   "Alguien está fuera de lugar. O ellos, o Tomás con nosotros. Alguien ha engañado a alguien. De aquí
arranca la tragedia: la búsqueda dolorosa y perpleja de qué cosa sea la verdad de una realidad que nos
está enviando mensajes contradictrios. Y en esa búsqueda Buero nos ha metido a todos, ya desde el primer
instante, pues sólo vemos por los ojos de Tomás, sólo vibramos con sus alegrías, sólo nosotros, con él,
vislumbramos la inmaculada belleza de Berta.
    Buero ha conseguido lo que buscaba: obligarnos a plantearnos el problema de la verdad del mundo.
A partir de ese momento, vamos a empezar a cuestionar determinadas actitudes de Tomás, algunos detalles
no explicables a primera vista de tan leal Institución (...)
    Y empezamos a recordar: pertenecemos todos al mismo mundo. Un mundo en el que son incontables las
veces, infinitas las circunstancias injustas que han pasado justo a nuestro lado, a veces hasta salpicarnos.
Y hemos vuelto la cabeza, para no ver, porque no estábamos seguros de resistir su visión sin estallar.
Y era más cómodo callar. Ante nuestro silencio cómplice han convertido este mundo nuestro en un inmenso
campo de concentración, en el que también nosotros estamos. Nuestra inacción les proporciona fuerza.
Y hemos sido todos. Ahora lo entendemos: el rencor, la venganza, la desconfianza entre nosotros
mismos les da alas a su impunidad".
    (Antonio Iniesta Galván, Esperar sin esperanza. El teatro de Antonio Buero Vallejo.
Murcia, Universidad, 2002, pp. 312-313).

Criterios específicos de corrección (Universidad de Zaragoza)

Se valorará que el alumno comente lo relativo a los llamados “efectos de inmersión” habituales en el teatro de Buero: los cambios de decorado que conducen desde lo que Tomás cree ver (el salón de una residencia de investigadores) a la realidad, que poco a poco irá admitiendo (la celda de una cárcel).

El efecto de inmersión se hace notar también en la presencia de una música que luego desaparece, el paisaje tras la ventana, el acto de imitar gestos que no llevan a ninguna acción, la presencia del personaje de Berta (un producto de la imaginación de Tomás que cobra cuerpo en la obra) o la transformación de los carceleros en camareros y encargados.

Son un medio de expresar las obsesiones y trastornos del personaje, que este cree y los demás asumen participando de ellas (aun conociendo su falsedad), y de propiciar la participación del espectador, que sigue los vaivenes de la mente del personaje reflejados en los imprevistos cambios que se suceden sobre el escenario.

El efecto de inmersión supone el ir viendo las cosas desde la perspectiva de uno de los personajes -Axel, en este caso- e ir descubriendo la verdad que oculta La Fundación al mismo tiempo que él. Desde el punto de vista teórico, Buero concibió esta técnica teatral como una respuesta al efecto contrario, llamado efecto de distanciamiento" en el teatro épico del dramaturgo alemán Bertolt Brecht, uno de los más influyentes en el siglo XX europeo.

En contexto: vida y obra de Antonio Buero Vallejo. La Fundación

   (Texto ampliado a partir de las informaciones de la charla de la Prof. Dra. Ángeles Ezama,
"Lectura de La Fundación", en Zaragoza, viernes, 27 de septiembre de 2019)
Autógrafo del escritor

Antonio Buero Vallejo nació en Guadalajara, en septiembre de 1916. Desde muy pequeño se interesó y aficionó por la lectura y el arte en general.

Su juventud quedó duramente marcada por la Guerra Civil. Pertenecía al Partido Comunista y esto le llevó a ser perseguido por el régimen y a pasar un largo periodo en la cárcel. Sus vivencias y experiencias durante su estancia allí, le hicieron reflexionar plasmando alguna de ellas en su obra, especialmente en La Fundación (1974), si bien se trata de experiencias reelaboradas, como le dijo el propio Buero a José Monleón, en una entrevista para la revista Primer Acto,

   "para obtener algo más creativo y una especie de simbolización general de la que podríamos llamar
la situación del condenado. Se persigue una elaboración artística que, cuando falta, reduce las obras
a mero documento y suele restarles alcance y calidad".

Cuando agonizaba la dictadura franquista, empezaron a reconocerse sus méritos. Fue nombrado miembro de la Real Academia Española (1971) y se le concedieron importantes premios literarios.

Falleció en el año 2000 y aún se recuerda la importancia de su teatro.

  • Sobre La Fundación (1974)

La Fundación fue escrita en el año 1974, convirtiéndose en una de las obras de Buero Vallejo que más éxito y más crítica ha tenido a lo largo del tiempo, debido al dramatismo y a las novedosas técnicas en ella utilizadas.

Para esquivar la censura franquista que existía entonces, tuvo que ajustar y modificar de algún modo el mensaje que quería transmitir, dándole un carácter más simbólico y general, renunciando a la identificación con un "hic et nunc" (un "aquí y ahora") concreto. Como dice Mariano de Paco, un estudioso del teatro de Buero, en La Fundación

   "deja en segundo lugar las circunstancias vivenciales propias, de forma que los sucesos narrados
alcancen un valor general".

La Fundación se presenta como una fábula que plantea al espectador el eterno problema entre la realidad y la ficción. La realidad de unos y de otros y la ficción producida por el rechazo del mundo exterior, por la imaginación, por el trastorno mental y por la alucinación.

El enfrentamiento entre realidad y ficción y la progresiva reducción de esta última es el argumento principal de una obra que se sitúa, según la acotación inicial, "en un país desconocido".

El efecto de inmersión en La Fundación (1974), de Antonio Buero Vallejo

El efecto de inmersión es un procedimiento teatral con el que el autor hace ver al público (o al lector) la realidad a través de la mirada de un personaje. Usando diferentes recursos, el propio espectador va evolucionando y descubriendo la verdad al ritmo que marca un personaje concreto con el que se identifica.

Centrándonos en La Fundación, Buero hace que los espectadores vivan junto a Tomás (protagonista de la obra y representación de la locura) la vuelta de un mundo idílico, presente al comienzo de la obra, a la realidad de la cárcel de modo lento y gradual.

Desde la confortable institución en la que el público se ha instalado al principio de la obra, de la mano de Tomás, se camina -paso a paso, pero de manera inevitable- hasta el desvelamiento total de la realidad: la habitación donde viven los cinco protagonistas no es tal, sino una celda; y ellos no son becarios de estudio, sino presos políticos condenados a muerte por un régimen represor y dictatorial.

Aparece entonces un sentido de crisis en el concepto de lo real, puesto que el público duda de si lo verdaderamente real es el concepto que tiene Tomás sobre La Fundación o es el concepto del resto de personajes que viven con él. Hasta que, finalmente, queda aclarado el sentido último del drama. Tomás es un personaje de clara raíz cervantina, pues vive un proceso de locura-cordura, como el ingenioso hidalgo de La Mancha.

El espectador, más objetivo que Tomás, puede ir intuyendo a partir de acciones de los demás personajes (Tulio, Max, Lino y Asel) algunas de las cosas que le ocultan al protagonista. Entre el público y el personaje se produce un proceso de empatía o identificación, de manera que también el espectador sentirá ganas de volverse activo, comprometido con la causa moral de la búsqueda de la libertad cuando Tomás salga de su atonía y recupere el sentido de la realidad.

Con el efecto de inmersión, el público no sabe más que el personaje, sino tanto como él. Va descubriendo la verdad al mismo tiempo que el protagonista. Con ello se consigue, por un lado, crear una intriga que interesa al espectador y le hace estar atento hasta el final de la representación. Y por otro, se mueve la conciencia del público, se le hace "despertarse", como le ocurre a Tomás. El público toma partido, se compromete y se estremece con la situación real política de su país, se da cuenta de la realidad de un régimen como el franquista, represor y totalitario. Y todo ello lo hace Buero de una manera simbólica, para evitar la intervención de la censura, que sin duda habría impedido la representación de la obra de haber sido su crítica política más explícita y literal.

Buero Vallejo concibió el "efecto de inmersión" como una técnica personal, propia, en réplica al famoso "efecto de distanciamiento", preconizado por uno de los grandes renovadores del teatro occidental, el alemán Bertolt Brecht, creador del teatro épico o teatro de la distancia. Según quería Brecht, solo podemos analizar críticamente nuestros problemas de alienación, explotación, sometimiento, etc., en la sociedad capitalista en que vivimos, si nos distanciamos de ellos y los miramos de manera desapasionada, fría, "desde lejos". Buero demuestra que existe otra manera de conmover al público y de hacerle entender la realidad de la condiciones socioeconómicas en que vive: la identificación con el prójimo, con el que sufre. La mirada "desde dentro".

El "efecto de inmersión" es, sin duda, una de sus grandes aportaciones a la dramaturgia contemporánea. La denominación de la técnica se debe al crítico Ricardo Doménech, gran estudioso de la obra de Buero y del teatro español contemporáneo. Según él, el "efecto de inmersión" es muy visible también en otras obras del dramaturgo de Guadalajara como Llegada de los dioses y El sueño de la razón.

La escenografía de La Fundación (1974)

Una escena de La Fundación, con su original escenografía de 1974, debida a Vicente Vela

La escenografía tiene gran relevancia en La Fundación, ya que los continuos cambios de esta hacen que la visión idílica de Tomás (una Fundación con grandes comodidades, en la que sus habitantes, becarios de investigación, desarrollan un importante trabajo, con objetos como libros de arte, televisión, variedad de bebidas y personajes que los auxilian como los camareros) se transforme en la realidad de la cárcel (una celda de espacio reducido, con petates, puertas metálicas, ropa penitenciaria… que representa la muerte, la violencia, la delación, la tortura…).

De repente, todo debe transformarse ante los ojos de Tomás, y también del espectador: los becarios son presos políticos condenados a muerte, los camareros son los guardianes de la prisión, las ventanas están enrejadas, las ropas de los protagonistas son monos carcelarios, los objetos de lujo desaparecen convertidos en utensilios modestos para la vida diaria... Ni siquiera tiene Tomás la intimidad que tenía cuando acudía al cuarto de baño.

Aparece un juego de mutaciones transformando el escenario de manera sutil y continua. Y hay distintos recursos que sirven para crear la atmósfera deseada.

  • La música es uno de ellos. Al principio y al final de la obra, suena la pastoral de la obertura de Guillermo Tell, una obra de Rossini. Se crea así una dimensión de circularidad (la obra se abre y se cierra de igual modo). La música de Rossini es una sintonía feliz, armoniosa, equilibrada; el reflejo del mundo idílico en que Tomás quiere refugiarse al principio de la obra para ser feliz y eliminar el dolor de estar vivo.
  • La modulación de la voz también es variada, desde las voces fatigadas y débiles hasta las expresiones nerviosas o los gritos, al final, cuando los reclusos llaman "asesinos" a los guardias por el suicidio de Axel.
  • El vestuario es también otro elemento que requiere un diseño especial, pues el espectador no puede ver en escena desde el comienzo de la representación unos trajes carcelarios, sino a unos hombres vestidos todos iguales, de una manera extravagante, casi futurista. Hasta que Tomás recupere su cordura y entonces, todos a la vez, bajo el peculiar "efecto de inmersión" creado por el autor, nos demos cuenta de la verdadera dimensión de las ropas de los personajes.
  • Ocurre lo mismo con los objetos y con el propio espacio escénico. No podemos sospechar que se trata de una cárcel hasta que llegue el momento oportuno, así que el director de escena debe hacer un trabajo imaginativo para que la escenografía sea plurisignificativa y no revele antes de hora la verdad de la historia. En el estreno de 1974, en el Teatro Fígaro, de Madrid, el escenógrafo fue Vicente Vela, que recibió muy buenas críticas por su quehacer.
  • Los gestos varían según el momento: sonrisas, gestos de complicidad, abrazos, palmadas en la espalda en ocasiones; en otras, gestos violentos, como cuando Lino asesina a Max. A veces, los gestos definen al personaje: Tulio, por ejemplo, suele estar caracterizado por la apretura de los puños, lo que revele la ira que siente.
  • La iluminación también es relevante. En el primer acto, la Fundación tiene en lo alto una luz irreal, que se relaciona con la fantasía y la imaginación, pero también con la esperanza y la posibilidad de que las cosas cambien para mejor. En el segundo acto, cuando la cárcel ya ha cobrado realidad, la luz se vuelve pobre, sombría, deprimente. No hay que olvidar la primera afición artística de Buero, la pintura y el dibujo, la que le salvó la vida en los años de prisión, según él mismo ha confesado, pues le permitía evadirse de su realidad carcelaria. Por eso para él, la iluminación escénica es capital.
  • Por supuesto, las expresiones y la interpretación de cada uno de los actores según el personaje que representen es clave a la hora de asumir la realidad de la cárcel de un modo dramático y torturador.

El teatro de Buero Vallejo ha tenido gran importancia, debido a la renovación de recursos escenográficos que han permitido vivificar la obra teatral y representar la época en la que esta se ubica de forma adecuada y con una dura crítica social. Dentro de esos recursos destacan, como ya hemos visto, el efecto de inmersión, pero desde luego no se queda atrás el uso de elementos escenográficos renovadores que permiten que el espectador se adentre en la historia que el autor desea contar de una manera totalmente original.

Como ya hemos dicho en otras ocasiones, Buero era un hombre perfeccionista y altamente consciente de su oficio. Un maestro de la palabra, pero también un dramaturgo que cuidaba todos los aspectos no verbales de la representación. Con la palabra, Buero sabe primero esconder y luego revelar al espectador lo que realmente está ocurriendo en La Fundación. El lenguaje tiene algo de enigma, hay algo críptico que ni Tomás ni el espectador captan hasta el final. La locura de Tomás crea, al principio de la tragedia, la Fundación, a Berta, la comida, los objetos de lujo... Después, todo cambia y los objetos, el espacio, todo adquiere un sentido nuevo y desolador.

La dramaturgia de Buero no desatiende ningún detalle. Su obra atrapa al espectador, lo hace conectar, gracias al uso de varios sistemas, verbales y no verbales, en simultaneidad. Es evidente que era un maestro de la escena y que dominaba todos los códigos teatrales. La Fundación es una obra redonda, donde se unen lo verbal y lo no verbal y donde todo significa: la palabra y el silencio, los gestos, los movimientos, los objetos, la iluminación...

Bibliografía, webgrafía

Trabajos de los alumnos

Edición, revisión, corrección

  • Primera redacción (enero 2018): María Pellicer y Leyre Peláez. Segunda redacción (diciembre 2019): Raúl Torrent. Josué Peña.
  • Revisiones, correcciones: Letraherido.