Exponga sus conocimientos sobre Henrik Ibsen (1828-1906) (y otros renovadores nórdicos)

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Criterios de corrección

En caso de que el alumno elija la opción Henrik Ibsen se valorarán positivamente la correcta inserción espacial y temporal del dramaturgo, las etapas de su producción dramática y los aspectos más novedosos de esta tanto en temas como en personajes (destacando la presencia de los personajes femeninos) y en el estilo.

Se valoraría también muy positivamente, aunque no es esencial, la relación de Ibsen con otros dramaturgos innovadores contemporáneos como Strindberg o Chejov.

Henrik Ibsen (1828-1906), renovador del teatro noruego

Vida de Henrik Ibsen (1828-1906)

Henrik Ibsen fue un hombre taciturno y huraño, más bien contradictorio. Hasta los 36 años, tuvo una vida llena de fracasos y decepciones, con muchos claroscuros. Su decepción lo llevó a un exilio voluntario de veintisiete años de su Noruega natal. Cansado de las estrecheces de libertad de su país, de ideología conservadora luterana, se exilió por largo tiempo en Italia y Alemania. Y en ese periodo, escribió lo más notable de su obra.

Cuando consiguió el éxito (siempre unido al escándalo), volvió a su país en 1891, a Cristianía (la actual Oslo). Tenía ya sesenta y tres años y tuvo entonces grandes reconocimientos literarios. Viviendo de nuevo en Noruega, en 1900, sufrió su primer ataque de apoplejía, que lo dejó muy débil. Seis años después del primer ataque, el 23 de mayo de 1906, falleció en Oslo.

El tema de sus obras son los sentimientos que reflejan sus personajes. A los que le acusaban de pesimista, él mismo les respondió:

     "Se me ha acusado en diversas ocasiones de ser un pesimista. Y esto es lo que soy,
en la medida en que no creo en el carácter absoluto de los ideales humanos. Pero soy al
mismo tiempo un optimista, en la medida en que creo plenamente y firmemente en la
capacidad de los ideales para propagarse y desarrollarse".

Fue un gran admirador de Shakespeare y hoy día, junto con el cisne de Stradford, es el autor más representado en los escenarios de todo el mundo.

Ibsen había nacido en Skien, una pequeña población del sur de Noruega, en 1828. Su padre, Knud Ibsen, que era danés, fue un comerciante próspero, pero pronto se arruinó. Él, su esposa y sus seis hijos pasaron calamidades económicas. Además, en Skien corría el rumor de que Henrik era hijo bastardo, fruto de una relación extramatrimonial de su madre, Marichen Altenburg. Eso, a pesar de que físicamente Henrik era el vivo retrato de su padre. De su madre, mujer culta y sensible, heredó la pasión por el teatro; siendo un niño, construyó un teatro de títeres en la casa familiar. Siempre fue solitario y de adulto, incluso se granjeó fama de antisocial y difícil para las relaciones humanas.

A los quince años, abandonó la escuela y se trasladó a la ciudad costera de Grimstad en 1844. Allí se aficionó a la pintura, la poesía y las artes y trabajó de mancebo de botica, entre 1847 y 1850. Su vida fue dura, rayana en la pobreza, y eso lo inclinó en demasía al alcohol. Su ideología se hizo cada vez más progresista y se impregnó del nacionalismo noruego, contrario a la influencia danesa en el país. En Grimstad, vivió un episodio amoroso con una criada de farmacia diez años mayor que él, del cual nació un hijo al que nunca quiso reconocer.

En 1849, escribió varios poemas nacionales y terminó la obra de teatro en verso Catilina, sobre la revolución romana del famoso conspirador, obra inspirada en las revoluciones de 1848 que sacudieron Europa.

En 1850, se instaló en Cristianía para preparar su ingreso en la Facultad de Medicina. Escribía ya poesía y teatro y publicó algunas composiciones de tono romántico. Se acercó a los círculos antimonárquicos, participó en manifestaciones, firmó manifiestos y empezó a trabajar en el teatro del violinista Ole Bull, dejando aparcado definitivamente su proyecto universitario.

Entre 1851 y 1856, trabajó para el Teatro de Bergen, hizo viajes a Dresde y Copenhague y regresó a Cristianía para dirigir el Teatro Nacional de Noruega. Se casó con Suzannah Thoresen, hija de un pastor de Bergen, en 1858, y tuvo un único hijo, Sigurd, quien haría carrera política y desempeñaría un papel decisivo en la separación de Suecia y Noruega en 1905. Estrenó algunos dramas históricos y empezó a hacerse un nombre como autor teatral:

  • La noche de San Juan (1852),
  • El Túmulo del Héroe (1854),
  • La señora Inger de Ostraat (1855),
  • La fiesta de Solhaug (1856),
  • Olaf Liljekrans (1857) y
  • Los vikingos de Helgeland (1858).

Pero el éxito lo esquivaba y bebía en demasía, hasta que, en 1862, el Teatro Nacional cerró sus puertas e Ibsen se vio en la ruina y con su inspiración agotada.

En 1863, el gobierno le dio una beca de viaje. Su amigo el escritor Bjorstjerne Bjornson (1832-1910), que fue padrino de su hijo Sigurd, organizó una colecta para recaudar fondos. Bjornson e Ibsen fueron amigos toda la vida y en 1859 crearon la Unión Noruega, asociación defensora de la unidad escandinava frente a la hegemonía de Dinamarca y precursora del nacionalismo noruego. Björnson fue el presidente e Ibsen, el vicepresidente de la asociación. Harto de la influencia danesa en su país, decidió exiliarse.

En 1864, se fue a Roma, y más tarde se reunió allí con su mujer y su hijo. Durante casi treinta años, no volvió a Noruega. Dejó las brumas y el paisaje gélido del Norte por la belleza y la luz del Mediterráneo. En Roma, publicó Brand (1864) y Peer Gynt (1866) y comenzó la redacción del drama histórico, César y Galileo, que no se publicó hasta 1877. Algunas de sus obras, sobre todo Brand, le dieron en su país reconocimiento de gran escritor y recibió de parte del gobierno una pensión anual.

En 1869 publicó La liga de los jóvenes y ese mismo año asistió a la apertura del canal de Suez y publicó sus impresiones en su Carta desde un globo.

Desde 1877, giró hacia el realismo. Deja de usar el verso y usa la prosa, más próxima a la lengua hablada, real. Sus personajes ya no serán héroes, sino gente corriente que vive en pequeñas ciudades. Los temas que le preocupan y que plasma en sus nuevas obras son:

  • La reforma social y el triunfo de la democracia. Ibsen apostaba por una transformación de las instituciones para que adquirieran un aire moderno y democrático.
  • Los temas científicos, especialmente el estudio de la transmisión genética (por influencia de la escuela del naturalismo literario).
  • La condición social de la mujer, como se ve en su obra más célebre, Casa de muñecas (1879).

Se estableció finalmente en Alemania y allí encontró estabilidad. El personaje Oswald Alving, en su obra Espectros (1882), dice, apenas ha llegado a París, que la vida en Noruega era "un azote de Dios", una "cosa miserable", un "valle de lágrimas". Así pensaba Ibsen por entonces. La obra, sobre la cuestión de la herencia genética, levantó mucha polémica y estuvo prohibida en Noruega durante quince años por revolucionaria. Trataba sobre las perversiones sexuales de un hombre ocultadas por su mujer, que simulaba vivir un matrimonio feliz. Todo un escándalo para su época.

Para 1891, Ibsen volvió a su país ya consagrado mundialmente y empezó a recibir el reconocimiento de sus conciudadanos.

En 1895, se encontró con otro noruego ilustre, el pintor Edvard Munch (1863-1944), padre del expresionismo pictórico, mucho más joven que él, quien presentaba su colección El friso de la vida, donde figuraban entre otros cuadros "El grito", "Ansiedad", "Celos"... Al joven pintor lo tachaban de enfermo mental por el modo en que retrataba a la sociedad de su época con su estilo insólito y provocador, renovador y vanguardista. Pues bien, Ibsen, a pesar de ser más bien de gusto conservador en temas pictóricos, dijo a Munch:

   "Créame, le ocurrirá como a mí: ¡cuántos más enemigos tenga, más amigos hará!"

Todo un resumen de lo que había sido su vida. Hoy día, tanto Ibsen como Munch (que tiene su museo dedicado en Oslo) son dos grandes glorias nacionales de Noruega.

Etapas de su producción literaria

  • PRIMERA ETAPA: ROMANTICISMO

En su primera fase teatral, sigue fiel a las ideas románticas y se centra en tramas imaginativas, con elementos de la tradición y el folclore noruegos. Brand (1866) denuncia la falta de solidaridad escandinava durante la invasión prusiana de Dinamarca. También escribió el drama en verso Peer Gynt, donde critica el inconstante genio noruego. Su obra inspiró la música de Edvard Grieg y dos suites más. Otras obras de juventud son: Catilina (1850) o La comedia del amor (1862).

  • SEGUNDA ETAPA: REALISMO-NATURALISMO

En su segunda fase, trató temas de drama social e hizo obras de tesis. Ibsen evolucionó hacia un realismo crítico. Pide más democracia, reformas políticas y sociales, también trata de la influencia genética en la herencia de padres a hijos y habla sobre la condición social de la mujer. Su cambio se produce, como hemos dicho más arriba, hacia 1877, cuando abandona el verso y empieza a escribir en prosa, porque encuentra que es más realista y más analítica.

Su obra más conocida es Casa de muñecas (1879, su primera obra escrita en prosa). Ibsen fue uno de los primeros feministas y en esta obra lo demuestra, ya que la protagonista, Nora, abandona a su marido y a sus tres hijos pequeños, para descubrirse a sí misma, a pesar de lo que dictan las normas sociales; por esta decisión, la mujer ha de vivir sola y afrontar todos sus problemas sin ningún apoyo. La obra levantó ampollas por su defensa de la emancipación de la mujer y porque algunos sectores consideraban que era un ataque a la institución familiar. Como dijo el dramaturgo sueco August Strindberg, la obra de Ibsen

   "avivó la discusión sobre los matrimonios desgraciados".

En línea similar de lo que podríamos llamar un incipiente feminismo, escribió Rosmersholm (1886), Hedda Glaber (1890) o La dama del mar (1888), aunque las dos últimas, posteriores en el tiempo, podrían considerarse también simbolistas.

El propio Ibsen, consciente de su etiqueta de dramaturgo social y naturalista, confesaba en 1898, en una conferencia para la Asociación Noruega por los Derechos de la Mujer:

   "he tenido más de poeta y menos de filósofo social de lo que, en general, supone la gente. Mi tarea ha sido la de retratar seres humanos".

En su siguiente trabajo, Espectros (1882), una mujer finge que es feliz para mantener a salvo la reputación de su esposo. La obra fue prohibida en Noruega durante quince años, alegando que se trataban de manera abierta asuntos tabú por entonces, como el adulterio, la sífilis hereditaria, el incesto o el suicidio. Los conservadores tildaron al autor de "loco fanático", "ser excéntrico y demente", "especie de demonio necrófago pesimista, emperrado en rebuscar horrores por la noche", y calificaron su obra como

   "cloaca abierta"; "úlcera repugnante sin vendar"; "obscenidad cometida en público"; "lazareto con todas las puertas y ventanas
abiertas", "franca asquerosidad"...

Otra de sus obras relevantes es Un enemigo del pueblo (1882), donde describe la lucha de un individuo decidido a revelar la verdad, aun cuando ésta amenaza la supervivencia de una pequeña ciudad costera del sur de Noruega y a pesar de que su propio porvenir y el de su familia están en juego. El doctor Stockmann es el personaje íntegro que revela que las aguas del balneario, principal motor de la economía del pueblo, están contaminadas. El pueblo lo considera su enemigo y lo reduce a un aislamiento terrible. En esta obra aparecen los temas que obsesionaban al autor: la lucha del individuo contra la multitud, la dictadura de la "compacta mayoría", la refutación de las llamadas "ideas aprobadas" (ideas falsas, pero consensuadas socialmente), la búsqueda de la verdad a cualquier precio... La obra se relaciona con otras anteriores, aunque menos logradas, del autor, como : La coalición de los jóvenes y Las columnas de la sociedad. También se la ha relacionado con el Coriolano, de Shakespeare, cuyo protagonista fue igualmente declarado enemigo del pueblo.

La obra tiene mucho de drama (por sus aspectos trágicos) y también de comedia (por su final esperanzador). Hay aspectos cómicos que la acercan al vodevil, como la escena en que Stockmann persigue al director y al impresor del periódico local con un paraguas. Hay también crítica social, sátira feroz contra los poderosos, que dicen tener unos ideales elevados y hacen declaraciones grandilocuentes en favor del bien común, pero cuando actúan lo hacen movidos por sus intereses personales, sus rencores y sus egoísmos. Un enemigo del pueblo es una fábula a la vez política y moral.

  • TERCERA ETAPA: SIMBOLISMO

En la tercera fase de su vida, Ibsen abandona la crítica abierta para centrarse en los conflictos individuales y existenciales. Sus dramas son ahora de mayor complejidad y tienen una atmósfera de misterio. Los protagonistas viven en una lucha psicológica interior.

Destacan dos obras de tema femenino, o feminista, en la línea de Casa de muñecas (1879), aunque son más intimistas y menos reivindicativas:La dama del mar (1888), la historia de una joven que tiene la posibilidad de marcharse con un antiguo novio; y Hedda Gabler (1890), historia de una joven aristócrata, aburrida de su vida, que acaba suicidándose.

También hay que citar obras como El pato salvaje (1884), sobre un problema de índole familiar (no social), Solness el constructor (1892), El pequeño Eylof (1894), Juan Gabriel Borkman (1896) y su último drama: Cuando nosotros los muertos despertemos (1899).

Trascendencia de Ibsen

Al premio Nobel de Literatura irlandés George Bernard Shaw, autor de un libro de admiración hacia el noruego, La quitaesencia del ibsenismo, le gustaba decir que la obra de Ibsen es el máximo exponente de la obra bien hecha, bien construida y con unos personajes y una trama verosímiles con los que se identifica el espectador.

Ibsen tuvo mucha influencia sobre dramaturgos más jóvenes, como el sueco August Strindberg o el ruso Antón Chéjov, quienes lo reconocieron como el padre del drama moderno. Fue uno de los más grandes renovadores del teatro universal. Su "teatro de las ideas" está muy influido por el naturalismo y quiere realizar un fiel retrato de la sociedad, centrándose en los aspectos psicológicos. En su teatro, el individuo siempre entra en conflicto con la sociedad, que lo coarta y oprime impidiendo su realización personal.

Ibsen aportó la superación definitiva de los manierismos románticos, con sus excesos, sus truculencias y sus tramas alejadas de la vida real, y puso de nuevo al teatro al servicio de la gente normal y corriente, con unos dramas que abordaban los conflictos sociales y psicológicos, con una puesta en escena verosímil, con un lenguaje que reflejaba fielmente el habla de la gente en la calle. Como dijo el francés Émile Zola, padre del naturalismo literario, en 1879, el teatro era "el último bastión del convencionalismo" y, cuando llegó Ibsen, esto cambió para siempre. Eso sí, el peaje que tuvo que pagar el noruego por sus continuas innovaciones fue el escándalo continuo en que se vio sumida su vida.

En expresión del crítico Malcom Bradbury, lo que hace el teatro de Ibsen es trasladar

   "el sentido inexorable y fatal de la conciencia trágica desde un mundo de reyes y de príncipes hasta el gabinete burgués", porque "Ibsen no solo transformó todo
un género literario, sino que además utilizó el género para transformar las ideas modernas (...) Fue un autodidacta para quien las ideas no eran palabras en los libros,
sino principios para vivir la vida, aunque la suya fuese retirada, reticente y conservadora (...) deseaba producir una "revolución en el espíritu" y consideraba que
su misión era cargar con el peso de la revolución del siglo XIX hacia la reforma, la emancipación y la autorrealización personal (...) una rebelión (...) contra la
convención, la presunción, la hipocresía, la religiosidad, la mano muerta del pasado".
   (Bradbury, Malcolm, "Henrik Ibsen", en El mundo moderno. Diez grandes escritores. Barcelona, Edhasa, 1990)

Ibsen empezó en el drama romántico de corte historicista, ajeno a los grandes cambios del presente y más atento a reivindicar un pasado nacional del todo idealizado. Así compuso dramas en verso como Brand (1866) y Peer Gynt (1868). Pero pronto se dio cuenta de que las hechuras románticas eran insuficientes para reflejar la sociedad actual. Dejó el verso y empezó a escribir en prosa. En su poema "Carta rimada a la señora Heiberg", escribió:

   "La prosa es para las ideas y las nociones,
el verso para las visiones".

En obras como La coalición de los jóvenes (1869), Emperador, Galileo (1873), quería usar "el arte mucho más difícil de escribir en el auténtico y sencillo lenguaje hablado de la vida real". Después, del realismo se pasó al naturalismo en obras materialistas como Espectros (1882), donde considera al individuo un producto del entorno y de la herencia biológica. Y más tarde, se pasó al simbolismo con El pato salvaje (1884) o Solness el constructor (1892).

Ibsen siempre estaba en contacto con la realidad del momento e iba evolucionando en el mismo sentido que la sociedad. Un autor que le influyó mucho, aunque a él no le gustaba reconocer influencias, fue el alemán Hermann Hettner, autor de El drama moderno (1852), que sienta las bases de la renovación teatral. Afirma Hettner que los protagonistas dramáticos han de ser hombres y mujeres en los que se reconozcan los espectadores, que los dramaturgos deben observar la vida cotidiana; que las fuerzas de la tragedia ya no podían ser el destino y la religión como en la época clásica, sino el factor psicológico, el conflicto entre obligaciones e ideales, la exploración de la injusticia social, la industria, la política, la guerra, el alcoholismo, las relaciones sexuales...

Otro autor que le influyó mucho fue su amigo Georges Brandes, que dictó clases de literatura contemporánea en la Universidad de Copenhague y que en su programa de 1871 decía que la literatura solo está viva cuando aborda temas reales como el matrimonio, la presión religiosa, la condición social, o cuando empuja a los lectores a reflexionar. Aseguraba que el reto de los escritores era ahondar en los conflictos de su época, sin perderse en abstracciones. Brandes decía que la literatura debe negociar con la vida de los seres humanos, no con sus sueños.

En cuanto a la relación de Ibsen con Émile Zola, padre del naturalismo literario, el noruego detestaba que le comparasen con el francés, y dijo en una ocasión:

   "Zola desciende a las cloacas para bañarse en ellas; yo lo hago para limpiarlas".

Pero ambos coincidían en sus ideas sobre el teatro como medio de denuncia social y como vehículo para la reforma de las costumbres. No querían un teatro de evasión y entretenimiento para las masas. Coincidían en esto con otro revolucionario del drama nuevo, el sueco August Strindberg, quien describía el teatro como "una biblia en imágenes para los que no saben leer lo escrito o impreso", y decía que el autor dramático debía ser como

   "un predicador laico que propaga las ideas de su tiempo en forma popular, tan popular que la clase media, que es la que llena principalmente los teatros,
puede comprender sin gran esfuerzo mental lo que en ellos se expone".

Estos autores tenían ideas similares sobre cómo llevar a escena los dramas nuevos que querían presentar ante el público. Zola censuró en su ensayo "El naturalismo en el teatro" (1879) el drama romántico que triunfaba en los escenarios por aquel entonces, por inverosímil, hiperbólico y superficial. "La vida es de otra manera", decía, y pedía que las obras retratasen

   "hombres de carne y hueso tomados de la realidad y analizados científicamente, sin falsedad. Espero que los medios determinen a los personajes y que los
personajes actúen según la lógica de los hechos combinada con la lógica de su propio temperamento. Espero que ya no haya ningún tipo de escamoteo ni golpes
de varita mágica que cambian, de un minuto a otro, las coas y los seres. Espero que ya no se nos cuenten más historias inaceptables, que no se nos estropeen
observaciones justas por medio de incidentes novelescos (...) Espero que se abandonen las recetas conocidas, las fórmulas cansadas de servir, las lágrimas,
la risas fáciles. Espero que una obra obra dramática, libre de declamaciones, de las grandes frases y de los grandes sentimientos, tenga la alta moralidad
de lo verdadero, sea la lección terrible de una investigación sincera".

Zola pedía verosimilitud y detallismo en los decorados, naturalidad en los diálogos que debían ser "un resumen de la lengua hablada".

Estas preocupaciones podrían ser las mismas de Ibsen, quien aseguró en su correspondencia que "Los hombres de apariencia heroica son una excepción entre la plebe" y ordenaba a los directores teatrales: "Todo debe parecer real". Ibsen elevó el lenguaje coloquial a una forma de arte, sus diálogos sonaban reales, con interjecciones, incluso palabrotas.

August Strindberg (1849-1912), renovador del teatro sueco

El dramaturgo sueco August Strindberg ha tenido una gran influencia en el teatro moderno y sus obras forman parte del repertorio universal. Instaurador del Naturalismo en Suecia, se le considera también pionero de la reforma expresionista. Destaca por el estudio psicológico de los personajes y la intensidad de los conflictos planteados en sus obras, violentos enfrentamientos psicológicos entre un hombre y una mujer. Denuncia la crueldad del ser humano y la fuerza de las imposiciones sociales. Sus obras giran siempre en torno a dos ejes: la rebelión contra lo establecido y la proyección del universo interior del personaje.

Su producción suele dividirse en dos grandes etapas, la naturalista y la expresionista, separadas cronológicamente por un periodo baldío, entre 1894 y 1896.

  • A su primera etapa, naturalista, pertenecen dos obras importantes: El padre (1887), que es una denuncia de la crueldad de la familia como institución, y La señorita Julia (1888), considerada como su obra maestra. Esta obra habla de las dificultades que tienen las mujeres de la época (sobre todo, la denominada nueva mujer, ambiciosa y literaria). Presenta el encuentro entre un criado ambicioso, Juan, y una mujer neurótica hija de un conde, la señorita Julia. La pieza fue llevada al cine en 1951 por el director sueco Alf Sjöberg y sobre ella se escribieron un ballet y una ópera. A diferencia de Ibsen, Strindberg presenta una visión negativa del mundo femenino. En la obra están presentes la lucha de clases y el poder masculino, pues Julia ejerce sobre Juan un poder de clase -ella es de la aristocracia-, pero él la domina como hombre.
  • Desde 1896, giró hacia un teatro más simbolista y, después, expresionista, con predominio de lo irracional, mezcla de la realidad y la fantasía y rechazo de las normas clásicas. Son cuasi expresionistas sus obras La danza de la muerte (1900), El camino de Damasco (1898-1901) y La sonata de los espectros (1907). Este teatro de su última época, vanguardista y oscuro, fue mal recibido por el público, pero influyó en autores relevantes como el italiano Luigi Pirandello y el norteamericano Eugene O'Neill.

Strindberg fue un hombre de personalidad desequilibrada, con tendencia a la esquizofrenia y las visiones angustiosas de la realidad. Quien trasladó a la pintura su visión de la realidad fue su amigo el pintor Edvard Munch, autor de "El grito" (1893) y creador del expresionismo pictórico.

Antón Chéjov (1860-1904), renovador del teatro ruso

Cursó medicina en la universidad de Moscú. Al principio, escribía bajo el seudónimo de Antocha Chejonte, iniciándose en la escritura con cuentos, anécdotas y sketches cómicos. Chéjov fue un gran autor de cuentos, además de sus aportaciones al teatro.

Cuentos

Sus personajes normalmente son personajes de las pequeñas ciudades provincianas. Recrea sus vidas con humor y ternura y las eleva a la categoría artística como un símbolo de la existencia humana. Además, consigue que el cuento sea muy cercano a la poesía narrativa. Algunos de sus cuentos más destacados son: "Vanka", que habla de un aprendiz de zapatero que escribe una carta con la siguiente dirección: "A mi abuelo, en el pueblo". "Los campesinos", que recrea el mundo rural. "La novia" recrea el mundo de los estudiantes. "La sala número 6" habla del mundo de los médicos y enfermos mentales. "La dote" habla del tiempo que consume a una joven mientras prepara su ajuar y "La dama del perrito" es un relato poético de amor, lleno de recuerdos y ausencias.

Teatro

Chéjov se apartó del Realismo ruso y llevó sus obras teatrales al mismo campo de cotidianidad, lirismo, simbología y crítica que encontramos en sus cuentos. Pasó al terreno de lo psicológico, incorporó asuntos de la vida cotidiana considerados no dramáticos. No parte de un acontecimiento que cambia todo, sino del conflicto del personaje consigo mismo o con el mundo que lo rodea. El antagonista no es otro personaje, sino las fuerzas que dominan al hombre y a la sociedad. Chéjov quiere mostrar las cosas con imparcialidad. Reduce al mínimo la acción y, luego, la deja fluir sin renunciar a cierto moralismo. Pinta objetivamente la realidad, sin excluir las fuerzas ocultas que operan sobre ella. Él mismo explicó lo que pretendía:

     "Todo lo que quise fue decir honestamente a la gente: Mírense a ustedes mismos y vean qué malas y monótonas son sus vidas. Lo importante es que la gente se dé cuenta de ello,
porque entonces seguramente crearán para ellos mismos una vida distinta y mejor... Y mientras esa vida diferente no exista, seguiré diciéndole a la gente una y otra vez: por favor,
comprendan que su vida es mala y monótona".

Chéjov empezó escribiendo vodeviles humorísticos, pero alcanzó en ellos un nivel inferior al de sus dramas, cuyos temas principales eran la frustración y la imposibilidad de los sueños cumplidos.

  • Ivanov (1889) es la historia de un hombre atormentado por el pesimismo que acaba suicidándose, fue el primer drama de Chéjov.
  • La gaviota (1896) se estrenó en San Petersburgo, pero fracasó. Trata de las relaciones amorosas de cuatro personajes dedicados al mundo del arte que intentan conciliar vida y creación artística. Al final de la obra, una gaviota herida, símbolo de la valentía, vuela sobre ellos. Es una obra pesimista con elementos autobiográficos que funde el drama occidental con la tradición nórdica.

En 1897, Stanislavski y Nemiorovich-Danchenko fundaron en Moscú el Teatro de Arte. En 1898, reestrenaron La gaviota y obtuvieron un gran éxito. Chéjov escribió para este grupo los cinco años que le quedaban de vida.

  • En 1899, el Teatro del Arte estrenó El tío Vania y tuvo gran éxito. La obra era una segunda versión de otra anterior de Chéjov, El silvano (1889). La acción transcurre en una casa de campo de una familia aristocrática empobrecida. Allí aparece el pedante profesor Serevriakov con su joven esposa, Elena, cuya presencia trastorna la vida de todos y les hace tomar conciencia de sus miserias personales. Astrov, el médico rural, se enamora de ella, la persigue y se emborracha porque ella lo desprecia. Sonia, hija del propietario, se da cuenta de su poca gracia y de lo imposible de que Astrov la desee. Vania percibe el vacío de su vida. Elena simboliza para él su última oportunidad de realizarse. Son un grupo de personajes fracasados, hundidos en sus desdichas personales, el paradigma de la degradación de la clase aristocrática en la vida moderna.
  • Las tres hermanas (1901) es una pieza enigmática que funde elementos satíricos y líricos y permite varias interpretaciones. Aparecen como en obras anteriores las aspiraciones frustradas de los personajes, los Prozorov, aristócratas que viven en un pueblo provinciano añorando la imagen idealizada de la lejana Moscú. El conflicto estala con la llegada de Natasha, que poco a poco va despojando la casa. Hay un duelo entre la cultura refinada de la aristocracia y la vulgaridad moderna encarnada por Natasha. La visión de la vida provinciana es pesimista, embrutece al ser humano.
  • El jardín de los cerezos (1903) es una comedia en cuatro actos, no un drama. El autor caricaturiza a los personajes, un grupo de terratenientes de la antigua aristocracia que pierden sus propiedades ante el empuje de la nueva clase social emergida del trabajo. La trama es débil y la ambientación se consigue con un jardín de cerezos que siempre está florido, pero cuyos dueños, inactivos y pesimistas, son incapaces de salvar, por lo que el jardín acaba en manos de un hombre sin sensibilidad que lo parcela y lo vende para construir. El jardín representa a la antigua Rusia aristocrática derrotada por el nuevo orden burgués.

Bibliografía, webgrafía

  • CALERO HERAS, José: Literatura universal. Bachillerato. Barcelona, Octaedro, 2009, tema 12, "El teatro", pp. 220 a 232.
  • IBSEN, Henrik, Un enemigo del pueblo. Ed.: Rebeca Martín. Trad.: Cristina Gómez Baggethun. Barcelona, Vicens Vives, 2019. Col. "Clásicos Universales".

Trabajos de los alumnos

  • Finlandia, pequeña guía turística. Trabajo de Miriam Ara. 1º Bachillerato C. Curso 2017-2018.

Edición, revisión, corrección

  • Primera redacción (marzo 2017): Irene Jiménez
  • Revisiones, correcciones: Letraherido.