''Esperando a Godot''. Texto 6 y cuestiones relacionadas

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Esperando a Godot. Texto 6

Estragón.– ¿No estamos atados?
Vladimir.– No entiendo nada.
Estragón.– (Mastica, traga). Te pregunto si estamos atados.
Vladimir.– ¿Atados?
Estragón.– A-ta-dos.
Vladimir.– ¿Cómo atados?
Estragón.– De pies y manos.
Vladimir.– Pero ¿a quién? ¿Por quién?
Estragón.– A tu buen hombre.
Vladimir.– ¿A Godot? ¿Atados a Godot? ¡Vaya idea! En absoluto (Pausa). Todavía no.

Pregunta 1 - Ubique históricamente el texto: época y tradición teatral a la que pertenece

El fragmento pertenece a Esperando a Godot, una obra de teatro de Samuel Beckett estrenada en 1952, recién terminada la más mortífera guerra que ha vivido la historia de la humanidad: la Segunda Guerra Mundial, que dejó más de 55 millones de muertos y terminó con la rendición incondicional de Japón tras el lanzamiento de las dos bombas atómicas norteamericanas sobre Hiroshima y Nagasaki. La humanidad había vivido antes la Primera Guerra Mundial (igualmente mortífera, más de 15 millones de cadáveres), el final de los "felices veinte", el crack de Wall Street (1929) y el angustioso periodo de entreguerras, con un apogeo imparable del belicismo, el antisemitismo y los totalitarismos fascista, comunista y nacionalsocialista. En definitiva, un panorama poco alentador del optimismo.

Por otra parte, la crisis del ser humano en medio de tantos horrores, su sentimiento de inadaptación, había producido textos anteriores muy innovadores como La metamorfosis, de Franz Kafka, en donde el protagonista, Gregor Samsa, transformado en un pavoroso insecto, despreciado por los suyos, prefiere dejarse morir de inanición a seguir viviendo de manera tan desgraciada. En el teatro podríamos destacar tanto los experimentos vanguardistas de Alfred Jarry, inventor de la patafísica y creador de Ubú rey, como el teatro existencial del Nobel de literatura y autor de Seis personajes en busca de autor, el italiano Luigi Pirandello.

Todo este "caldo de cultivo" conduce al nacimiento de lo que se ha llamado el teatro del absurdo, representado principalmente por dos grandes autores: Eugene Ionesco, de origen rumano y afincado en Francia, y Samuel Beckett, de origen irlandés, pero también afincado en París. Ambos representan aspectos complementarios de una visión demoledora de la humanidad: más cómica en Ionesco y más desesperanzada en Beckett.

Los autores del absurdo se rebelan contra el teatro burgués convencional, el que triunfa en los circuitos comerciales y que solo busca satisfacer al público. Ellos buscan inquietarlo, hacerle tomar sentido precisamente de la falta de sentido de la existencia humana. Es un teatro decididamente antiépico, pues sus personajes no tienen otro heroísmo que el de vivir una existencia sin objetivo alguno y resistir sin quitarse de enmedio, lo que ya es bastante en un mundo donde se ha perdido la esperanza. También es un teatro antiaristotélico, pues no sigue la lógica tradicional planteamiento-nudo-desenlace. Ellos no quieren llegar a ninguna conclusión tranquilizadora. No buscan la catarsis, sino más bien la bilis o, en todo caso, la inquietud. El único escape es hacia el humor, la ironía, el dar a las escenas un aire de farsa o de desfile circense. Un trabajo dramático que exige la pericia de los actores, pues son ellos los que con su forma de actuar acaban de dar unidad a diálogos casi siempre inconexos, rápidos, y aparentemente desustanciados, aunque con el objetivo último de hacer patente el absurdo de la existencia.

De Eugene Ionesco, destacamos sus obras La lección, La cantante calva, Rinoceronte.

Y de Samuel Beckket, además de la citada Esperando a Godot, su obra más internacional, podemos nombrar Fin de partida.

El teatro del absurdo enlaza con la filosofía existencial, corriente en la que podríamos adscribir desde Soren Kierkegard hasta Camus, Sartre, Beauvoir, Heidegger... Sartre decía que el existencialismo es un humanismo y definía al hombre como "una pasión inútil". Para él, "el infierno son los otros" y hace falta comprometerse, "ensuciarse las manos". Martin Heidegger definía al hombre como un "pastor del tiempo" y hablaba de nuestra indigencia existencial, irremediablemente condenados a la muerte.

Todas estas ideas se relacionan con la visión pesimista y desesperanzada de la vida humana que ofrece Beckett en Esperando a Godot.

Bibliografía y webgrafía

  • CALERO HERAS, José: Literatura universal. Bachillerato. Barcelona, Octaedro, 2009, tema 12, "El teatro", pp. 220 a 232.

Trabajos de los alumnos

Edición, revisión, corrección

  • Primera redacción (abril 2017):
  • Revisiones, correcciones: Letraherido.