El teatro de Valle-Inclán (1866-1936) y la estética del esperpento

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Esta pregunta se formuló en el examen EvAU de Lengua castellana y literatura II de junio de 2017 con el enunciado: "La renovación teatral en el fin de siglo: el teatro de Valle-Inclán,
entre el Modernismo y la vanguardia".

El teatro de innovación anterior a 1939

En el primer tercio del siglo XX, hubo dos grandes tendencias en el teatro español:

  • Un teatro comercial, respaldado por el público que asistía a las representaciones y pagaba por sus butacas.
  • Y un teatro innovador, ajeno a los intereses de los empresarios y al gusto conservador del público, que exploraba nuevas fórmulas dramáticas.

En el primero, el teatro comercial, los géneros que gozaron del apoyo del público fueron: el teatro poético de Eduardo Marquina, el teatro cómico de Arniches, Muñoz Seca y los Quintero, y la comedia burguesa de don Jacinto Benavente.

Pero no cabe duda de que es en el segundo, el teatro de innovación, en el que hay que colocar a don Ramón María del Valle-Inclán. Él y Lorca son los autores que produjeron una mayor renovación en las tablas españolas antes del estallido de la Guerra civil.

Los autores innovadores no estaban contentos con la vulgaridad y el provincianismo que reinaban en las tablas hispánicas, así que querían experimentar nuevas formas de expresión escénica, abiertos a las nuevas corrientes europeas. Entre ellos, destacarán Jacinto Grau (1877-1958) y Ramón Gómez de la Serna (1888-1963).

Además, podemos añadir a los autores de la Generación del 98, Miguel de Unamuno y sus dramas esquemáticos, Azorín y su teatro antirrealista, que también querían una renovación de la escena española.

El teatro de la Generación del 98: Azorín, Unamuno, Valle

Los integrantes de la Generación del 98 -o "generación de los preocupados por España", como también ha sido llamada- cultivaron todos los géneros. En el teatro, sin duda la personalidad más relevante es Valle, genial creador del esperpento. Pero también podemos señalar los esfuerzos de otros autores.

  • Miguel de Unamuno (1864-1936)

Su experiencia teatral resultó un fracaso de público, porque ni atendió a los gustos del respetable ni se sometió a las indicaciones de los empresarios ni escuchó las exigencias de los actores. Unamuno era un intelectual, un filósofo, y tenía para todo una manera personal de ver las cosas. Consideraba que el teatro era poesía dramática, entendida como desnudez, por lo que prescinde de la escenografía. El resultado son así unos dramas esquemáticos, de intriga reducida, diálogos densos más ensayísticos que dramáticos y personajes que monologan en escena sus inquietudes existenciales. Es un teatro intelectual que no gustó al público del momento.

  • José Martínez Ruiz, Azorín (1874-1967)

Se alejó de la estética naturalista del siglo anterior, que él consideraba feísta, y buscó un teatro antirrealista que incorporara el mundo interior, lo subconsciente y lo maravilloso. Enfrenta valores como la tradición y el progreso (Old Spain, 1926), la realidad y el deseo (Brandy, mucho brandy, 1927), la ficción y la realidad (Comedia del arte, 1927).

El teatro vanguardista: Jacinto Grau (1877-1958) y Ramón Gómez de la Serna (1888-1963)

  • Jacinto Grau (1877-1958)

El catalán Grau estaba muy descontento con el teatro comercial de su tiempo. Quiso renovar la escena española, con poco éxito en nuestro país, aunque un éxito considerable en el extranjero.

Cultivó la tragedia y la farsa, donde recrea mitos literarios (como el conde Arnaldos del Romancero o don Juan Tenorio) o pasajes bíblicos (como la parábola del hijo pródigo). Su obra maestra es El señor de Pigmalión (1921), farsa tragicómica, inspirada en el rey de Chipre que dio vida a la estatua que había esculpido. En la obra de Grau, Pigmalión da vida a unos muñecos tan perfectos que parecen humanos, son capaces de pensar y hablar; pero al final se rebelan contra su creador y lo matan. Uno de los muñecos, Pedro de Urdemalas, nombre de raíz cervantina, encarnación del malvado inteligente, le dispara con una escopeta. Y otro, Juan el Bobo, representante de la necedad, lo remata.

Otras obras suyas, expresionistas y simbólicas, son El caballero Varona (1929), La señora guapa (1932) y La casa del diablo (1942).

  • Ramón Gómez de la Serna (1888-1963)

Más que por sus producciones teatrales, bastante flojas, Gómez de la Serna destaca como el vanguardista puro de la preguerra española. Es el hombre-ruptura, el polemista, el innovador. Sus temas son el erotismo y la crítica del convencionalismo social.

Entre sus obras, destacamos El drama del palacio deshabitado (1909), diálogo de unos muertos cuya única señal de vida es el deseo sexual, y Los medios seres (1927), cuyos personajes aparecen en escena con su cuerpo pintado de negro por la mitad, un símbolo de la búsqueda de la felicidad, una visión del ser humano como "medio ser", imperfecto y en lucha perpetua por alcanzar su ideal.

Breve biografía de Ramón María del Valle-Inclán (1866-1936)

    “Este gran don Ramón de las barbas de chivo, 
cuya sonrisa es la flor de su figura, 
parece un viejo dios, altanero y esquivo, 
que se animase en la frialdad de su escultura."
    Rubén Darío (1867-1916)

Ramón José Simón Valle Peña, más conocido como Ramón María del Valle-Inclán, nació en Villanueva de Arousa (Pontevedra) el 28 de octubre de 1866 y murió en Santiago de Compostela, el 5 de enero de 1936.

Con Cervantes, el otro manco genial de nuestras letras, don Ramón se caracterizaba físicamente por su aspecto estrambótico y por la falta de un brazo, que hubo de serle amputado como consecuencia de una infección, tras recibir un bastonazo en una riña con otro escritor. Cosas de la vida bohemia. Como dijo de él el dictador Miguel Primo de Rivera, al que Valle criticó inmisericorde en sus obras, "eximio escritor y extravagante ciudadano".

Fue dramaturgo, novelista y poeta. Formó parte, primeramente, del Modernismo español. Se encontró, después, próximo a la Generación del 98, gracias a sus últimas obras, de afán regenerador de aquella España caduca, caciquil y corrupta. Es considerado uno de los autores clave de la literatura española del siglo XX, especialmente en el teatro, gracias a su invención del género del esperpento, su principal contribución a las letras hispanas.

Estudió Derecho en la Universidad de Santiago de Compostela, pero dejó sus estudios para irse a México, donde trabajó como periodista en El Universal y El Correo Español. Cuando volvió a Madrid, se dedicó a la literatura llevando una vida bohemia.

Valle-Inclán se casó con la actriz Josefina Blanco Tejerina, el 24 de agosto de 1907, cuando él tenía cuarenta años y ella, veintiocho. Además, tuvieron un total de seis hijos. Tras la boda, su mujer abandonó la profesión teatral, con excepción de una gira por Hispanoamérica, en la cual viajaron los dos juntos y Valle-Inclán tuvo la oportunidad de dar algunas conferencias sobre la literatura española en los países que visitaban (Argentina, Chile, Paraguay, Uruguay y Bolivia).

En 1916, visitó el frente francés en la I Guerra Mundial. Fruto de esta visita fueron los textos publicados en El Imparcial: Visión estelar de la medianoche, entre octubre y diciembre de 1916; y En la luz del día, entre enero y febrero de 1917.

En 1922, regresó a México. Además, por su vinculación con el carlismo, en 1923, le nombraron caballero de la Orden de la Legitimidad, proscrita por Jaime de Borbón.

En 1932, su esposa solicitó el divorcio del matrimonio y Valle-Inclán se quedó con la custodia de sus tres hijos intermedios, con los cuales viajó a Roma al año siguiente (1933) para ser nombrado director de la Academia Española de Bellas Artes.

En 1933 se opera de una recaída de una antigua enfermedad, un tumor de vejiga, y en 1934 se reproduce su hematuria y regresa a Madrid. En marzo de 1935, muy enfermo, vuelve a Galicia e ingresa en una clínica de Santiago de Compostela, donde el 5 de enero de 1936 muere y su cuerpo es enterrado en el cementerio de Boisaca, en Santiago.

Todos los años, desde el año 2007, la Fundación Eugenio Granell, en colaboración con el Museo Valle-Inclán, de A Pobra do Caramiñal, organiza un acto simbólico de colocación de una bufanda roja en la escultura de Ramón María Valle-Inclán en la Alameda de Santiago de Compostela. También en Madrid las gentes de teatro ponen a la estatua de Valle una bufanda roja con motivo del Día Internacional de las Artes Escénicas.

El teatro de Ramón María del Valle-Inclán (1866-1936)

El teatro de Valle-Inclán evolucionó desde el modernismo hacia el esperpento, con una estética desgarrada y deformada. El esperpento está relacionado con alguna corriente vanguardista como el expresionismo.

En el teatro de Valle se distinguen varias etapas:

  • Ciclo modernista: Destacan las obras El Marqués de Bradomin (1906) y El yermo de las almas(1908). Valle-Inclán se basa en un esteticismo decadente.
  • Ciclo mítico: Las obras más destacadas de este ciclo son Comedias bárbaras y Divinas palabras (1920). Valle crea un mundo mítico e intemporal a partir de su tierra natal, Galicia. Mezcla la violencia, la irracionalidad, la avaricia y la muerte en sus obras para guiar el destino de los personajes.
  • Ciclo de la farsa: Destaca un conjunto de comedias recopiladas en un volumen llamado Tablado de marionetas para educación de príncipes (1909, 1912, 1920). En estas obras se presenta un contraste entre lo grotesco y lo sentimental, con unos personajes en forma de marionetas para anunciar la llegada del esperpento.
  • Ciclo esperpéntico: Destacan Luces de Bohemia (1920 y 1924) y Martes de Carnaval (1930). Este ciclo está basado en el esperpento, que se presenta como una nueva forma de ver el mundo, distorsionando y deformando la realidad para mostrar la verdadera imagen que hay detrás de ella. Valle-Inclán utiliza parodias, humaniza objetos y animales, y animaliza a los humanos. Por eso, los personajes están presentados como marionetas.
  • Ciclo final: Su última obra es Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte. En este ciclo se lleva al extremo todo lo anterior: los personajes deshumanizados, la presencia de lo instintivo y lo irracional, y la técnica del esperpento.

La estética del esperpento: Luces de bohemia (1920 y 1924)

La estética deformada que utiliza Valle en el esperpento tiene que ver con la situación histórica de España. El esperpento, como bien decía el genial gallego, sigue una vieja tradición española representada por Quevedo y Goya. Su intención es deformar la realidad para ofrecer una imagen grotesca de nuestro presente. Valle dijo haberse inspirado en el célebre Callejón del Gato, un lugar famoso del Madrid de los años veinte, donde había instalada una atracción en que las personas se veían reflejadas grotescamente en unos espejos cóncavos y convexos. Para él, España era como aquella imagen deformada y caricaturesca. Una farsa trágica. Un retrato esperpéntico de la realidad europea.

El esperpento presenta una nueva visión del mundo, crítica con la sociedad burguesa, de la que enseña sus aspectos más corruptos. Aunque, a su vez, tiene una intención renovadora de las formas literarias y del lenguaje. Es esa visión crítica y regeneradora lo que lo acerca a los noventaiochistas, aunque él siempre negó que perteneciera a aquella Generación.

Una de las características más importantes del esperpento es la deformación idiomática, mezclando un lenguaje refinado con expresiones muy vulgares. También destaca el uso de la ironía y el sarcasmo para destapar la corrupción en todos los estamentos de la sociedad y en las instituciones oficiales y académicas. Además, convierte a los personajes heroicos en fantoches y se produce tanto una humanización de animales, como una cosificación y animalización de lo físico y espiritual.

Los escenarios más utilizados en el esperpento son las calles de Madrid, con sus tabernas, sus burdeles y algunos interiores míseros. Mientras que los personajes suelen ser bohemios, artistas fracasados, pícaros o mendigos que son presentados como marionetas sin voluntad.

Luces de bohemia es la primera obra en la que Valle-Inclán utilizó la estética del esperpento. En ella, cuenta el final de la vida de Max Estrella, de viaje por la noche madrileña, junto a su camarada don Latino de Híspalis. En la obra pululan personajes de la época, posiblemente reconocibles por el público de entonces: ministros, poetas, taberneros, chulos... Hasta el mismísimo Rubén Darío aparece en escena, convertido en un personaje más de esa tragedia cómica que es Luces de bohemia. Hay expresiones de la obra que se han hecho célebres, como "¡Cráneo privilegiado!", "Me quito el cráneo", "fondo de reptiles"...

En la obra, como indica su título, Valle da protagonismo a los bohemios que poblaban Madrid en su tiempo, muchos de ellos escritores como él mismo y padecedores, también como el propio autor gallego, de mil y un avatares para salir adelante, en situaciones a veces rayanas con la mendicidad. Luces de bohemia está inspirada, según dice el propio Valle, en la vida de un bohemio madrileño que apareció muerto a las puertas de su casa, casi en las mismas condiciones que el personaje protagonista de la obra valleinclanesca, Max Estrella. El bohemio se llamaba Alejandro Sawa y fue escritor de cierto éxito un tiempo, pero después no alcanzó a vivir de su pluma con dignidad, por lo que tuvo que sufrir mil calamidades, pasar incluso hambre, hasta que finalmente murió de manera ignominiosa, abandonado por todos, de hambre y necesidad.

En Luces de bohemia, se retratan espacios de la vida privada como la buhardilla donde vive Max o el sotabanco donde se le vela cuando ha muerto. Pero más a menudo la acción transcurre en espacios públicos como la cueva de Zaratustra, la taberna de Pica-Lagartos, la buñolería modernista, el café o el calabozo; todos ellos espacios oscuros, o escasamente alumbrados, donde parecen esconderse los personajes de la vida marginal madrileña, en ocasiones tan engañosos y ladinos como Don Latino, el falso amigo de Max. Sin embargo, en la obra también aparece el ancho espacio abierto de las calles de Madrid, entre luces y sombras, el lugar que da pábulo a esta vida marginal, pero libre. Los bohemios de Valle son héroes que viven miserablemente, apartados de la opulencia por una sociedad que no los comprende.

Hay una escena muy famosa en este esperpento valleinclanesco: la del cementerio, muy relacionada con la escena de los sepultureros del Hamlet, de Shakespeare, a la que parodia. El cementerio es el lugar de encuentro de todas las clases sociales. La muerte a todos iguala, tanto a personajes anónimos como a los que tienen nombre propio, a los reales como a los de ficción. En la escena aparecen seres reales, como Rubén Darío, poeta modernista, y seres inventados, como el marqués de Bradomín, personaje de las Sonatas de Valle-Inclán. Con espíritu burlón, se parodia todo: la vida nacional y el espíritu cristiano. Bradomín y Rubén son personajes de espíritu pagano.

Otra escena muy célebre es aquella en la que Max Estrella define qué es el esperpento:

MAX.- Los ultraístas son unos farsantes. El esperpentismo lo ha inventado Goya. Los héroes clásicos han ido a pasearse en el callejón del Gato.
DON LATINO.- ¡Estás completamente curda!
MAX.- Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada.
DON LATINO.- ¡Miau! ¡Te estás contagiando!
MAX.- España es una deformación grotesca de la civilización europea.
DON LATINO.- ¡Pudiera! Yo me inhibo.
MAX.- Las imágenes más bellas en un espejo cóncavo son absurdas.
DON LATINO.- Conforme. Pero a mí me divierte mirarme en los espejos de la calle del Gato.
MAX.- Y a mí. La deformación deja de serlo cuando está sujeta a una matemática perfecta. Mi estética actual es transformar con matemática de espejo cóncavo las normas clásicas.
DON LATINO.- ¿Y dónde está el espejo?
MAX.- En el fondo del vaso.
DON LATINO.- ¡Eres genial! ¡Me quito el cráneo!
MAX.- Latino, deformemos la expresión en el mismo espejo que nos deforma las caras y toda la vida miserable de España.
DON LATINO.- Nos mudaremos al callejón del Gato.”

Bibliografía, webgrafía

Trabajos de los alumnos

Edición, revisión, corrección

  • Primera redacción (enero 2018): Daniel Andaluz y Diego Cardesa.
  • Revisiones, correcciones: Letraherido.