La literatura cristiana mística: San Francisco de Asís (1182-1226) y Tomás Kempis (1380-1471)

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San Francisco de Asís (1182-1226)

San Francisco de Asís (nacido Giovanni di Pietro Bernardone, en Asís, Italia, 1182 - 1226) fue un religioso y místico italiano, fundador de la orden franciscana.

Lideró San Francisco un movimiento de renovación cristiana que, centrado en el amor a Dios, la pobreza y la alegre fraternidad, tuvo un inmenso eco entre las clases populares e hizo de él una veneradísima personalidad en la Edad Media. La sencillez y humildad del pobrecito de Asís, acabó trascendiendo su época para erigirse en un modelo atemporal. Y su figura es valorada como una de las más altas manifestaciones de la espiritualidad cristiana.

Francisco de Asís era un joven mundano de cierto renombre en su ciudad. Había ayudado desde joven a su padre en el comercio de paños y puso de manifiesto sus dotes sustanciales de inteligencia y su afición a la elegancia y a la caballería. En 1202, fue encarcelado a causa de su participación en un altercado entre las ciudades italianas de Asís y Perugia. Tras este lance, sintió hondamente la insatisfacción respecto al tipo de vida que llevaba y se inició su maduración espiritual.

  • Del lujo a la pobreza

En la primavera de 1206, tuvo San Francisco su primera visión. En el pequeño templo de San Damián, medio abandonado y destruido, oyó ante una imagen románica de Cristo una voz que le hablaba en el silencio de su muda y amorosa contemplación:

"Ve, Francisco, repara mi iglesia. Ya lo ves: está hecha una ruina".

El joven Francisco no vaciló: corrió a su casa paterna, tomó unos cuantos rollos de paño del almacén y fue a venderlos a Feligno; luego, entregó el dinero así obtenido al sacerdote de San Damián para la restauración del templo.

Esta acción desató la ira de su padre, por lo que llevó a su hijo ante el obispo de Asís a fin de que renunciara formalmente a cualquier herencia. La respuesta de Francisco fue despojarse de sus propias vestiduras y restituirlas a su progenitor, renunciando con ello, por amor a Dios, a cualquier bien terrenal.

A los veinticinco años, sin más bienes que su pobreza, abandonó su ciudad natal y se dirigió a Gubbio, donde trabajó abnegadamente en un hospital de leprosos; luego, regresó a Asís y se dedicó a restaurar con sus propios brazos, pidiendo materiales y ayuda a los transeúntes, las iglesias de San Damián, San Pietro in Merullo y Santa María de los Ángeles en la Porciúncula.

  • La llamada a la predicación

El 24 de febrero de 1209, en la pequeña iglesia de la Porciúncula y mientras escuchaba la lectura del Evangelio, Francisco escuchó una llamada que le indicaba que saliera al mundo a hacer el bien: el eremita se convirtió en apóstol. Descalzo y sin más atavío que una túnica ceñida con una cuerda, pronto atrajo a su alrededor a toda una corona de almas activas y devotas.

San Francisco de Asís predicaba la pobreza como un valor y proponía un modo de vida sencillo, basado en los ideales de los Evangelios.

Hacia 1210, tras recibir a Francisco y a un grupo de once compañeros suyos, el papa Inocencio III aprobó oralmente su modelo de vida religiosa, le concedió permiso para predicar y lo ordenó diácono.

Con el tiempo, el número de sus adeptos fue aumentando y Francisco comenzó a formar una orden religiosa, llamada actualmente franciscana o de los franciscanos, en la que pronto se integraría San Antonio de Padua. Además, con la colaboración de Santa Clara, fundó la rama femenina de la orden, las Damas Pobres, más conocidas como las clarisas.

Años después, en 1221, se crearía la orden tercera con el fin de acoger a quienes no podían abandonar sus obligaciones familiares. Hacia 1215, la congregación franciscana se había ya extendido por Italia, Francia y España.

Entre 1219 y 1220, predicó en Siria y Egipto. Aunque no logró su conversión, el sultán Al-Kamil quedó tan impresionado con el santo que le permitió visitar los Santos Lugares.

  • Sus últimos años

A su regreso, a petición del papa Honorio III, compiló por escrito la regla franciscana, de la que redactó dos versiones (una, en 1221, y otra, más esquemática, en 1223, aprobada ese mismo año por el papa) y entregó la dirección de la comunidad a Pedro Cattani. De este, no tardó en pasar a miembros más prácticos de la jerarquía católica, como el cardenal Ugolino (el futuro papa Gregorio IX) y el hermano Elías. Desde entonces, San Francisco pudo dedicarse por entero a la vida contemplativa y mística.

Durante este retiro, San Francisco de Asís recibió los estigmas (las heridas de Cristo en su propio cuerpo); ocurrió en septiembre de 1224, tras un largo periodo de ayuno y oración, en un peñasco junto a los ríos Tíber y Arno. Aquejado de ceguera y fuertes padecimientos, pasó sus dos últimos años en Asís, rodeado del fervor de sus seguidores.

Hacia 1225, compuso el maravilloso poema Cántico de las criaturas o Cántico del hermano sol, que influyó en buena parte de la poesía ascética y mística española posterior.

San Francisco de Asís falleció el 3 de octubre de 1226.

En 1228, apenas dos años después, fue canonizado por el papa Gregorio IX, que colocó la primera piedra de la iglesia de Asís dedicada al santo.

La festividad de San Francisco de Asís se celebra el 4 de octubre.

  • Sus obras

Las obras de San Francisco de Asís documentan, no la vida del santo, sino el espíritu y el ideal franciscanos. Gran parte de estos escritos se ha perdido, entre ellos muchas epístolas y la primera de las tres reglas de la orden franciscana (compuesta en 1209 o 1210), que recibió la aprobación oral de Inocencio III.

Sí que se conserva la llamada Regla I (en realidad, segunda), compuesta en 1221, con la colaboración de Fray Cesario de Spira. Esta regla (llamada "no sellada" porque no fue aprobada con el sello papal) consta de veintitrés capítulos, de los cuales el último es una plegaria de acción de gracias y de súplica al Señor, y reúne las normas, amonestaciones y exhortaciones que San Francisco dirigía a sus cofrades, las más de las veces, en ocasión de los capítulos de la orden.

Tomás Kempis (1380-1471)

Tomás Kempis (Kempen, Prusia, 1380 - Zwolle, Países Bajos, 30 de agosto de 1471) fue un canónigo agustino del siglo XV, autor de la Imitación de Cristo, una de las obras de devoción cristiana más conocida desde entonces, redactada para la vida espiritual de los monjes y frailes. Cursó estudios en Deventer, en los Países Bajos. En el año 1407 entró en el monasterio de los agustinos de Mount St Agnes, muy cerca de Zwolle, en los Países Bajos y fue ordenado sacerdote en 1413.

Pasó su larga vida (90 años) entre el estudio, la oración y las obras de caridad, dedicando gran parte de su tiempo a la dirección espiritual de personas que necesitaban de sus consejos, trabajando en copiar manuscritos y escribiendo.

Kempis se reunió con un grupo de amigos en una asociación piadosa llamada "Hermanos de la Vida Común", y allí se dedicaron a practicar un modo de vivir que llamaban "Devoción moderna", movimiento de reforma espiritual que consistía en emplear largos ratos de oración, la meditación, la lectura de libros piadosos y en recibir y dar dirección espiritual, y dedicarse cada uno después con la mayor exactitud que le fuera posible a cumplir cada día los deberes de su propia profesión.

Escribió sermones, biografías religiosas y otros devocionarios para los jóvenes. En sus ratos libres, Tomás de Kempis fue escribiendo un libro que lo iba a hacer célebre en todo el mundo: La Imitación de Cristo. Se dice que Kempis pidió a Dios permanecer ignorado y no conocido. La publicación de su libro sólo se hizo al año siguiente de su muerte. Su escritura le llevó largos años. Lo distribuyó en cuatro pequeños libritos. Entre la redacción de un libro y la siguiente, pasaron bastantes años.

El Libro Primero de la Imitación de Cristo narra cómo es la lucha activa que hay que librar para convertirse y reformarse y los obstáculos que se le presentan a quien desea hacerse santo, entre los cuales está como principal "la sirena" de este mundo, o sea, la atracción, el deseo de darle gustos al propio egoísmo y de obtener honores, famas, altos puestos, riquezas y gozos sensuales y vida fácil y cómoda.

El Libro Segundo fue escrito después de haber sufrido muchas tribulaciones, contradicciones, humillaciones y desengaños, especialmente en el orden afectivo. Destituido del cargo de ecónomo, abandonado por amigos que se había imaginado le iban a ser fieles; es entonces cuando descubre que hay una amistad que no defrauda nunca y es la amistad con Jesucristo, y que allí se encuentra la solución para todas las penas del alma.

Cuando redacta el Libro Tercero, ya ha subido más alto en espiritualidad.

El Libro Cuarto de la Imitación de Cristo está dedicado a la Eucaristía y es uno de los más bellos tratados que se han escrito acerca del Santísimo Sacramento.

Bibliografía, webgrafía

  • CALERO HERAS, José, "Tema 4. Literatura medieval", en Literatura universal. Bachillerato. Barcelona, Octaedro, 2009, pp. 54-76.
  • IBORRA, Enric, "Tema 3. Literatura medieval", en Literatura universal. Bachillerato. Alzira, Algar, 2016, pp. 54-84.

Edición, revisión, corrección

  • Primera redacción (febrero 2018): María Carmona.
  • Revisiones, correcciones: Letraherido.